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OPINIÓN

Que paguen como los demás

Las empresas abonan hoy menos impuestos; las grandes menos que las pymes; las gigantes, nada

Cristobal Montoro, en el Congreso.
Cristobal Montoro, en el Congreso.

Las empresas pagan menos que antes: la recaudación por el impuesto de sociedades (IS) hasta agosto fue un 31,8% (o un 23,5%, según se calcule) menor a la de igual período de 2015, según datos de la Intervención General del Estado de anteayer. Eso se debe a los regalos fiscales electoralistas del Gobierno.

Y además contribuyen cada vez menos en relación con el tamaño de la economía, según la Autoridad Fiscal: el 1,5% del PIB en 2011 —16.000 millones—, frente al 4,1% —44.000 millones— en 2007 (EL PAIS, 11/8/2016). Por culpa de la crisis y de la elusión fiscal.

Y su aportación decae en relación con los beneficios obtenidos: la brecha entre aquélla y estos se amplió de 48 a 126 puntos entre 2007 y 2015. Eso se debe a que crecen los beneficios del exterior y a los créditos fiscales para compensar las pérdidas de los años de crisis.

Más polémico. No todas las empresas pagan según el mismo rasero. Los grandes grupos abonaron en 2014 un tipo efectivo del 6,9%, tras descontar del tipo real del 19,2% los créditos fiscales y los flujos fiscales del exterior (Agencia Tributaria, 30/6/2016). Un 6,9% es poco, cerca de la mitad del mísero tipo nominal del IS en la Irlanda evasora. Es menos de la cuarta parte del tipo nominal vigente en España en 2014, el 30%; y un tercio del tipo efectivo medio, un 21,3%.

Repitan: la gran empresa paga en España entre un 25% y un 33% de los impuestos que aporta la pequeña y mediana. Es una discriminación fiscal, un atentado a la neutralidad de la ley y un insulto a la libre competencia en condiciones de igualdad. Ergo, a la competitividad del grueso de las empresas españolas.

Todo se debe, como nunca se insiste lo bastante, al carácter de queso gruyère del Impuesto de Sociedades: una pléyade de exenciones y deducciones lo desnaturalizan.

Suceden cosas parecidas en toda la UE. La Comisión se ocupa de perseguirlo. ¿Cómo? Desmantelando los tax rulings (acuerdos fiscales de Gobiernos a medida y en favor de multinacionales), porque al ser ayudas de Estado distorsionan la competencia. Incentivando la cooperación (por fin hay intercambio automático de información fiscal entre Gobiernos).

Y empujando la persecución de los factores que erosionan las bases fiscales impositivas (como nuestras deducciones del IS), según la estrategia de la OCDE contra la "carrera de igualación a la baja" de los impuestos: que haya tipos distintos, ok; aunque siempre a aplicar sobre bases comunes, armonizadas.

Pero todo es lento y erizado de obstáculos.

Ahora, el Brexit lo complicará. Frente al intento de competencia impositiva bajista de Londres —otra manera de perjudicar al vecino— existe una vía: no se firme ningún tratado comercial con el futuro Reino Unido desgajado de la UE sin armonizar previamente, al menos, los tipos inferiores de los impuestos.

Añoren el Plan Werner sobre la unión monetaria. Postulaba la "supresión progresiva y completa de las fronteras fiscales" intraeuropeas, armonizando, uno tras otro, todos los impuestos. Era el 8 de octubre de ¡1970!

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