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ALFREDO SÁENZ

El final de un corredor de fondo

Sáenz ha sido el apoyo de Botín para el incesante crecimiento de la entidad

Alfredo Sáenz, exconsejero delegado del Santander.
Alfredo Sáenz, exconsejero delegado del Santander.

El 28 de diciembre de 1993, Alfredo Sáenz Abad recibió una llamada de Luis Ángel Rojo. El gobernador del Banco de España le ofrecía la presidencia de Banesto, que acababa de ser intervenido. No era una inocentada y menos viniendo de una persona de tan serio talante como Rojo. Ni se inmutó. Con esa seguridad que le caracteriza contestó que sí sin titubear.

Aquel día, con 51 años, fue el comienzo de una larga etapa en su carrera que, para bien o para mal, le ha determinado hasta la dimisión de ayer. Sáenz provenía del Banco Bilbao Vizcaya (BBV) y, más en concreto, del antiguo Vizcaya, donde fue uno de los cachorros de Pedro Toledo. Tras la fusión de los bancos vascos, fueron los hombres del Bilbao los que partieron el bacalao. Los vizcaya quedaron relegados. Sáenz, que ambicionó presidir la entidad se tuvo que conformar con la vicepresidencia mientras Emilio Ybarra era el escogido. Sáenz se quedó a la espera de una salida digna.

Así estaba cuando recibió la llamada del gobernador, que le informó de que Ybarra había aceptado la cesión y que le había entregado 14 exvizcayas, de los que pocos volverían. Para Ybarra era una forma de despejar despachos y para él una oportunidad.

Este bilbaíno arquetípico, nacido en Las Arenas y educado en la Universidad de Deusto, donde fue el número uno de su promoción de Económicas, sabía que le había llegado una ocasión de oro. Por eso, cuando el Banco Santander ganó la subasta el 26 de abril de 1994 y Emilio Botín le ofreció seguir en el cargo, no lo dudó ni un instante. Fue algo que Ybarra, que esperaba ganar, no encajó bien y que obligó a Rojo a intervenir para poner paz.

De aquella primera etapa proviene el caso de acusación falsa que, en última instancia, ha sido la causa que ha acabado minando la paciencia de este hombre que en los últimos años ha sido el banquero mejor pagado de España.

Sáenz comenzó a trabajar en Tubacex con 23 años. En 1981 se incorporó al Vizcaya, requerido por Toledo, que le había conocido en La Comercial. “Quiero que te vengas conmigo, pero todavía no sé de qué”, le dijo. Sáenz tuvo que escoger entre esa oferta y otra de Agustín Rodríguez Sahagún para ser el primer subsecretario de Defensa sin uniforme.

Prefirió la banca a la política y se ganó un gran banquero, que ha sido reconocido como mejor consejero delegado de Europa en seis ocasiones. En 1983, le encargaron salvar Banca Catalana, intervenida por el Banco de España y donde, durante siete años, se hizo experto en reflotar bancos y en banca comercial. Cuentan que aprendió catalán en menos de seis meses (sabe inglés, francés y un poco de italiano) para poder hablarlo en la junta de accionistas.

En el Banesto que heredó de Mario Conde y tenía más agujeros que un colador también hizo de fontanero. La entidad, que había llegado a ser el principal banco de España, no había podido responder a sus competidores mientras los gestores la utilizaron para beneficio personal por el que fueron juzgados y, muchos de ellos, condenados. Tres meses después de la intervención, se celebró una junta de accionistas, en la que Sáenz orquestó una acción civil de responsabilidad contra Conde y los suyos. Fue una junta maratoniana, de más de nueve horas, en la que Sáenz no se levantó ni una sola vez. Aquello demostró su capacidad de aguante y perseverancia. Un mes después, el Santander ganaba la subasta por el banco al BBV y Emilio Botín dio un golpe de mano fichando al ejecutivo para continuar en el puesto.

En Banesto estuvo hasta febrero de 2002, cuando Corcóstegui, su antiguo compañero del Vizcaya que había acabado como consejero delegado del fusionado Santander Central Hispano en enero de 1999, dejó el puesto vacante. Botín lo tenía claro. El hombre era Sáenz. En estos años ha sido su apoyo para el incesante crecimiento de la entidad hasta convertirse en la primera de Europa y de las primeras del mundo. Para el banquero cántabro era el mejor apoyo. En la última junta de accionistas subrayó que tenía informes terminantes. Pero otras razones han pesado más en Sáenz.

Con gran poder de comunicación, es brillante y muy campechano. También es muy familiar —está casado en segundas nupcias y tiene cuatro hijos de su primer matrimonio— y gran conversador, amante del mar (tiene un barco de vela en Mallorca), es muy aficionado a la ópera y, claro, del Athletic. También se entusiasmó con el ciclismo, hasta el punto que una de las pocas cosas que respetó de la etapa de Conde fue el equipo ciclista en el que todavía reinaba Miguel Induráin, y con la Fórmula 1.