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La crisis del euro

Lagarde asegura que la economía mundial corre el riesgo de hundirse en "una espiral descendente"

La directora del Fondo Monetario Internacional advierte a Pekín que Asia "no es inmune" a la crisis

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha dibujado hoy en Pekín un panorama muy gris para los próximos años si los gobiernos de todo el mundo no actúan de forma coordinada y toman medidas contundentes. Lagarde ha advertido que la economía global corre el riesgo de hundirse en "una espiral descendente de incertidumbre e inestabilidad financiera" y tener que hacer frente a una "década perdida", con un potencial desplome de la demanda y poco o ningún crecimiento.

Así lo ha señalado en un foro financiero internacional en la capital china, donde ha querido lanzar también un mensaje a sus anfitriones y otros países de la región. Lagarde ha asegurado que Asia no es ajena a los problemas que atraviesa la eurozona, y que, aunque las economías asiáticas son relativamente fuertes, necesitan estar "preparadas para la tormenta". "Estamos todos en esto y nuestra fortuna subirá o caerá a la vez (...) Asia no es inmune. Ya sea el canal del comercio o el sector financiero el que pueda actuar como acelerador de la crisis, Asia necesita estar preparada", ha señalado, informa France Presse.

El FMI recortó el mes pasado las previsiones de crecimiento para Asia este año del 7% al 6,3%, como consecuencia de la crisis de la deuda en Europa y una posible ralentización en Estados Unidos. Tras un fuerte comienzo de año, el ritmo asiático se ha aminorado por la menor demanda de las economías occidentales y el terremoto y el tsunami que asolaron Japón en marzo.

Durante su visita de dos días de duración, Lagarde abordará seguramente con las autoridades chinas la posible contribución de Pekín al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, establecido para ayudar a las economías en apuros. Los gobiernos europeos han pedido a China que invierta en él, pero el país asiático, que posee las mayores reservas de divisas del mundo -unos 3.200 millones de dólares-, no ha adoptado hasta ahora ningún compromiso firme en este sentido.

La directora del FMI ha dicho que los gobiernos asiáticos que han endurecido su política monetaria para luchar contra la inflación, como es el caso de China, deberían "hacer una pequeña pausa". Y ha instado a Pekín a que acelere la apreciación del yuan, que, según Estados Unidos y Europa, está infravalorado, lo que, según argumentan, supone una ventaja competitiva para las empresas exportadoras chinas.

En la cumbre de los países del G20, la semana pasada, China se comprometió a flexibilizar más su moneda, pero expertos y analistas no creen que se produzcan fuertes cambios, dada la dependencia que tiene el país asiático de las exportaciones.

Los datos de la inflación china, publicados hoy, hacen presagiar un relajamiento de la política monetaria por parte de Pekín. La inflación se ralentizó sensiblemente en octubre, cuando fue del 5,5% anual, frente al 6,1 % en septiembre o el 6,5% al que llegó en julio pasado, el valor más alto en tres años. El descenso se ha debido a una desaceleración del alza de los precios de los alimentos, que han subido un 11,9%, frente al 13,4% en septiembre, según ha informado la Oficina Nacional de Estadísticas.

El Gobierno chino ha tomado en los últimos meses estrictas medidas -como subidas de tipos de interés y otras destinadas a restringir la concesión de créditos- con objeto de enfriar la economía, que creció un 9,1% en el tercer trimestre.

Estos controles han ahogado a muchos empresarios y han alimentado los temores de una desaceleración demasiado rápida, especialmente en un momento de menor demanda occidental de productos asiáticos, que ha afectado a muchas empresas chinas. Miles han entrado en bancarrota y otras han tenido que despedir a trabajadores, lo que ha levantado el fantasma de las protestas e inestabilidad social que tanto teme el Gobierno. Los pedidos de exportación por parte de compradores occidentales en la reciente feria de Cantón -un buen barómetro del estado del comercio chino- han caído más del 20% respecto a la edición de la pasada primavera, según la prensa oficial.

La restricción crediticia ha ayudado a contener el precio de las viviendas, pero ha castigado al mercado inmobiliario y la construcción, que suponen alrededor del 10% del producto interior bruto chino. La tendencia a la baja de la inflación -en cualquier caso muy lejos del 4% que se había fijado Pekín como objetivo para todo el año- hace prever una relajación monetaria en los próximos meses para impulsar el consumo doméstico y facilitar el acceso de las empresas a financiación. El FMI prevé que la economía china crecerá un 9,5% este año.