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El Ibex sube un 0,82% y el tipo a 10 años toca el 7% en el primer día de la cumbre

El Ibex termina el día en 6.721,7 puntos tras mínimas oscilaciones respecto al cierre de ayer

El diferencial con el bono alemán termina la jornada en 542 puntos básicos

Los mercados han contenido la respiración en la primera de las dos jornadas de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que ha comenzado hoy en Bruselas, y de la que se espera algún avance que desbloquee los obstáculos institucionales que paralizan la resolución de la crisis de la deuda europea.

La presión se mantiene alta en el mercado de deuda soberana, donde el rendimiento que se exige al bono español a 10 años ha vuelto a superar por la mañana el 7%, nivel crítico que avisa de que las puertas del mercado pueden estar a punto de cerrarse, ya que la carga de los intereses que comporta es insoportable. La prima de riesgo, diferencial de rendimiento entre el bono español a 10 años y el alemán, ha subido hasta 551 puntos básicos (5,51 puntos porcentuales) y ha terminado la sesión en 542. El pasado 18 de junio el mercado llegó a exigir una remuneración del 7,285% a los títulos de deuda soberana española, máximo desde que entró en vigor el euro.

Unos tipos de la deuda pública tan elevados tienen un efecto pernicioso en la inversión privada, ya que las empresas no pueden competir con el Estado por la escasa financiación existente remunerando a esos mismos niveles. El fenómeno se conoce como crowding out (o efecto expulsión).

El Ibex, que ayer se anotó una subida del 2,12%, ha mantenido levísimas variaciones respecto a su cierre de ayer. Al final de la negociación se anotaba un alza del 0,82% y marcaba 6.721,7 puntos.

Las Bolsas europeas han caído en medio de la incertidumbre que rodea la reunión del Consejo Europeo, agudizada por el aumento del paro en junio en Alemania, por cuarto mes este año, anunciado hoy. El buen dato de empleo semanal en Estados Unidos, donde bajaron las peticiones de subsidios de paro en la semana finalizada el 23 de junio, no ha servido para estimular las cotizaciones. La Bolsa de Fráncfort ha perdido un 1,27% al cierre, Londres ha cedido un 0,56%, París un 0,37%. Milán ha conseguido arañar una subida del 0,67%.

El euro mantiene su tónica de debilidad y ha llegado a ceder hasta 1,2407 dólares, tras cerrar ayer en 1,2468. Al final de la sesión en Europa se intercambiaba a 1,2433 dólares.

La refundación de la Unión Europea -o, más bien, de la eurozona- y el avance hacia una mayor integración fiscal, bancaria y, por tanto, política supone un horizonte temporal demasiado lejano para unas economías, la española y la italiana, a punto de explotar a causa de su elevado endeudamiento. Queda la esperanza -quizás vana- de que, al menos, de la cumbre salgan soluciones a corto plazo que permitan bajar los altos tipos de interés que tienen que pagar los Tesoros de España e Italia cada vez que recurren al mercado para captar financiación.

Hoy, el Tesoro italiano ha tenido que subir los tipos pagados por colocar deuda a cinco y 10 años. En total, ha emitido 5.420 millones de euros, por debajo del máximo previsto (5.500 millones). Los títulos a 10 años se han remunerado al 6,19%, frente al 6,03% del pasado mayo, la mayor remuneración desde diciembre. La demanda ha superado en 1,28 veces la oferta, frente a 1,4 el mes pasado. A cinco años, el tipo ha quedado en el 5,84% (un 5,66% en mayo), con 1,54 veces más peticiones que adjudicaciones, por encima de las 1,35 del mes precedente.

La prima de riesgo italiana ha subido a 478 puntos básicos (ha terminado en 467) y el tipo a 10 años en el mercado secundario ha tocado el 6,284%, tras haber cerrado ayer en el 6,204%. Al final de la jornada se situaba en el 6,191%.

Una de las medidas que podrían calmar a corto plazo la presión sobre la deuda española es que se permita la recapitalización directa de la banca con fondos europeos, uno de los objetivos que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, espera conseguir, si no para las inyecciones inmediatas de recursos al menos para las que no sean urgentes. A España le evitaría tener que apuntar el préstamo de 100.000 millones de euros que ha solicitado a Europa para sanear sus bancos en el capítulo de deuda pública. “No podemos durante mucho tiempo financiarnos a los precios a los que nos estamos financiando en estos momentos”, reconoció ayer en el Congreso de los Diputados.

Otra medida es que alguna institución compre deuda soberana de países bajo presión, algo que el Banco Central Europeo (BCE) ha venido realizando en momentos de máxima tensión desde 2010, cargando su balance de títulos portugueses, griegos irlandeses y españoles. Siempre con la reticencia de Alemania, que cree que esas medidas exceden el mandato del emisor de la divisa europea y que, además, no imprimen suficiente urgencia a los Gobiernos para acometer reformas estructurales.

Por eso, durante la reciente reunión del G-20, el primer ministro italiano sacó de la manga una carta que no se había tenido en cuenta: la posibilidad de que los fondos de rescate europeos (el Fondeo Europeo de Estabilidad Financiera, temporal, o el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que entrará en vigor en julio con carácter permanente), se encarguen de realizar esas compras. Esta medida tiene visos de salir adelante en la cumbre, según ha parecido insinuar el vicepresidente de la Comisión, Olli Rehn: “Estamos trabajando junto con los socios de la eurozona para permitir la estabilización a corto plazo de los mercados, especialmente de los Estados bajo más presión”.

Según una regla de inversión básica, cuanto más riesgo entraña un activo, mayor rentabilidad se le exige para compensar la posible insolvencia del emisor. El pasado 13 de junio, la agencia de calificación de riesgos Moody's dejó la nota de solvencia de España al borde del bono basura tras bajarla en tres escalones más, desde A3 (notable bajo) hasta Baa3 (aprobado bajo). La firma justificó su decisión por el aumento del endeudamiento que supondrá el préstamo de 100.000 millones de euros para la banca. Como consecuencia, la firma de rating degradó el pasado lunes la valoración de la solvencia de 28 entidades bancarias españolas, tras la cual solo quedan siete bancos por encima del nivel de lo que se conoce como bono basura, un tipo de inversión solo apto para inversores dispuestos a asumir elevados niveles de riesgo (con altas rentabilidades).

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