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Berlín presiona para rebajar la multa al Deutsche y alerta contra una guerra comercial con EE UU

Políticos alemanes acusan a Washington de usar el castigo al banco para ayudar a su economía

Berlín / Nueva York

El destino de dos de los grandes tesoros alemanes está en manos estadounidenses. Volkswagen y Deutsche Bank, hasta hace poco parte integral del orgullo nacional, tiemblan ante el castigo de las autoridades norteamericanas por delitos cometidos en los últimos años. Los representantes del banco viajaron la semana pasada a Washington para ultimar unas negociaciones a las que se les acaba el tiempo: los alemanes necesitan un acuerdo antes de que llegue un nuevo inquilino a la Casa Blanca, probablemente más duro. De puertas afuera, el Gobierno alemán se limita a pedir a los americanos un trato justo, pero la preocupación es enorme. Según fuentes citadas por la agencia Reuters, las discretas conversaciones se producen“a todos los niveles”, lo que incluiría a la canciller Angela Merkel y al presidente Barack Obama.

Oficina del Deutsche Bank en Francfort (Alemania).
Oficina del Deutsche Bank en Francfort (Alemania). REUTERS

Las sanciones a los dos pilares de la industria alemana calientan enfrentamientos pasados. Mientras en Berlín llueven las acusaciones a Washington de usar su músculo regulador como pretexto para preservar su poderío económico, en Estados Unidos también se oyeron críticas después de que la Comisión Europea obligara Apple a devolver 13.000 millones de euros a la Hacienda irlandesa. Jack Lew, responsable del Tesoro estadounidense, sugirió que esta reprimenda era una forma de proteccionismo. Ahora, políticos alemanes acusan a Washington de actuar por revanchismo, para defender a su industria e incluso de haber iniciado una "guerra económica".

"En EE UU hay una larga tradición de usar cualquier ocasión para iniciar escaramuzas de guerra comercial con las que beneficiar a su economía", señaló la semana pasada Peter Ramsauer, presidente del Comité de Economía del Bundestag. Este exministro socialcristiano dijo además que las reclamaciones al Deutsche tienen las características de "extorsión".

En parecidos términos se han expresado otros políticos conservadores alemanes e incluso el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröder. "Da la impresión de que multas como las de Siemens, Bosch o Volkswagen buscan perjudicar a la industria alemana. Es evidente que las empresas deben pagar por sus errores, pero dudo que EE UU esté actuando con la sensibilidad y justicia propia de socios", aseguró Schröder, que acaba de asumir un nuevo cargo directivo en la petrolera rusa Gazprom.

Lectura política

Hablar de guerra comercial le parece "una exageración" a Clement Fuest, presidente del Instituto Ifo y uno de los economistas más influyentes de Alemania. Sí admite el choque de intereses económicos contrapuestos, y que la multa europea a Apple eleva la presión sobre el Gobierno de EE UU. "El castigo europeo incrementa las expectativas en la opinión pública americana de una respuesta dura al Deutsche. Pero a Washington tampoco le interesa iniciar una guerra ni imponer una multa altísima que causaría serias dificultades al sistema financiero alemán y europeo", asegura Fuest a EL PAÍS.

Frente al cierre de filas con el Deutsche Bank que estos días hacen grandes empresarios y políticos alemanes, el líder socialdemócrata, Sigmar Gabriel, arremetió con inusual dureza contra la mayor entidad financiera del país. "El banco que ha hecho de la especulación su modelo de negocio se presenta ahora como víctima de los especuladores. No sé si debo echarme a reír o enfurecerme", dijo el vicecanciller. El ataque de Gabriel tiene una lectura política a solo un año de las próximas elecciones, y muestra lo difícil que sería para Merkel apoyar con dinero público al banco si la crisis se descontrolara.

En EE UU también recuerdan que si el Deutsche Bank está contra las cuerdas es por sus malas prácticas con las hipotecas basura. Petter Dattels, responsable de mercado de capitales del Fondo Monetario Internacional, evita comentar sobre litigios; pero sí señala que la crisis financiera se debió al comportamiento irresponsable de los bancos. "Las autoridades deben exigir que se rindan cuentas. Las sanciones son necesarias para crear una cultura financiera saludable", asegura.

Otras multas

El responsable del FMI añade que la magnitud de las multas a entidades europeas es pequeña en comparación con el castigo que recibieron los bancos estadounidenses por sus abusos en el empaquetado de la deuda. Bank of America tuvo que pagar 16.650 millones de dólares hace dos años para desprenderse de los expedientes que heredó con la compra de Merrill Lynch en plena crisis. JPMorgan Chase, el mayor banco por activos, fue sancionado con 13.000 millones. Goldman Sachs pactó el pasado abril 5.000 millones, que se sumaron a los 5.200 millones de Citigroup y los 5.000 millones de Morgan Stanley.

Los 14.000 millones de dólares (unos 12.500 millones de euros) con los que amenazó el Departamento de Justicia a Deutsche Bank son solo una primera referencia. Se da por hecho que la multa se rebajará sustancialmente. Pero la cuestión es si se acercará a una cifra asumible por el banco alemán, cercana a los 5.500 millones de euros provisionados para conflictos legales. Todos los implicados tienen prisa por concluir la negociación antes de que en un mes se conozca el nombre del próximo presidente, o presidenta, de EE UU.

Último recurso, ¿fusión con el Commerzbank?

La hipótesis no es nueva. Hace meses que se especula con una posible fusión del Deutsche y el Commerzbank como solución a los problemas de ambos. Las cúpulas de las dos entidades han llegado a reunirse para estudiar esta posibilidad, según informaciones publicadas de diversos medios. La nueva oleada de turbulencias ha vuelto a poner el debate sobre la mesa.

Esta semana también se ha filtrado un posible aumento de la participación del fondo catarí (que podría pasar del 10% del capital al 25%); y el Handelsblatt informaba de un compromiso de grandes empresarios alemanes para entrar en el capital del banco si era necesario para mostrar su apoyo a la primera entidad financiera del país.

Mientras Deutsche Bank se desplomaba en Bolsa el Commerzbank anunciaba el 30 de septiembre la supresión de 9.600 puestos de trabajo –una quinta parte de toda la plantilla- y del dividendo para 2016. Ambos quieren reducir riesgos, concentrarse en su negocio tradicional y apostar por la digitalización. Pero no está tan claro que la solución pase por una fusión de los dos grandes bancos alemanes. El vicepresidente de Blackrock, el gestor de fondos más importantes del mundo y primer accionista del Deutsche, mostraba esta semana sus dudas en torno a la operación, y apostaba por fusiones, pero entre entidades de diversos países europeos.

El ejemplo español de Bankia muestra cómo, a veces, la unión de varias entidades con problemas puede resultar en un problema mayor. El economista Clemens Fuest tampoco es un gran defensor de esta unión. “Las fusiones no son la panacea. Solo son una buena opción si tienen un sentido desde el punto de vista del negocio de las dos entidades. Y en este caso no está garantizado", concluye el presidente del Instituto muniqués Ifo.