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OPINIÓN

Estancamiento autoinfligido

Mientras muchas cosas cambian a velocidad de vértigo, la política económica de la Unión Europea (UE) continúa paralizada. Se suceden las cumbres de la nada con declaraciones rimbombantes. Emergen de nuevo las turbulencias en los mercados de valores, con comportamientos en forma de picos de sierra, tan parecidos a los del pasado inmediato, y muchos hablan directamente de la posibilidad de una catastrófica tercera recesión en el seno de la Gran Recesión, sin que se pongan medidas de choque para evitarla. Las recesiones parecen fenómenos naturales, meteorológicos, ajenos a la mano del hombre. Resultado: más desconfianza ciudadana.

El Tesoro de EE UU, los países latinoamericanos, los organismos multilaterales, muchos laboratorios de ideas privados,…piden una rectificación en el rumbo de la eurozona para evitar su decoupling: que quede rezagada y, dada su potencia, retrase a los demás países de la recuperación. Un rumbo caracterizado por el estancamiento estructural, el paro instalado en sus porcentajes más altos (11,5% de la población activa, en media), mínima inflación (0,3% en septiembre, la menor desde octubre de 2009), endeudamiento creciente (con una transferencia sistemática de la deuda privada a la deuda pública) y su sector más sensible, el financiero, examinándose de sus vergüenzas y de sus niveles de capital, antes de que un nuevo organismo, el Mecanismo Único de Supervisión (otro de los sombreros del BCE) lo acoja bajo su manto protector. Y, sobre todo, ausencia de unidad en el diagnóstico.

Las recesiones parecen fenómenos naturales, ajenos a la mano del hombre

En los últimos días ha habido declaraciones muy expresivas de esa división paralizante, en los representantes de los dos países más poderosos de la eurozona. El presidente Hollande, en la sede de la OCDE en París y delante de los máximos dirigentes de los organismos multilaterales de los que se dotaron los países para la gobernanza económica después de la Segunda Guerra Mundial (FMI, Banco Mundial, Organización Internacional del Comercio, Organización Internacional del Trabajo,…), advirtió del riesgo del “estancamiento duradero” (traducción francesa del “estancamiento secular”) si los países no coordinan sus políticas a favor de la inversión y el crecimiento. Nada que ver con el tono de la canciller Merkel, que en la sede del Bundestag pareció referirse directamente a Francia cuando afirmó que “todos, e insisto en esto, todos los Estados miembros están obligados a cumplir las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento”. Un día antes, Francia había enviado a Bruselas sus Presupuestos para 2015, incumpliendo el objetivo de un 3% máximo de déficit público.

JP Morgan dice que España es el mejor de la clase. ¡Cómo estará el peor!

En realidad, las cuatro patas de la fórmula mágica defendida por Mario Draghi, gobernador del BCE, para abandonar los problemas económicos europeos están naufragando por la división: 1) las reformas estructurales en países como Francia e Italia están muy verdes (y muchas no son reformas, sino meros recortes); 2) la flexibilidad fiscal (retrasar el cumplimiento del objetivo de déficit) no es consentida por Alemania; 3) la inversión pública de 300.000 millones de euros sólo es un spot publicitario que no encuentra financiación fresca; y 4) la compra de deuda pública de los países periféricos por parte del BCE, siguiendo la estela de EE UU, Japón y Reino Unido, no ha sido autorizada. El resto de medidas tomadas en los últimos tiempos por un activo aunque lento BCE (reducción de tipos de interés, impuestos a los depósitos bancarios que no se mueven, compra de bonos privados,…), aprobados por mayoría en el consejo de gobierno de la autoridad monetaria europea (no por unanimidad), no ha servido por ahora para ninguno de los tres fines que pretendía Draghi: desatascar el crédito, debilitar al euro frente al dólar y anclar la inflación.

En este contexto se inicia en España el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado de 2015. Habrá que dar el beneficio de la duda al Gobierno aunque su optimismo resulte tan artificial al no coincidir con el entorno en que se mueve la mayor parte de la ciudadanía ni sus homólogos europeos. El presidente Rajoy ha vuelto a lanzar hacia delante la pelota del final de las dificultades, a la última parte de 2015, justo cuando se convocarán las próximas elecciones generales. Seguro que le gustaría hacer suyas las palabras de un directivo de JP Morgan: “España ha pasado de ser el peor de la clase, al mejor”.

¡Cómo estará el último de la clase!