Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

'Drones' al estilo español

La industria nacional intenta crecer en el sector de los aviones no tripulados.

Los famosos drones ya están aquí, dispuestos a protagonizar la próxima revolución aeronáutica. Y España, quinto país de Europa en lo aeroespacial, está ya en la pista de despegue de la nueva industria de aviones no tripulados. El sector, centrado aquí en torno a EADS y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), empieza a registrar un cierto overbookingde empresas y centros de investigación decididos a posicionarse en el ensamblaje o suministro de sistemas y componentes para estos aviones. Nadie duda de que los UAV (Unmanned Aerial Vehicle), aparatos muy variados (los hay pequeños y muy grandes), se harán cada vez más imprescindibles en sus dos usos principales: los sistemas de observación y los aviones-blanco.

 Los militares los requieren para vigilancia y reconocimiento, soporte de artillería o supresión de defensa aérea enemiga. Y en usos civiles se les espera para el control de tráfico, fronteras, búsqueda policial, narcotráfico, topografía o control de cosechas. El mercado de estos aviones, dominado por EE UU e Israel, se va a multiplicar. Según Teal Group, las inversiones se triplicarán desde los 3.500 millones de euros hasta los 8.000 millones en el 2020.

EADS, con varios proyectos, seguirá siendo el referente en la industria, sobre todo a través de Cassidian, su división de defensa y seguridad. “Somos la única empresa en España capaz de desarrollar aviones sin piloto basándose en criterios de calificación y certificación”, aseguran. Pero, su tracción es muy fuerte. Decenas de empresas colaboran en sus programas, tan decisivos como el Atlante, el Neuron o el Talarion. Entre las nuevas destaca Indra, que creó una unidad de UAV en 2007. “Nuestros tres ejes”, explica Pablo González, director de Sistemas No Tripulados, “son el suministro de soluciones a Defensa para sistemas de terceros, los productos propios y el mercado civil”.

El mercado de estos aparatos, dominado por EE UU e Israel, se va a multiplicar

Además de participar, junto con EADS, en el programa PASI (los Searcher MK II en Afganistán para el ejército), Indra está también en el Atlante, de Cassidian (EADS), en el que pone sistemas de tierra y de a bordo. En los productos propios tiene un mini UAV de 20 kilos, el Mantis, un avión de observación para el ejército tan ligero que puede ser llevado por un pelotón de soldados y cuya ventaja es que, en lugar de una cámara fija, lleva una giroestabilizada. A finales de año terminará el Pelicano, un helicóptero no tripulado de 200 kilos para vigilancia marítima, desarrollado en asociación con una empresa sueca, ya en prueba. Además de que muchos de los componentes electrónicos como el autopiloto son de Indra, “hemos diseñado el tren de aterrizaje o los tanques de combustible”, explica González. También participa en el proyecto europeo Sense and Avoid (detección y evitación de choques), junto con compañías de Suecia, Francia, Italia y Alemania.

También Aries Ingeniería y Sistemas, presente en renovables, automoción y defensa y seguridad, se ha diversificado hacia los drones. “En 2007”, dice Francisco Barahona, su director de Defensa y Seguridad, “hicimos la integración del PASI”. Ahora trabajan con el INTA y con EADS (Atlante) y fabrican varios tipos de lanzadores para UAV. “Estamos haciendo un UAV pequeño, militar, para obtención de imágenes a bajo coste, de usar y tirar, por el que el Ejército ha mostrado interés”.

Han nacido, además, empresas como UAV Navigation o SCR. La primera, fundada en 2004, se especializó en autopilotos, unas pequeñas cajitas que llevan el hardware y software para que los UAV puedan volar solos. Los han vendido a la israelí IAI, que lo puso en varias de sus familias de aviones, a EADS, a Boeing o British Aerospace. La empresa, que tiene delegación en EE<TH>UU, inició en 2008 la construcción de pequeños helicópteros no tripulados: tiene dos prototipos en comercialización, el Commando, que vendió a la Dirección General de Policía, y el Snipper, usado por Iberdrola en el mantenimiento de las líneas de alta tensión.

SCR, otra empresa del sector, ha tenido éxito con sus aviones-blanco, UAV usados como blancos en ejercicios militares. “Los nuestros”, explica Andrés Aylagas, su director, “tienen entre 30 y 100 kilos”. Fundada en 1991, SCR construye 30 o 40 de estos aparatos al año y ha vendido ya unos 700. La lista incluiría a empresas como Aerovisión, con el Fulmar, un pequeño UAV, o Flightech, también en el mismo segmento.

Los militares los usan para vigilancia; los civiles, para controlar cosechas

Muchas de estas empresas han nacido al amparo del INTA, pionera en los UAV en los noventa, con su SIVA, y se mantienen a flote debido a sus programas. Entre ellos el HADA, iniciado en el 2007, un helicóptero morfológico que despega como un helicóptero y vuela como un avión. “Es un UAV”, explican ahí, “pensado para uso en fragatas, en el que están unas cuarenta empresas, centros de I+D y universidades”. El despegue de los drones como herramientas de uso masivo se enfrenta a dos problemas: los recortes fiscales y la preferencia de los militares por productos plenamente probados como los estadounidenses o israelíes. En el caso de los UAV civiles, la industria está en stand by debido al retraso de Europa en regular el uso del espacio aéreo para estos aviones. “Hasta que no se regule el uso del espacio aéreo será difícil vender estos aviones”, dicen en Indra.