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El FMI avisa a México del peligro de seguir engordando la deuda

México avanzará un 2,4% este año superando la media de la región, lastrada por Brasil y Argentina

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto
El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto EFE

Con sus dos grandes competidores regionales –Brasil y Argentina– sumidos en la recesión, México lleva los últimos años navegando con una cierta placidez comparativa por los análisis de los grandes prescriptores de la economía global. En su último informe, el FMI ha vuelto a raspar unas décimas sus previsiones de crecimiento para este año. Aun así, el avance del 2,4% del PIB mexicano supera la media regional, arrastrada también al lodo recesivo 0.5% por el traspiés de los otros dos gigantes latinoamericanos.

Más allá de verse favorecido en el espejo brasileño o argentino, el Fondo también tiene recados para México. Ha puesto de nuevo la lupa en el progresivo aumento de la deuda, y ha pedido que se siga avanzando con las reformas en sectores clave energía, telecomunicaciones, finanzas– anunciadas hace cuatro años y que vaticinaban un crecimiento por encima del 5%, el nivel mínimo para que México comience a enmendar problemas estructurales como la pobreza o la desigualdad.

Pese a los dos recortes consecutivos del gasto público, tan del gusto del organismo de Washington y alabados como de medidas de prudencia, el Gobierno de Peña Nieto no ha logrado frenar el aumento de la duda. La caída del petróleo y la depreciación del peso han golpeado fuerte. En los últimos cinco años la bolsa de deuda pública se ha agrandado desde del 42% del PIB al 51%.“Parte importante del aumento de la deuda pública en esta administración ha sido el resultado del efecto cambiario”, reconocía esta semana el Gobernador del Banco de México Agustín Carstens.

La sustentabilidad de la deuda mexicana tiene como piedra de toque la complicada gestión de la crisis de Pemex

La autoridad monetaria, una de las instituciones mejores valoradas del país y que ha logrado mantener a raya la inflación en estos tiempos revueltos, insufló recientemente otro balón de oxígeno a las cuentas públicas del país. De los jugosos beneficios que obtuvo el Banco de México por las subastas de dólares inyectados para intentar equilibrar la balanza –conocido como remanente de operación– , más de 13.000 millones de dólares se destinarán a pagar deuda. “El de los remanentes es un factor que se suma a todos los demás que sí reflejan que el gobierno está actuando en consecuencia para estabilizar el saldo de la deuda y ponerla en una trayectoria claramente sostenible”, añadió Carstens.

La sustentabilidad de la deuda mexicana tiene como piedra de toque la complicada gestión de la crisis de Pemex. La petrolera estatal atraviesa por el peor bache de su historia con pérdidas que superan los 20.000 millones de dólares. El Gobierno ha anunciado que saldrá al rescate. Aun no se conocen los detalles del plan de capitalización pero será difícil que no suponga un nuevo aumento para la deuda. Moodys, otro de los oráculos de la economía global, ya ha alertado con dos disparos consecutivos. Primero rebajó un escalón la calidad de crediticia de la petrolera, para después poner en cuarentena el análisis sobre la deuda soberana de México –que mantiene un solvente A3 , paso previo a una posible rebaja de calificación. “Los pasivos contingentes por los posibles apoyos gubernamentales a Pemex podrían socavar aún más el proceso de consolidación fiscal”, rezaba el informe.

El Fondo, que ya subrayó la tendencia al alta de la deuda mexicana en su último informe del octubre, vuelve a avisar: “En México, dados los menores ingresos por materias primas y los niveles de deuda por encima del promedio de las economías de mercados emergentes, resulta adecuado redoblar los esfuerzos para ampliar el espacio fiscal. En particular, es crucial revertir la tendencia en la trayectoria de deuda, más allá de lo realizado cada año para evitar el desgaste de la credibilidad de las políticas y el aumento de los costos de financiamiento”.

Pese a estos sobresaltos México continúa creciendo. Al igual que los países centroamericanos y del Caribe, los motivos hay que buscarlos fundamentalmente a su capacidad para subirse a la locomotora estadounidense –que continua avanzando lenta pero segura y su levísima dependencia de China, que confirma su enfriamiento. Mientras Brasil o Chile destinan al gigante asiático más del 30% de las exportaciones, para México apenas representa en 5%. Más de tres cuartas parte de la artillería mexicana se exportan al vecino del norte.