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Bruselas exige más garantías a Grecia para aprobar el nuevo rescate

El Eurogrupo no da luz verde de inmediato al nuevo plan de rescate para Atenas

Le pide buscar "rápidamente" la manera de recortar 325 millones de euros este año

Manifestantes en una marcha hacia el Parlamento griego en Atenas el jueves, después de que el Gobierno pactara los recortes
Manifestantes en una marcha hacia el Parlamento griego en Atenas el jueves, después de que el Gobierno pactara los recortes EFE

No basta con las promesas: Europa exige a Grecia garantías de que va a aplicar una nueva oleada de recortes antes de dar luz verde al nuevo plan de rescate, por importe de al menos 130.000 millones de euros, imprescindible para encontrar una salida a la crisis fiscal helénica.

Los líderes europeos recibieron el jueves con un punto de escepticismo el paquete de austeridad pactado por las principales fuerzas políticas griegas. Y en un Eurogrupo complicado, los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona reclamaron a Atenas que ponga en marcha de inmediato las medidas aprobadas: recortes de sueldos, despidos, tijeretazos en el gasto y demás, por importe de 3.300 millones de euros.

Los socios europeos no se fían de Grecia. “No habrá dinero antes de que se pongan en marcha las medidas”, resumió el presidente del Eurogrupo, el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, que ha convocado una nueva reunión para el próximo miércoles. Una nueva fecha límite. Para entonces, Grecia debería haber concretado ajustes adicionales por importe de 325 millones de euros, que Juncker no quiso concretar.

El Parlamento helénico tendrá que pasar de las musas al teatro: convertir el acuerdo entre los partidos de la coalición de Gobierno en medidas legislativas. Y en todo ese proceso, Europa no quiere quedarse de brazos cruzados: Papademos debe aportar “garantías políticas sólidas” de que esos ajustes van a llevarse a cabo incluso después de las elecciones de la próxima primavera, y para ello Bruselas quiere propuestas de los Gobiernos para reforzar la vigilancia sobre Grecia.

Draghi descarta que el Eurobanco vaya a participar directamente en la reestructuración de deuda griega

Las ayudas son imprescindibles para que llegue a buen puerto el acuerdo entre el Gobierno  y la banca

El Eurogrupo ve con buenos ojos la propuesta germanofrancesa de congelar en una cuenta el dinero que garantice el pago de los intereses de la deuda. Hace un par de semanas, Berlín fue incluso más allá y propuso la creación de un comisario fiscal europeo con poder de veto sobre las decisiones de gasto: con las llaves de la Hacienda griega.

Los socios europeos de Atenas "reconocen el esfuerzo significativo de los ciudadanos griegos", dijo Juncker, pero –y con Grecia siempre hay un pero—a renglón seguido advirtió de que el Eurogrupo aun “no dispone de todos los elementos necesarios para tomar una decisión".

El acuerdo entre los tres partidos que forman la coalición de Gobierno en Grecia se ha hecho esperar: llega varios días después de una de esas fechas límite que suele fijar la UE y casi nunca se cumplen. La eurozona paga ahora con la misma moneda. El Eurogrupo tomará la semana próxima la solución definitiva sobre el nuevo plan de rescate, de al menos 130.000 millones de euros, imprescindible para dar aire a Atenas. "No va a haber decisión [sobre las ayudas]", avisó a su entrada a la reunión Wolfgang Schäuble, ministro alemán de Finanzas. Y así fue.

El nerviosismo por las promesas rotas en los últimos meses y la falta de cumplimiento de las fechas límite impuestas a Atenas ha acabado por colmar la paciencia de algunos países. Ahora, los ministros quieren ver cómo se aplican las medidas. Y los países triple A -con Alemania a la cabeza, seguida de cerca por Holanda y Finlandia-, se muestran reticentes a elevar el importe del rescate pactado en octubre, de 130.000 millones.

"Es tarea de Atenas poner en marcha acciones concretas para convencer a sus socios europeos de que un segundo plan puede funcionar", resumió el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn. Schäuble cortó por lo sano las expectativas de elevar el importe de los préstamos internacionales, algo con lo que se ha especulado en las últimas semanas: "No vamos a discutir un incremento", dijo.

Los ultimatos de Europa para que los partidos griegos aprobaran los recortes (un paquete de 3.300 millones de euros con medidas sobre los salarios, las pensiones y el gasto) tenían un triple objetivo. Por un lado, Atenas necesita el nuevo plan de ayuda ante la constatación de que el anterior no es suficiente: la recesión es más profunda de lo esperado. Además, el Ejecutivo de Lukas Papademos tiene que hacer frente a un vencimiento de deuda de 14.400 millones el 20 de marzo. Por último, las ayudas son imprescindibles para que llegue a buen puerto el acuerdo entre el Gobierno heleno y la banca internacional. Se trata de que el sector financiero asuma parte de la reestructuración de deuda: un intercambio "voluntario" de bonos con un recorte del 70%, equivalente a unos 100.000 millones de euros. Grecia ha asegurado que ya hay un principio de acuerdo "técnico" con la banca.

El líder de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo, Hannes Swoboda, dirigió ayer una carta al presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, en la que le expresaba "su preocupación por la condicionalidad impuesta a Grecia como precio para aprobar el último tramo de los créditos". En su opinión, "los representantes de la Comisión parecen haber actuado más sobre la base de la infundada afirmación de que Grecia no ha hecho los suficientes esfuerzos para restaurar la estabilidad fiscal y han impuesto unas condiciones que tienen menos que ver con la economía que con la ideología". Swoboda calificó de "ruinosas” las políticas de “extrema austeridad” impuestas a Grecia.

El capítulo final sobre Grecia se acerca, pero sigue sin estar del todo claro. La solución se acerca, pero aun no está del todo clara. Mario Draghi, presidente del BCE, contribuyó a alimentar esa percepción: no acaba de enseñar su mano en la partida de póquer griega, aunque sí muestra alguna de sus cartas. Draghi descartó que el Eurobanco vaya a participar en la reestructuración de deuda griega, pero dio a entender que podría contribuir por una vía indirecta, redistribuyendo parte de los beneficios de su inversión en bonos griegos (que pagan altísimos intereses) a la eurozona para que a su vez esta financie a Grecia.