GMV se sube a los viajes marcianos

La participación en misiones espaciales ya supone la mitad de la facturación de la empresa

Prototipo fabricado por la empresa GMV.
Prototipo fabricado por la empresa GMV.

ExoMars ya está en Marte. Es una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la agencia espacial rusa Roscosmos, y en la que participa la empresa tecnológica española GMV. La compañía, con oficinas centrales en Madrid, diseñó el sistema de guiado de navegación y control del módulo de descenso, según apunta Miguel Ángel Molina, director de desarrollo de negocio de espacio de GMV, es decir, el software que lleva a bordo.

Ese programa era el encargado de “definir la orientación, el punto de entrada y la velocidad” de la trayectoria desde que el módulo se soltara del que está en órbita alrededor de Marte hasta llegar a la superficie. Justo antes de aterrizar, se perdió el contacto, según la ESA, aunque consiguió entrar en la atmósfera marciana y la fase inicial del descenso fue la adecuada. “Ahora hay que analizar esos datos y de la fase de descenso hay muchos que son reutilizables para la misión que se va a realizar en 2020, que nos sirven para optimizar la misión futura”, señala Molina.

GMV tiene desplazadas cerca de una veintena de miembros de su personal en el centro de operaciones de la ESA en Alemania. Entre ellos, al responsable de control de trayectoria de ExoMars. Para esa segunda fase en 2020, el peso de la compañía será mayor. Entre otras tareas, están trabajando para desarrollar el software del centro de control del Rover, el vehículo de exploración que se pretende enviar a Marte.

Antes fue Rosetta, “un exitazo” para Molina. Durante la misión, una decena de trabajadores de GMV se encargaba de los cálcu­los que había que ir transmitiendo a la sonda para el control y seguimiento de la trayectoria de Rosetta desde el centro de la ESA. La empresa fue la responsable de definir “cómo llegar al cometa y cómo acercarse a él, qué trayectoria se debía seguir y cuál sería el consumo asociado, cómo optimizar las maniobras que había que realizar con el combustible” que tenían. “Había que llevar el satélite hasta el encuentro con el cometa a millones de kilómetros de la Tierra en un punto de encuentro que a priori no conocíamos con certeza” y, de hecho, explica, una parte de la misión consistía en “saber cómo era ese cometa”. “Es decir, en tiempo real se iba definiendo la propia misión. Al final, lo que pretendíamos hacer era como lanzar una pelota de golf desde Madrid e intentar darle a la punta de la Torre Eiffel en París”, compara Molina. “Y se le dio”.

En 2015, GMV facturó más de 127 millones de euros. Este año espera cerrar en 140 millones, y la mitad de su facturación procederá del sector espacial, sobre todo ingeniería y desarrollo de programas, según Molina. “Todo tiene su retorno económico y el mundo espacial nos ha dado muchas cosas que no teníamos”, por ejemplo, las telecomunicaciones tal y como las concebimos en nuestra vida cotidiana, la navegación (que permiten los GPS), y la observación de la Tierra serían imposibles sin satélites.

El GPS europeo

La compañía participa en el sistema de navegación por satélite europeo Galileo, de la Comisión Europea y de la ESA, “con una unidad de negocio entera con más de 100 personas que se dedican solo a eso”. La misión no está declarada aún como operativa, pero cuenta ya con 16 satélites. Se espera lanzar 30 para dar servicios de posicionamiento. GMV ha realizado los sistemas que sirven para el control orbital de la misión. “Y además manejamos los sistemas que están en el corazón de Galileo, en el terreno, que sirven para determinar la posición de los satélites y la sincronización de los relojes”. Recientemente ha firmado un contrato por cuatro millones de euros para desarrollar la infraestructura del canal de retorno del sistema de emergencias del servicio de búsqueda y rescate, para que además de lanzar la señal de ayuda, quien la pida sepa que ha llegado y tenga una respuesta.

El futuro se enfrenta, entre otras misiones, a qué hacer con la basura espacial, que no para de crecer porque cada vez se envían más satélites. Hay más de 3.000 operativos, dice Molina, más de 20.000 objetos en total, que pueden hacer daño a una misión. Si se suman pequeñas piezas sueltas, como tornillos, son millones. Lo primero “es intentar identificar y controlar esa basura espacial”. Y en ello, dice, España está muy activa, “desarrollando su propio sistema de observación y catalogación de basura espacial, porque hay un proyecto superior en el ámbito europeo para dotar de esa capacidad a Europa. Hay cinco países implicados: Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y España. GMV es el responsable en España de desarrollar el centro de datos para identificar los objetos y archivarlos”. Aunque ese servicio ya lo realizan, por ejemplo, para operadores de telecomunicación que necesitan saber si alguno de sus satélites está en riesgo de colisionar contra otro objeto y, así, poder esquivarlo. El siguiente paso será saber cómo retirar esa basura espacial. “Una de las actividades que estamos definiendo es cómo deberían ser esas misiones”, y ya están realizando pruebas.

El espacio es la razón de ser de GMV. También tiene personal en el CNES francés y colabora con la NASA. La empresa, que nació en 1984 a iniciativa del profesor Juan José Martínez García, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos, es hoy una multinacional con más de 1.200 empleados presentes en Europa, EE UU y Asia.

La firma también “aporta soluciones” en sectores como el transporte, banca, defensa y seguridad o sanidad. En este último campo, por ejemplo, desarrollaron programas como Radiance, que permite la planificación de radioterapia intraoperatoria, es decir, “para dar la radiación al paciente oncológico en la misma operación en la que se le quita un tumor”, explica Crescencio Lucas Herrera, responsable de desarrollo de productos. Está instalado en centros médicos de Italia, Arabia Saudí, Rusia, Francia, Alemania, Polonia y EE UU, además de en España, donde se encuentra en el hospital Ramón y Cajal, en el Gregorio Marañón y en otros centros. También apuestan por la telemedicina con el software Antari, que permite poner en contacto a un médico y un paciente con otro especialista que no está presente, pero que puede examinarlo mediante equipamientos médicos que pueden conectarse al ordenador mediante USB o Bluetooth. “El único requisito para usarlo es tener Google Chrome, está todo en la nube, es software libre”, señala Herrera. Este sistema se usa ya mediante un acuerdo con Ever Salud, que atiende a guarderías.

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