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AGRICULTURA INMIGRACIÓN

Olivareros del Sahel

El malí Issa Keita durante la campaña de recolección de aceitunas en Mollina. Keita, de 49 años y procedente de Bamako (Malí), es uno de los pocos subsaharianos que sigue trabajando en la aceituna, y lo hace en la localidad malagueña de Mollina, donde cada vez son menos los trabajadores extranjeros. Ampliar foto
El malí Issa Keita durante la campaña de recolección de aceitunas en Mollina. Keita, de 49 años y procedente de Bamako (Malí), es uno de los pocos subsaharianos que sigue trabajando en la aceituna, y lo hace en la localidad malagueña de Mollina, donde cada vez son menos los trabajadores extranjeros. EFE

Andalucía vuelve a afrontar la campaña de la recolección de la aceituna con una nueva bajada de la contratación de trabajadores extranjeros a favor de la ocupación de jornaleros locales que, tras la caída de la construcción, vuelven al campo para ganarse la vida.

Todavía algunos inmigrantes del Sahel, región del África subsahariana, siguen trabajando en la zona oriental como es en Jaén, pero su presencia es poco frecuente en zonas como la occidental de Andalucía, comunidad que representa el 60 por ciento de la superficie del olivar de toda España.

Es el caso de Issa Keita, un hombre de 49 años procedente de Bamako (Malí), de los pocos subsaharianos que sigue trabajando en la aceituna, y lo hace en la localidad malagueña de Mollina, donde cada vez son menos los trabajadores extranjeros.

Entre los olivos se ven pequeñas cuadrillas recolectando la aceituna. La mayoría de los trabajadores son vecinos del pueblo aunque algunos de ellos son todavía empleados de origen magrebí o subsaharianos.

Keita, en su tercera campaña en la zona, trabaja para una finca privada donde recoge sus olivos con la ayuda de un paraguas, que es una máquina agraria que se engancha al tronco del olivo y lo hace vibrar descargando su fruto en él.

Este inmigrante maliense llegó hace nueve años en un viaje en cayuco a las Islas Canarias tras atravesar el desierto del Sahara por Mauritania. En su país, donde trabajaba de comerciante, dejó a sus tres hijos y a su esposa.

Confiesa que el empleo es duro pero que le gusta trabajar en el campo, ya que según él "se gana bien", y todos los días se desplaza desde su casa de Antequera (Málaga) al olivar donde trabaja.

El malí Issa Keita durante la campaña de recolección de aceitunas en Mollina. Keita, de 49 años y procedente de Bamako (Malí), es uno de los pocos subsaharianos que sigue trabajando en la aceituna, y lo hace en la localidad malagueña de Mollina, donde cada vez son menos los trabajadores extranjeros. ampliar foto
El malí Issa Keita durante la campaña de recolección de aceitunas en Mollina. Keita, de 49 años y procedente de Bamako (Malí), es uno de los pocos subsaharianos que sigue trabajando en la aceituna, y lo hace en la localidad malagueña de Mollina, donde cada vez son menos los trabajadores extranjeros. EFE

Se siente afortunado de estar en el campo porque, según ha declarado a Efe, "si hay trabajo no hay problema", y ha añadido que su familia está contenta si trabaja, pues el problema de los inmigrantes es que tienen que enviar dinero: "si no trabajo -afirma Keita- no envío dinero a Bamako".

En Andalucía hay 200.000 olivicultores, y Keita trabaja con uno de ellos, José Manuel Aguilar, que a la vez es el presidente de la cooperativa Virgen de la Oliva de Mollina (Málaga). Él se encarga de manejar las máquinas mientras Issa varea los olivos.

Es la primera vez que trabajan juntos, pero según Aguilar la contratación se está desarrollando con normalidad y se está empleando a "gente del pueblo que antes eran albañiles y que ahora con la crisis se han quedado parados", motivo por el que, según este olivicultor, se han contratado "más españoles".

"Está casi la totalidad del pueblo trabajando en el campo", ha señalado Aguilar, quien ha apostillado que "el único medio que tienen es la aceituna, por eso han vuelto al campo".

El presidente de la cooperativa de Mollina ha manifestado que siempre se han contratado trabajadores de "casi todos los países" porque "faltaba gente para la recolección de la aceituna", pero que la situación de crisis ha cambiado el perfil de la contratación.

Y aunque la aceituna siempre ha sido uno de los sustentos del campo andaluz, con 23.500.000 jornales al año (el 40 por ciento del empleo agrario), el auge de la vivienda atrajo al sector a inmigrantes que participaban en la campaña.

Este año la campaña comienza con la reducción de trabajadores extranjeros aunque se espera una cosecha mediana que COAG calcula en 1,3 millones de toneladas de aceite, un 32 por ciento más que la media de las cinco últimas campañas.

Por Sergio Rodrigo