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Sandía y Chirimoya en el Atlántico

Repsol espera la decisión de Medio Ambiente y del Supremo para poner en marcha la exploración de los pozos, bautizados con nombres de frutas

Los técnicos petroleros suelen bautizar con nombres llamativos, agrupados en familias, las explotaciones que sondean para identificarlos. Y en Canarias, los profesionales de Repsol han decidido plantar frutas y hortalizas en aguas atlánticas. Por allí se reparten Sandía, Plátano, Zanahoria, Chirimoya, Cebolla y Naranja, que, de momento, están a la espera de la decisión que tome el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente sobre el impacto y la respuesta del Tribunal Supremo a los recursos presentados contra el proyecto, entre ellos los del Gobierno canario y los cabildos de Fuerteventura y Lanzarote. Ambas decisiones, bañadas en la tormenta política entre el Gobierno central y el autonómico y los cabildos, se esperan para abril. Se da la circunstancia de que en Canarias se instaló la primera refinería española en 1929 (propiedad de Cepsa).

Si obtiene el permiso ministerial y el Supremo no pone objeciones, el consorcio que encabeza Repsol con el 50%, y del que forman parte la australiana Woodside (30%) y la alemana RWE Dea (20%), tiene previsto comenzar a explorar a partir del próximo verano si hay o no hay petróleo. Y si considera que es rentable se abriría una nueva etapa que comenzaría con la solicitud del permiso de explotación y el proyecto de desarrollo, así como otro informe de impacto medioambiental. Es decir, la obtención de la llamada first oil (primera gota) se alargaría hasta 2019 o 2020.

En paralelo, Marruecos ha parcelado todas sus aguas territoriales y desarrollado un ambicioso plan de prospecciones, mientras Canarias solo ha hecho nueve parcelas y lleva años con el proyecto a cuestas.

Si se llega a explotar, se estima una inversión de 9.000 millones en 20 años

En efecto, el proyecto canario se remonta a 2001, cuando Repsol recibió el permiso para investigar en las aguas territoriales frente a la costa marroquí. A partir de ese momento realizó, sucesivamente, la cartografía de la zona y las ecografías del subsuelo, de manera que en 2003 ya estaba lista para explorar; pero el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero paralizó los permisos. Y así estuvo hasta que el 16 de marzo de 2012, el Gobierno del PP aprobó la reanudación de los trabajos. Repsol recibió la autorización del Ministerio de Industria y, a finales de septiembre de 2013, presentó la declaración de impacto medioambiental después de recibir 11.000 alegaciones en contra, la mayoría de particulares y varias de organismos canarios.

En la documentación presentada se incluyen los sondeos exploratorios de los dos proyectos más importantes, Sandía y Chirimoya, por requisito legal. Sandía, según las estimaciones de Repsol, tiene una capacidad inicial para producir 330 millones de barriles, y Chirimoya, 165 millones. Los otros cuatro elevarían a un total de 898 millones —con un potencial máximo de 2.277 millones— la previsión. La probabilidad de éxito geológico es del 20%, lo que está por encima de la media mundial (12%), aunque para algunas de las estructuras no pasa el 5%. Repsol, que en 2013 perforó 24 pozos y descubrió nueve, recuerda que cada año se hacen 1.000 prospecciones.

Los sondeos exploratorios, que son los que determinan si existen hidrocarburos comercialmente explotables, supondrían una inversión de 300 millones y si, finalmente, saliera adelante, Repsol invertiría 9.000 millones en la explotación de los pozos durante un periodo de 20 años. La reversión para la economía canaria sería de entre 3.000 y 5.000 empleos indirectos. Las estimaciones previas indican que es en esa zona podría haber petróleo para una producción de entre 100.000 y 150.000 barriles/día durante ese periodo, una cantidad suficiente para cubrir el 10% de la demanda anual de hidrocarburos de España, que es el país más dependiente de la importación de hidrocarburos de la OCDE.

Para llevar a cabo las exploraciones, Repsol ha alquilado por tres años un buque de posición dinámica llamado Rowan Rainassance, botado el pasado diciembre en los astilleros coreanos y que ahora está en Namibia. Tiene capacidad para hacer prospecciones 3.700 metros sobre lámina marina y 12.000 incluyendo el subsuelo.