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ANÁLISIS

Cuidado con las estadísticas

El descenso de la tasa de actividad hay que atribuirlo a la ‘erraticidad’ en los datos de la EPA

Entre los muchos datos sobre la economía española conocidos en las últimas semanas, destaca la EPA del tercer trimestre. Siempre es muy esperada esta estadística. En esta ocasión el interés se centraba en ver cuánto empleo se había creado y si ello apoyaba la conclusión obtenida de la mayoría de los indicadores, entre ellos las afiliaciones a la Seguridad Social, de que el crecimiento de la economía estaba desacelerando. Esta conclusión fue confirmada el viernes último por el INE, que publicó un aumento trimestral del PIB del 0,8%, dos décimas menos del registrado en el segundo trimestre.

En una primera aproximación, la EPA se alineó con esta moderación del crecimiento ya que el aumento trimestral de los ocupados se ralentizó: un 0,6% frente a un 1% en el trimestre anterior en cifras desestacionalizadas (110.000 y 175.000 personas, respectivamente). Ahora bien, no todo es tan consistente, hay algo de casualidad (azar) en la coincidencia del menor crecimiento del empleo según la EPA y del PIB en este trimestre. Y es que la EPA tiene un problema cuando intentamos utilizarla como termómetro exacto del aumento del empleo o disminución del paro y, sobre todo, cuando intentamos comparar las variaciones del empleo con las del PIB. Este problema es su condición de encuesta, que como tal tiene unos márgenes de error en la estimación de las variables que intenta medir. Ello puede provocar una erraticidad en los datos que hay que tener en cuenta antes de sacar conclusiones sobre el sentido y la magnitud de las variaciones del empleo o el paro.

Déficit público

La Intervención General del Estado (IGAE) publicó esta semana las cuentas de las administraciones públicas hasta agosto, excluidas las corporaciones locales. El déficit acumulado desde el comienzo del año ascendió a 36.000 millones de euros, un 16,6% menos que en igual periodo de año anterior. El objetivo para todo el año es reducirlo en un 31%, por lo que la desviación hasta agosto es notable. En porcentaje del PIB anual, el déficit ascendió al 3,4%, ocho décimas porcentuales menos que en igual periodo del año anterior. El objetico es reducirlo en 2,1 puntos. Las administraciones que presentan mayores dificultades para cumplir los objetivos son la Seguridad Social y las CC.AA. La primera debería reducir su déficit del 1% en 2014 al 0,6% en 2015. Sin embargo, hasta agosto lo había aumentado en dos décimas respecto al año anterior. El déficit de las CC.AA. se había reducido dos décimas y el objetivo es reducirlo en un punto.

Esta erraticidad puede verse en el gráfico superior izquierdo, donde se recogen las variaciones trimestrales de la población en edad de trabajar (16-64 años) y de la población activa. La primera es una estimación que hacen los demógrafos del INE, que se la pasan a los productores de la EPA para que la utilicen como universo al que elevar los resultados de la muestra de la EPA. En los últimos trimestres la población en edad de trabajar viene disminuyendo de forma estable a una tasa trimestral del 0,1% (unas 38.000 personas). Si la tasa de actividad (el porcentaje de la población incorporado al mercado laboral) permaneciera constante, la variación de la población activa debería ser la misma que la de la población en edad de trabajar. Ciertamente, la tasa de actividad no permanece constante, pero sus variaciones trimestrales desestacionalizadas no deberían ser muy significativas. Sin embargo, lo que observamos es que, en torno a la tendencia de la población en edad de trabajar, la población activa (y con ella la tasa de actividad) registra altibajos notables (dientes de sierra), que cabe atribuir a la mencionada erraticidad. Las conclusiones que cabe extraer de ello son evidentes: las variaciones trimestrales de los activos (y, por tanto, de los ocupados y parados) no pueden atribuirse enteramente a variaciones “reales”, sino también a los factores erráticos propios de toda encuesta.

En este trimestre la población activa, en cifras desestacionalizadas, disminuyó en unas 90.000 personas, bastante más que la población en edad de trabajar, y como consecuencia, la tasa de actividad descendió. Algunos comentaristas lo han atribuido a un efecto desánimo asociado al empeoramiento de las oportunidades de encontrar empleo. Sin embargo, este descenso de la tasa de actividad cabe atribuirlo más a la erraticidad que a otros factores. En el trimestre anterior ocurrió lo contrario. Otro tanto cabe decir de las variaciones del empleo: si no se hubiera producido esa “anormal” caída de la población activa, el aumento del empleo hubiera sido mayor. A su vez, el descenso del paro hubiera sido inferior, ya que hubiera habido más ocupados, pero también más activos.

Puede concluirse que la EPA es una magnífica estadística, imprescindible para analizar la estructura del mercado laboral y sus tendencias. Pero, cuidado cuando la utilizamos para medir las variaciones trimestrales del empleo. Para ello, las afiliaciones a la Seguridad Social pueden ser un indicador más robusto.