Intermediarios no, gracias

La venta directa de productor a consumidor gana peso en el sector alimentario

Ambiente en la Feria del Último Lunes de Octubre de Gernika
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Mercados de proximidad, tiendas de venta directa, ventas en las propias explotaciones, envíos a domicilio, ventas online, plataformas, paginas web... Los canales cortos en su conjunto constituyen hoy la principal respuesta del sector agrario y de las industrias alimentarias, generalmente de carácter local y con producciones artesanales, para acercar su oferta a los consumidores.

Dados los mecanismos utilizados para su comercialización, al margen de las estadísticas oficiales sobre producciones o facturas de venta, no hay cifras sobre el volumen que suponen los mismos. El panel de consumo de los productos alimentarios en 2013, basado en 12.000 encuestas, presentado recientemente por el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, señala que las ventas en Internet suponían ya en 2013 el 10% sobre el total de los gastos alimentarios frente al 4% de hace una década. De lo que se comercializa por los demás sistemas no hay datos, ni tampoco se atreven a hacer una estimación oficialmente.

Al margen de los problemas añadidos que se hayan podido derivar de la crisis económica general, las ventas por la vía de los canales cortos son hoy un fenómeno en una clara línea de expansión ante el claro interés que tienen ambas partes en el funcionamiento de los mismos. Los productores, interesados en romper los tradicionales canales marcados por el peso de los intermediarios. Los consumidores, interesados también, a su vez, en pagar un precio justo por la cesta de la compra.

Tiendas propias y mercadillos son una alternativa para los productos locales

Los canales cortos, por no tener no tienen ni una definición única. Un estudio del Observatorio de Precios del Ministerio de Agricultura y de la empresa Tragsatec los define como el sistema de comercialización donde el número de intermediarios es igual o menor a uno. Un reciente informe de la Comisión Europea los describe como aquellos donde las ventas de los agricultores a los consumidores se realizan con un reducido número de intermediarios.

De acuerdo con estas definiciones existe una amplia gama de posibilidades para trasladar los productos agrarios y alimentarios desde el punto de origen de producción hasta el consumidor.

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Una normativa que no acaba de llegar

El desarrollo de la agricultura local y la potenciación de los canales cortos o las ventas directas de los productos agrarios son una política clave en el marco comunitario para la defensa de las rentas de agricultores y ganaderos y para el sostenimiento del medio rural. Para su regulación, Bruselas ha elaborado en los últimos años diferentes directivas y reglamentos sobre aspectos básicos como la protección de los consumidores, los sistemas de información y, sobre todo, las exigencias sobre higiene y seguridad de los alimentos. En la actualidad, aún quedan pendientes de regulación otros aspectos como los sistemas de etiquetado.

Tomando como base esa legislación comunitaria, cada país tiene la posibilidad y la obligación de proceder a una adaptación de sus disposiciones a las mismas, algo que ya han llevado a cabo otros países como Italia, Francia, Portugal, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Austria, Polonia o Eslovenia.

En el caso de España, según el estudio del Observatorio de Precios de los Alimentos, del Ministerio de Agricultura, la legislación no contempla aún ninguna normativa específica referida a los canales cortos de comercialización de los productos agroalimentarios más allá de lo dispuesto en la normativa comunitaria. En el “paquete higiene”, cada país tiene la posibilidad de hacer su propia adaptación a la normativa comunitaria, pero la misma tampoco se ha hecho en España, algo en lo que están trabajando Sanidad y Agricultura. El desarrollo de esta normativa sí se ha hecho en Andalucía, Cataluña y Navarra; hay proyectos en otras como Aragón, La Rioja y Extremadura, mientras que en Murcia se han editado guías de higiene para este tipo de canales.

El sistema más viejo lo siguen representando los mercadillos locales o de proximidad. Se trata de ferias caracterizadas por la afluencia de productores de la zona para la oferta de productos, en la mayor parte de los casos cultivados directamente en sus explotaciones. Su presencia se halla fuertemente implantada en cabeceras de comarcas netamente rurales o en capitales de provincia, siempre en una fecha y en un lugar señalado. Un caso reseñable fuera de esos ámbitos sería el de Madrid donde la Cámara Agraria ha institucionalizado en sus instalaciones en la Casa de Campo un mercado agrario el primer sábado de cada mes y donde hay colas para comprar y colas también de agricultores para vender.

Sacando el producto de la explotación, ha proliferado la venta de productos agrarios casi directamente al consumidor a través de su distribución en pequeños establecimientos ubicados en el mismo medio rural. Especialmente desde grupos organizados de producción como cooperativas o sociedades agrarias de transformación han proliferado las tiendas propias de venta directa tanto en el medio rural como en las grandes ciudades. En la misma linea se halla la venta directa en la propia explotación.

Un sistema importante de canal corto, por el volumen con el que opera, lo constituyen las ventas directas desde las explotaciones a grupos de gran demanda como cooperativas de consumidores o grandes colectivos, como colegios y hospitales e incluso la venta directa a grandes grupos de la distribución.

La comercialización de los productos agrarios por Internet supone ya finalmente una realidad, bien a través de plataformas como por medio de las páginas web que posibilitan la compra directa y los envíos a domicilio de los pedidos donde destacan las ventas de vino, aceite, frutas y hortalizas, leche o productos transformados.

En el conjunto de los canales cortos de comercialización de los productos agrarios, y muy especialmente en los mercados de proximidad, hay una serie de factores que diferencian este tipo de comercio del resto.

En líneas generales, se trata de productos de cercanía obtenidos en lugares no lejanos del punto de venta. El consumidor que opta por este tipo de oferta valora los mismos por su frescura, sabiendo que han sido recolectados en las explotaciones de la zona poco tiempo antes de su comercialización y hasta conoce las tierras y las aguas utilizadas para su riego. Aunque hay un porcentaje en aumento de productos ecológicos o diferenciados en este tipo de comercio, el grueso de las ventas corresponde a productos obtenidos con sistemas de producción convencionales. Estos mercados funcionan por la confianza entre productor y consumidor.

En la casi totalidad de los casos se trata de producciones muy cortas que ese agricultor o ganadero no podría comercializar por otras vías. En los productos elaborados, también se trata de ofertas de escaso volumen y, en líneas generales, obtenidas con sistemas artesanales.

Por todas esas razones, cercanía, frescura, confianza mutua, calidad y elaboración artesanal en los productos elaborados, además del precio, diferentes estudios comunitarios coinciden en un futuro positivo con un fuerte incremento de la demanda, tanto para la agricultura local como su comercialización con la venta directa.

Según una encuesta realizada por Eurostat sobre la estructura de las explotaciones agrarias, como media el 15% de las mismas vende más del 50% de sus producciones directamente a los consumidores. Sin embargo, hay grandes diferencias entre países. En Grecia ese porcentaje llega al 25%, pero en España el mismo era solo del 0,1%. Otros estudios sobre los hábitos de compra de los consumidores comunitarios señalan que el 70% de los británicos y franceses apuestan por la compra de productos locales. En España ese porcentaje baja hasta el 47%. Por eso es preciso recorrer un camino que ya han hecho antes otros países.

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