Los griegos respaldan el euro y maldicen los recortes impuestos por la troika

Las protestas se extienden en el país heleno Unos 135 detenidos tras cargas policiales en las manifestaciones de Atenas

Un agente intenta reducir a un manifestante en uno de los actos de protesta celebrados en Atenas.
Un agente intenta reducir a un manifestante en uno de los actos de protesta celebrados en Atenas.ANGELOS TZORTZINIS (AFP)

Contra los recortes, contra sus políticos y los políticos europeos. Los griegos salieron ayer a la calle, un día más. Fueron muchos menos que el domingo anterior, cuando el Parlamento aprobó un nuevo paquete de reforma y otros recortes sociales —el memorando se le llama en Grecia— para lograr las ayudas y se produjeron graves disturbios que concluyeron con una decena de edificios calcinados y numerosas tiendas del centro saqueadas. Pero ayer durante todo el día los manifestantes no dieron tregua en la plaza de Syntagma, convocados por los sindicatos por la mañana y por grupos de izquierda e indignados por la tarde. Las protestas terminaron con algunos disturbios originados cuando la policía trató de disolver a un grupo de indignados. Se produjeron varias cargas policiales que concluyeron con 135 manifestantes detenidos, según informa Efe.

Porque la sociedad griega parece tener claras dos cosas: una, que el problema no es el euro —un sondeo de RMB publicada ayer mostró que el 72% quería permanecer en la divisa única, un porcentaje similar a los anteriores—; pero otra, que la factura que deben pagar es demasiado elevada.

Así que mientras Lukas Papademos tomaba un vuelo a Bruselas, miles de griegos recuperaban cánticos contra la dictadura de los coroneles, llamaban traidores a sus diputados, y tenían palabras menos que amables para la troika —los inspectores europeos y del Fondo Monetario Internacional— y la canciller alemana Angela Merkel. Berlín, el primer contribuyente del fondo de rescate europeo y la mano dura de Europa sobre Grecia, se ha erigido en uno de esos demonios en las protestas griegas.

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Que están en manos de Alemania es una sensación que se siente también en los edificios oficiales. “La economía ha terminado, todos los detalles técnicos se han cerrado, ahora la disputa es política, es si ganan los tipos duros de Europa o los que no lo quieren ser tanto”, explica una fuente conocedora de las negociaciones entre Grecia y Bruselas. El Eurogrupo —si no hay un nuevo aplazamiento— debe decidir hoy si cree a Atenas, un país con elecciones a la vuelta de la esquina, si da por bueno el plan de recortes aprobado, y le da auxilio financiero.

“Yo creo que dirán que sí, pero bueno, eso no soluciona nuestros problemas, vendrá más austeridad”, decía un médico de 44 años, Manolis Gregoriakis, cuyo sueldo ha menguado de 1.600 a 1.200 euros mensuales. “Y por no mencionar la subida de los impuestos”, apostillaba. Ana, miembro del grupo de motoristas indignados, que se creó en verano, aseguraba ayer por la tarde “esto no va de países, Grecia, o Alemania, esto tendrá un efecto dominó para toda Europa”.

Sobre la firma

Amanda Mars (Enviada Especial)

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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