Bernanke prepara al mercado

El presidente de la Reserva Federal deja entrever que no repetirá mandato

Bernanke se prepara para dar un discurso en Washington en diciembre de 2009.
Bernanke se prepara para dar un discurso en Washington en diciembre de 2009. Jason Reed (Reuters)

Ben Bernanke está preparando el mercado para algo que parece cada vez más evidente. Y no se trata de una eventual subida de tipos de interés en Estados Unidos. Tampoco está dando detalles sobre cuándo empezará a retirar los estímulos masivos al crecimiento. Es sobre algo más inmediato: su continuidad como presidente de la Reserva Federal, cuando a finales del próximo mes de enero expire su segundo mandato.

Esta semana dio un elemento más para alimentar los corrillos en Wall Street, donde ya se da casi por hecha su salida. Bernanke no participará el próximo agosto en el simposio de banqueros centrales en Jackson Hole por un “conflicto” en su “agenda personal”. Eso significa que se perderá el evento anual que se celebra en el parque natural de Grand Teton por primera vez desde 2006.

Como su predecesor Alan Greenspan, el todavía presidente de la Reserva Federal ha venido usando el foro para comunicar su estrategia. Allí, por ejemplo, anticipó las últimas dos rondas de compra de activos de deuda por la vía no convencional y allí empezó a cocinarse hace cinco años la acción extraordinaria de los bancos centrales en respuesta a la virulenta crisis que acompañó al colapso de Lehman Brothers.

La ausencia de Bernanke podría ser, por tanto, una oportunidad para que el potencial sucesor presente su plan. Pero la señal más clara hasta ahora la dio el presidente de la Reserva en su última rueda de prensa, hace ahora un mes, al responder a una pregunta directa sobre su continuidad diciendo que ya habló sobre su futuro con Barack Obama. El calendario, así, empieza a cuadrar.

El banquero ya ha anunciado que no asistirá a la reunión de Jackson Hole de agosto

El presidente de Estados Unidos es el que propone al candidato para dirigir las riendas del banco central más poderoso del mundo. Si opta por otra figura distinta a Bernanke, deberá presentarla al Congreso este verano para que los legisladores en el Capitolio la refrenden. Es un proceso que, de complicarse, puede llevar meses. Por eso los analistas de Wall Street creen que debe haber noticias para Jackson Hole.

El profesor de Princeton lleva diciendo públicamente desde hace tiempo que no se siente obligado a seguir más tiempo en la Fed. Es su forma de admitir que está cansado y que la labor de desmontar la estructura de estímulos para hacer frente a la crisis podría hacerla otra persona. “No creo que sea el único en el mundo que pueda gestionar la salida”, reiteró el pasado 20 de marzo.

Quien lo haga tampoco lo va a tener fácil. La Reserva acumula 3,2 billones de dólares en activos en balance, frente a menos de un billón en el momento de estallar Lehman, y llegará a los cuatro billones si mantiene el ritmo actual de compra de deuda pública e hipotecaria en 85.000 millones de dólares al mes. Bernanke dice que es una cantidad similar a la que tienen otros bancos centrales y que puede manejarse sin problemas.

Aunque no habla de su plan de futuro, el tono que utilizó en su última comparecencia ante el Senado dio otra pista más. Al defender su registro en la Fed se enfrentó directamente al republicano Robert Corker. “Nada de lo que dice es correcto”, le espetó tras acusarle este de imprimir dinero para rescatar a los grandes bancos, de alimentar una guerra de divisas y de elevar la inflación.

Su última comparecencia en el Congreso no fue la de quien busca la reelección

No es el lenguaje de alguien que busca la reválida. Mirando hacia atrás, hace cuatro años ya se cuestionó su continuidad al poco de llegar Obama a la Casa Blanca. Pero con el sistema financiero atorado, se consideró que no era el momento de crear más tensiones en los mercados con un cambio en el banco central. Entonces, como pasa ahora, el Congreso estaba muy dividido.

La misma quiniela se hizo las pasadas elecciones. Mitt Romney, el aspirante republicano a la presidencia, dejó claro en la campaña que no quería a Ben Bernanke en la Fed. Empezaron a circular así nombres como el de John Taylor, profesor de la Universidad de Stanford. Es precisamente uno de los más críticos con la decisión de poner a funcionar la máquina de hacer dinero.

Obama ganó. Ahora tiene más margen para proceder al cambio. El presidente ya renovó por completo su equipo económico y tiene una nueva cara al frente del regulador bursátil. Cada vez más claro que no podrá retrasar más allá del verano si Bernanke sigue o no. La Reserva, por su parte, ya ha asegurado que la actual política continuará hasta bien entrado 2014. Así que, incluso si se va Ben Bernanke en enero, su estrategia seguirá en marcha durante medio año más.

La vicepresidenta de la Fed,  Janet Yellen, suena como posible sustituta  pero no es la única

Lo razonable sería que el presidente se decantara por alguien de dentro. En este caso, la mejor colocada es la vicepresidenta Janet Yellen, la más firme defensora del plan en curso. Entre los potenciales candidatos externos se cita a Lawrence Summers, profesor ahora en Harvard y presidente del Comité de Asesores Económicos en el primer Gobierno de Obama. También se cita al economista Roger Ferguson, presidente ejecutivo de TIAA CREF. Los tres nombres que ya salieron a colación en el verano de 2009. El encargado de ir definiendo la lista de posibles aspirantes es Jack Lew, el recién estrenado secretario del Tesoro.

Hay quien en Washington no descarta incluso que en la lista de favoritos de Barack Obama esté Timothy Geithner, que acaba de dejar la cartera del Tesoro y con quien guarda una estrecha relación de confianza. Geithner presidió además la Reserva Federal de Nueva York, el brazo ejecutor del banco central. Sin embargo, su gestión de la crisis no estuvo exenta de críticas.

El reto para el futuro presidente de la Fed, siga o no Bernanke, será sobre todo dar con el momento exacto para empezar a desmontar la actual estrategia. Dicho en otras palabras, deberá encontrar la puerta de salida sin que eso suponga un freno adicional a la actividad económica y genere volatilidad en Wall Street, que en este momento avanza por territorio no explorado.

Hay, sin embargo, opiniones diferentes en Wall Street respecto a lo expresado por Bernanke. Creen que, como arquitecto de la política seguida durante los últimos cuatro años, debería quedarse hasta el final. Aun así, la mayoría considera que no estará para un tercer mandato y le reconocen ya, antes de que se cierre este tomo, que fue el artífice de que Estados Unidos no cayera en una depresión.

En cualquier caso, como recuerda cada vez que puede el propio Ben Bernanke, el mérito es colectivo. Y si quisiera quedarse, seguramente Barack Obama no tendría inconveniente en aceptarlo. Por eso su predecesor en el cargo Alan Greenspan señalaba días atrás que la decisión es individual de dos personas: del presidente de la Reserva Federal y del presidente de Estados Unidos.

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