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Bruselas echa por tierra la fusión entre la principal Bolsa de Nueva York y Fráncfort

La Comisión justifica que la operación crearía un "cuasi monopolio" en los mercados financieros

Imagen de archivo del comisario europeo de Competencia.
Imagen de archivo del comisario europeo de Competencia. REUTERS

No habrá gigante europeo de las Bolsas, porque tal vez no sería tan europeo como parece y porque Bruselas considera que eso sería dañino para la competencia. La Comisión Europea (CE) vetó ayer la fusión entre las bolsas de Fráncfort y el principal parqué de Nueva York (NYSE) al considerar que esa operación, tasada en 9.500 millones de dólares (unos 7.200 millones de euros), hubiera creado un monopolio nocivo para la rivalidad que debe existir en los mercados financieros.

 El vicepresidente y comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, fundamentó esa decisión en el “cuasi monopolio” de la empresa resultante en el comercio de derivados en euros: “Esos mercados están en el corazón del sistema financiero y es crucial para la economía europea que se mantenga la competencia”, dijo en rueda de prensa.

Es la vigésima segunda vez que Bruselas frena una fusión, pese a que desde 2004 apenas había habido tres casos. El veto no gustó a los afectados, que tenían luz verde de las autoridades estadounidenses desde el pasado diciembre. Reto Francioni, primer ejecutivo de la Bolsa de Fráncfort, aseguró que la decisión supone “un día negro” para Europa.

La operación habría creado un gigante con el 95% del mercado internacional de futuros

En medio de un rápido proceso de fusiones y adquisiciones en las Bolsas mundiales y con los parqués asiáticos moviéndose con rapidez, la clave del bloqueo europeo son los oscuros derivados. Fráncfort y Nueva York concentraban, conjuntamente, más del 90% de ese mercado en euros. Los derivados son sofisticados productos financieros cuyo valor depende (se deriva, literalmente) del precio de un producto, de un índice o de una cesta de monedas, por ejemplo. Son un modo de amortiguar los riesgos “apostando por muchos caballos a la vez en lugar de por uno solo” [Para comprender la crisis, Gabriel Tortella y Clara E. Núñez], aunque ni siquiera para los expertos era fácil entenderlos bien: el gurú Warren Buffett los ha bautizado como “armas de destrucción masiva”. Básicamente, porque la banca solía colar de matute activos muy arriesgados a los compradores de derivados, como ocurrió en el caso de las hipotecas basura de EE UU.

Los ejecutivos de Deutsche Börse y NYSE acudieron a Davos la semana pasada para presionar al máximo a favor de la operación, cuyo bloqueo se daba por seguro en los mercados . Ya en diciembre Bruselas dejó entrever que el proyecto tenía visos de descarrilar, pese a que el comisario de Mercado Interior, Michel Barnier, era favorable a la fusión, que hubiera creado uno de esos “campeones nacionales” tan del agrado de la escuela francesa. Almunia disparó contra ese argumento: en realidad, ni siquiera la Bolsa de Fráncfort es de capital 100% europeo, lo que dejaba la mayoría del nuevo operador en manos norteamericanas.

El bloqueo de Bruselas debería agradar a la City de Londres y a Chicago, que ven cómo se frustra la creación del que estaba llamado a ser el nuevo líder global de las Bolsas. El pasado año hubo varios intentos frustrados: EE UU rechazó la oferta de Nasdaq e Intercontinental Exchange sobre NYSE; los accionistas detuvieron la fusión entre las Bolsas de Londres y Toronto, y tampoco cuajó la compra de la Bolsa Australiana por la de Singapur.

La política de competencia europea suele detener ese tipo de fusiones cuando pueden tener efectos negativos sobre los precios, cuando pueden menoscabar la calidad del servicio o entorpecer la innovación. Ayer Almunia citó en varias ocasiones todo eso. Aunque en otras áreas del sistema financiero hay menos problemas: una oleada de fusiones patrocinadas por los Gobiernos recorre la banca europea —y España—, en busca de que los más fuertes se queden con las entidades más golpeadas por la crisis.