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El peso de la formación empresarial

La fuerza de las multinacionales parte de una mejor capacitación de los ejecutivos

Clase impartida en la escuela de negocios del Instituto de Empresa en 1992.
Clase impartida en la escuela de negocios del Instituto de Empresa en 1992.

La Iglesia está detrás de las principales escuelas de negocios españolas, a excepción de IE (Instituto de Empresa). Los jesuitas crearon la Universidad Comercial de Deusto en 1916 con profesores formados en sus universidades norteamericanas, para convertir a los empresarios vascos en hombres de negocios. Es el antecedente de todas las escuelas de negocios, y el germen de la Deusto Business School (DBS). Varios empresarios catalanes pidieron a los jesuitas de su región “tener en Barcelona una universidad comercial como la de Deusto”, dando pie a ESADE (Escuela Superior de Administración de Empresas) en 1958.

Dos años antes, los jesuitas madrileños habían puesto en marcha el Seminario Técnico de Formación de Directivos en Madrid, antecedente del ICADE (Instituto Católico de Administración de Empresas). En la misma época, José María Escrivá de Balaguer (fundador del Opus Dei) bendijo la creación de IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa) al apoyar la idea de formar a los máximos ejecutivos con una visión cristiana, planteada por empresarios de toda España. Un colegio madrileño de la Congregación Religiosa de los Sacerdotes del Corazón de Jesús (Padres Reparadores) originó ESIC (Escuela Superior de Gestión Comercial y Márketing) en 1965, cuando un grupo de padres de alumnos y directivos quiso profesionalizar el marketing con las técnicas americanas.

¿Por qué los empresarios acudían a la iglesia a pedir formación? “Eran centros privados, y podían poner en marcha una escuela para los empresarios con agilidad. Buscaban a gente preparada como profesores, lo fueran o no, y creaban los cursos con rapidez. Llenaron un vacío que la universidad pública no pudo cubrir por su rigidez, sus movimientos son complicados y lentos”, explica Juan Ramón Cuadrado Roura, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares.

Aquel esfuerzo ha hecho posible un nuevo tejido empresarial. “IESE, ICADE y la Deusto han sido las escuelas más influyentes en la España de los últimos 30 años, y ESADE en Cataluña. CUNEF (Centro Universitario de Estudios Financieros, creado por la patronal bancaria en 1973) ha pesado en los círculos financieros. Ahora empieza a influir IE, pero le queda camino por su juventud”, matiza Mauro Guillén, director de Lauder Institute (The Wharton School), y responsable del Anuario de la Internacionalización de la Empresa Española desde 2007.

En 1985, la carta de presentación de los directivos y empresarios de pro era tener un MBA (las siglas inglesas del máster de dirección de empresas) por Harvard, Wharton o Stanford, las escuelas líderes norteamericanas. Hoy, estudiantes de más de un centenar de países acuden a España para recibir clases en IESE, IE y ESADE, las tres escuelas que se codean con las primeras del mundo en la lista de excelencia de los MBA, el programa estrella de formación a los cuadros de mando de las empresas.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a miembros del Consejo Empresarial de Competitividad, en mayo de 2014.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a miembros del Consejo Empresarial de Competitividad, en mayo de 2014.

ESIC recibe alumnos de 25 países, y brilla en las clasificaciones internacionales de marketing. La calidad de Deusto Business School también es reconocida con la presencia de alumnos de 29 nacionalidades, aunque no está presente en las clasificaciones de referencia. ¿Qué ha cambiado? “Vincularse a universidades extranjeras de renombre, formar en ellas a sus profesores, y traer a afamados docentes del exterior ha contribuido a que brillen con rapidez. IESE, por ejemplo, se unió a Harvard (estandarte mundial) desde el principio, traía a sus profesores a impartir seminarios, y enviaba a los suyos a estudiar allí”, justifica Cuadrado Roura. IESE tiene un comité conjunto de trabajo con Harvard desde hace 50 años. “Tradicionalmente, IESE ha tenido mejor profesorado, aunque IE y ESADE están haciendo muchos progresos”, puntualiza Mauro Guillén.

Inicio aristocrático

No solo la iglesia tuvo la iniciativa de formar a los directivos. Un Grande de España, Diego de Alcázar y Silvela, Marqués de la Romana, fundó en 1973 la escuela más vanguardista. Fue la respuesta madrileña a IESE y ESADE, que descollaban desde Barcelona, aunque el primero llevaba sus cursos por toda España, y terminó teniendo sede en Madrid. Hoy, IE ha superado su juventud situándose como el centro de reunión de empresas y políticos españoles, con foros empresariales muy exclusivos, a los que invitan a líderes mundiales.

La personalidad de Diego de Alcázar ha determinado el éxito de IE. “Es rompedor, y se adelanta a las necesidades de las empresas. No le importa poner en marcha un máster aunque sea para pocos años. Creó, por ejemplo, el primer máster en eBusiness cuando el mundo de los negocios no contemplaba Internet, con la idea de que desaparecería cuando Internet estuviera presente en todos los departamentos empresariales”, cuenta Enrique Dans, fichado por Diego de Alcázar en 1990 para explicar “la tecnología de forma entendible por los empresarios”.

“Diego de Alcázar es un emprendedor nato. Pensó IE con 23 años, es su hijo, y ha puesto su patrimonio personal sobre la mesa cada vez que ha hecho falta. Innovó al concentrar el tiempo de duración del MBA, al enseñar finanzas a los ejecutivos, y al usar Internet para impartir máster a distancia. Hoy, somos los líderes mundiales de cursos online”, cuenta Santiago Iñiguez de Onzoño, decano de IE Business School. El siguiente paso es utilizar la tecnología “inmersiva” de realidad virtual (con grandes pantallas, lo que ofrece la sensación de que personas a distancia están en la misma habitación) con sus alumnos de todo el mundo.

40 escuelas

El mercado español supera las 40 escuelas de negocios, y los 500 millones de euros de facturación. Solo IE, IESE, ESADE y ESIC facturan 320 millones de euros, y 300 de ellos son por impartir programas con más de 150 horas, los que forman a los ejecutivos. “IE, IESE y ESADE imparten MBA a profesionales, y han contribuido a homologar la gestión de las empresas españolas con las economías avanzadas en los últimos 30 años. IESE, especialmente”, sentencia Emilio Ontiveros, presidente de AFI (Analistas Financieros Internacionales). ESIC manda en el marketing.

Los cuatro primeros centros españoles de formación empresarial han sabido atraer talento docente internacional con la chequera, imparten el grueso de su formación en inglés, y se promocionan en el exterior. Son tres reglas básicas para entrar en las clasificaciones internacionales de prestigio (las del diario Financial Times y la revista The Economist, sobre todo). “Estar en ellos ha ido elevando la fama de las escuelas, que han podido atraer a estudiantes internacionales, y subir los precios de sus programas. No haber realizado la inversión exigida para entrar en este círculo virtuoso ha dejado a otras fuera de los ránking internacionales de prestigio”, cuenta un estudioso de las escuelas de negocios españolas.

Listas de prestigio

El trabajo ha dado frutos. Uno de los parámetros medido por Financial Times para hacer el Global MBA Ránking es la progresión salarial de los estudiantes del MBA. Los directivos que dedican dos años de su vida a estudiarlo, y pagan hasta 15.000 o 20.000 euros quieren asegurar su rentabilidad. IESE se preocupa por informar que ocupa la séptima posición en este exclusivo ránking desde varios años, IE ha escalado una posición hasta el doceavo puesto, y ESADE ha subido del 22 al 19. La progresión de la ESADE se ha realizado a pesar del problema que lastra su prestigio, ya que los protagonistas del caso Nóos son su antiguo alumno Iñaki Urdangarín y su profesor Diego Torres.

Las aulas de estas escuelas conocen a las primeras espadas empresariales. Estar en ellas es un logro, ni la cuarta parte de los aspirantes a estudiar sus programas supera un examen de acceso que busca el perfil de los triunfadores. Muchos hacen el esfuerzo por acceder a las agendas de tan selecto club. Entre ellos tejen redes de contactos, se reúnen periódicamente, traen a nuevos estudiantes y contribuyen económicamente a sus fundaciones. Son las poderosas redes de antiguos alumnos (unos 50.000 en cada una de las cuatro grandes escuelas), mantenidas cuidadosamente con reuniones anuales tintadas de festejos.

Cuestión de dinero

No todas las escuelas nacieron en la abundancia. La fortuna americana que los hermanos Aguirre Basagoiti testaron para formar a los empresarios de su lugar de nacimiento sirvió para crear la Comercial de Deusto en Bilbao, que ha formado a la flor y nata de la banca española.

ESADE nació con el dinero del grupo de empresarios catalanes que lo promovió, y con el trabajo del padre Lluis Sobrerroca que aprendió inglés, se formó en Deusto, y viajó por Europa para conocer las escuelas de negocios francesas, británicas y alemanas.

El IESE se puso en pie sin dinero. Antonio Valero (catedrático de la escuela de ingenieros textiles de Terrassa) recibió el encargo de hacerlo en 1957, y cuando volvió con la revolucionaria metodología del Caso (ejemplos reales de éxitos empresariales) aprendida en la escuela de negocios de Lille (dirigida por un ex MBA de la Harvard Business School) no tenía ni local donde enseñar. Un jovencísimo Rafael Termes (luego presidente de la patronal bancaria) convenció a los empresarios del textil de que compraran el torreón de Pedralbes, y lo alquilaran a la nueva escuela.

Para conseguir alumnos, “Antonio Valero iba llamando a la puerta de cada empresario, y les convencía sobre la necesidad de formarse para mejorar su empresa, cuando eso no lo hacía nadie. Con sus matrículas se pagaba el alquiler y a los profesores, pero no quedaba dinero para su sueldo”, rememora Leopoldo Abadía, uno de los “mozalbetes universitarios que formábamos a empresarios talludos, como el señor Roca, antes de que nos enviaran a Harvard para construir el antecedente del famoso MBA”.

Diego de Alcázar no tenía suficiente dinero para crear el IE, sumó el de varios emprendedores, y acudió a préstamos bancarios.