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Psiquiatría en clave privada

Eptisa Casta Salud, participada por el fondo del exbanquero Corcóstegui, consolida su modelo de centros de salud mental

Imagen de un ordenador en una clínica de Casta Salud.
Imagen de un ordenador en una clínica de Casta Salud.

La sanidad mental privada, habitual en EE UU o Suiza, llega a España. ¿Responsable? Eptisa Casta Salud, una división del grupo de ingeniería Eptisa, que hace poco más de una década empezó a diversificar hacia la sanidad o el software informático. “La idea inicial en 1999 era entrar en residencias geriátricas”, explica Olga Ginés, directora general de Casta Salud. “Pero una vez que se comprobó que ya había muchas empresas, Eptisa decidió centrarse en un segmento más especializado, como el de la gestión privada de centros de salud mental”.

Todo empezó en 2001 con la compra de un centro en Arévalo (Ávila), propiedad de una institución religiosa, que Eptisa reformó totalmente, pues no se trataba de reproducir fórmulas archiutilizadas, sino de crear un nuevo modelo en psiquiatría. Al contrario del sistema hospitalario-reclusivo al uso, Casta Salud puso en marcha en Arévalo (80.000 metros cuadrados de terreno y 16.000 construidos) “un modelo basado en un tratamiento integral y enfocado a la recuperación de los pacientes para su inserción en la comunidad”, explica Olga Ginés. Se trata, prosigue la ejecutiva, que dirige la empresa desde su fundación, “de que estos pacientes adquieran una serie de habilidades para desenvolverse por sí mismos, manejar su dinero o subirse al autobús”. Para eso, además de una variada panoplia de profesionales —psicólogos, psiquiatras, neuropsicólogos, trabajadores sociales...—, se han establecido talleres ocupacionales, algunos fuera del centro. Y cada uno de los pacientes, que permanecen una media de ocho meses, son objeto de un plan terapéutico individualizado.

Buena parte de los ingresos proceden de los centros de salud mental, pero la empresa ha desarrollado otras dos líneas de ingresos, en farmacia y en consultoría

Los resultados no se hicieron esperar. Una vez que se vio que el centro de Arévalo podía ser rentable, la empresa se lanzó a la construcción y gestión de otros tres en Asturias, Madrid y el País Vasco, inaugurados en 2009 con una inversión de 40 millones de euros. Hoy Casta Salud tiene cinco centros, con unas 1.000 camas, atendidos por unos 450 trabajadores directos y otros 150 externos. La salud de la empresa, líder en su sector, está fuera de dudas. Pese a la crisis, los 10 millones de ingresos de 2011 se elevarán a 13,4 millones este año, un 35% más, una resiliencia que se debe a la fuerte aceptación de su modelo y también al hecho de que, según explica Ginés, “los recortes de las Administraciones en asistencia residencial han sido mínimos”. Más de la mitad de los pacientes son enviados desde diversas instituciones de los sistemas de salud autonómicos o de empresas de seguros médicos.

Además, aun cuando buena parte de los ingresos proceden de los centros de salud mental, la empresa ha desarrollado otras dos líneas de ingresos, en farmacia y en consultoría. La primera, iniciada en 2007, elabora y distribuye metadona para los centros del Instituto de Adicciones de Madrid Salud, un contrato de 1,6 millones de euros, el único de su tipo en España. La de consultoría desarrolla estudios de mercado o de viabilidad de proyectos. Pero la diferencia proviene de sus enfoques innovadores. La empresa tiene acuerdos para la elaboración de estudios y la recepción de estudiantes de posgrado con universidades como la Complutense o la Autónoma de Madrid. Unos acuerdos que han sido decisivos para la prestación de servicios de última generación en los centros y también para el éxito de su área de consultoría.

La novedad más llamativa ha sido la introducción, ya en dos de sus centros, de un robot terapéutico de la japonesa Paro Robots

La novedad más llamativa ha sido la introducción, ya en dos de sus centros, de un robot terapéutico de la japonesa Paro Robots. El robot en cuestión, Nuka, tiene la forma de un bebé foca y está dotado de cinco sensores (tacto, luz, audición, temperatura y postura), lo que le permite interactuar con los pacientes. La foca, apunta Olga Ginés, “va incorporando una serie de registros y reaccionando a las actitudes positivas o negativas del paciente, lo que le estimula y destensa”. Nuka es muy famosa en Japón, donde fue usada para ayudar a los ancianos supervivientes del tsunami de Fukushima a sobrellevar el trauma de la catástrofe. Su introducción por Casta Salud está financiada por fondos europeos (cada robot cuesta unos 60.000 euros) y cuenta con la colaboración del Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas de la Fundación Reina Sofía.

La sociedad de capital riesgo de Ángel Corcóstegui, ex consejero delegado del Central Hispano (y del Santander), Magnum Capital, compró en 2007 el 60% del grupo. Una fecha en la que Casta Salud estaba en pleno proceso de crecimiento. Aun cuando la empresa no alcance aún el 10% de la facturación de Eptisa (150 millones el año pasado), sus perspectivas son sólidas. Además, Magnum tiene presencia directa en empresas más o menos relacionadas con Casta Salud como Geriatros (residencias) o el Centro Médico Teknom. Estos días, la empresa prepara su plan estratégico 2012-2016, que pasará, avanza Ginés, “por incrementar las actividades de consultoría, no solo en España, sino en Europa del Este, y por la apertura de nuevos centros, algunos en el extranjero, muy posiblemente en Latinoamérica”.