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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Son corruptas y son inútiles

Xavier Vidal-Folch

Por primera vez las agencias de calificación han sido calificadas: pésimamente. El alguacil, al fin alguacilado. Esta gran novedad se la debemos al Banco Central Europeo, que acaba de publicar un exhaustivo análisis independiente sobre 39.000 notas otorgadas por las tres grandes, como reveló el sábado Miguel Jiménez en estas páginas. Bank ratings, what determines their quality?, se titula el trabajo, lo encontrarán en el archivo de publicaciones del BCE.

La gran conclusión del examen es que S&P, Moody's y Fitch habitan un sistema corrupto. Con elegancia, los autores solo aparentan denunciar un grave “conflicto de interés”. Pero eso es solo una situación objetiva en la que un protagonista afronta dos mandatos incompatibles entre sí. En este caso, entre los clientes que les encargan y pagan los informes de calificación, y los mercados a los que afectan servir.

Cuando el conflicto de interés se resuelve en favor del poderoso, “los diez grandes bancos” de su análisis, mediando compensaciones cuantificables; y contra la parte débil, en este caso inversores, fondos de pensiones y público en general, el conflicto estalla: carcome el sistema de evaluación, destruye su independencia técnica, se convierte en abierta corrupción.

Las tres examinadoras yerran a favor de unos. “Los grandes bancos obtienen sistemáticamente calificaciones más favorables en relación con sus riesgos de suspensión de pagos medidos dos años después”: una sobreestimación de 15 posiciones para cada 100 bancos estudiados. Este “significativo sesgo refleja sobre todo los incentivos conflictivos” de las agencias.

Y se cobran luego tanto cariño: “Asignan sistemáticamente calificaciones más favorables a los bancos que les proporcionan una gran cantidad de negocio por calificar bonos de titulación de activos”. ¿Conflicto? Más bien chantaje/soborno técnicos.

Las tres cerditas son también inútiles, en el sentido de que su credibilidad cayó a la alcantarilla. Cuando S&P rebajó las deudas de EE UU y Francia, los mercados las apreciaron más. Degradó a España el día 10, al día siguiente el Ibex subió un 0,87%, hasta 7.731 puntos, y ayer llegó a 7.791. La prima de riesgo bajó cinco puntos, a 426, y ayer estaba a 400. Son inútiles, pero si juntan su maldad con otros reveses, pueden perjudicar mucho, si ya no al Reino, sí a las empresas: que, aleluya, vuelven a emitir.

El 15 de noviembre de 2011, la Comisión anunció una reforma del reglamento UE 1060/2009, para endurecer el trato a esas agencias: por ejemplo, exigiendo que cada tres años sus clientes las roten; o que se exijan dos calificaciones para los productos estructurados complejos. Aún nada.

Hay mejor solución: retirarles el privilegio del paraguas público por el que los Estados imponen que sus notas sean exigibles a empresas y bancos. “Los políticos deben revisar si es adecuado usar calificaciones de crédito en las regulaciones de los mercados financieros”, aconsejaba en 2011 el papel Sovereign rating news and financial markets spillovers, del FMI (WP/11/68). Eso, expulsadlas del templo del mercado.

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