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El G-20 insta a Europa a actuar con rapidez para evitar el contagio global

Estados Unidos bloquea la ampliación del FMI para ayudar a la UE

Los ministros de Finanzas de los 20 países avanzados y emergentes del mundo sellaron ayer con buenas palabras y pocas muestras concretas de unidad y coordinación su reunión de Bercy (París), preparatoria para la cumbre del G-20 que se celebrará a inicios de noviembre en Cannes.

Blindada por un fuerte despliegue de seguridad, aunque la manifestación de los indignados parisinos estaba a apenas 10 paradas de metro, la cúpula económica mundial metió más presión a la zona euro al pedir a la UE que actúe rápido para potenciar el fondo de rescate "a fin de evitar el contagio" de la crisis fiscal. Europa prometió que el día 23 tendrá listo su plan de recapitalización bancaria, sin dar un solo detalle a sus teóricos socios externos, y la cumbre aplazó hasta Cannes la idea francesa de dotar de más dinero al FMI para ayudar a los países y bancos europeos con problemas.

Salgado apunta que la quita de la deuda griega puede superar el 21% previsto

"La prioridad es que Europa ponga orden en su propia casa", según Australia

En realidad, EE UU bloqueó todo acuerdo en esa dirección, como había anunciado el titular del Tesoro, Timothy Geithner, antes de la reunión. "El FMI tiene ya muchos recursos, y no los tiene comprometidos", dijo ayer Geithner. Algunos países emergentes (China, Brasil e India) ofrecieron inyectar 350.000 millones de dólares al FMI hasta casi doblar sus fondos actuales con la idea de echar una mano a los países y bancos con problemas de liquidez, pero las potencias anglosajonas prefieren esperar y ver. "La prioridad aquí es que los europeos pongan orden en su propia casa", sentenció el ministro australiano, Wayne Swan. Alemania, por boca de su ministro Wolfgang Schäuble, coincidió en que Europa "debe resolver sola sus problemas".

La ministra española, Elena Salgado, explicó que el FMI había informado a la cumbre de que posee "fondos suficientes", pero recordó que si se decidiera finalmente aumentar las reservas, España estaría de acuerdo. Francia, anfitriona de la cumbre, era la más interesada, porque eso permitiría a sus bancos con problemas captar recursos por una vía distinta a la europea.

En sus conclusiones, el G-20 ministerial se comprometió a mejorar la coordinación para "regular el sistema financiero". El retórico compromiso de intenciones dejó, como suele, un sabor más agrio que dulce.

Por una parte, quedó claro que un grupo liderado por EE UU, Canadá, China y Reino Unido, pese a las afirmaciones de los días previos, sigue sin confiar del todo, y quizá no sin razón, en la capacidad de la UE para resolver sus problemas fiscales, y temen que el contagio borre de un plumazo el precario crecimiento global. Por otro lado, Europa y algunos emergentes parecen haberse unido ante los grandes guías de la economía mundial en la idea de que es la salvaje desregulación financiera, y no solo la deuda europea, el origen del problema.

La mera presencia en París de un secretario del Tesoro vinculado al poder de Wall Street, que asistió durante años desde la impasible Reserva Federal de Nueva York a la alegre orgía de hipotecas basura y derivados que causó el desastre en 2008, sugiere que un cambio radical del sistema será difícil. Esa mayor regulación, que la ministra española, Elena Salgado, calificó como "urgente", cuenta aún con potentes detractores dentro y cerca de muchos Gobiernos y bancos centrales.

Entre unas cosas y otras, los pasos adelante en un grupo tan heterogéneo se dan a ritmo de caracol, y con fórmulas que a veces suenan casi infantiles. Por ejemplo, el G-20 consideró un "avance" hacia la regulación la decisión de elaborar una lista de los bancos sistémicos. Tampoco se avanzó un centímetro en la instauración de una tasa sobre las transacciones financieras, solicitada estos días por la canciller Angel Merkel clamando en el desierto.

En la cumbre no se habló de la deuda griega. "No es el foro adecuado", dijo Salgado, dando una idea de la fraternidad que preside hoy estas reuniones. Pero la ministra afirmó que la quita de Atenas será finalmente superior al 21% previsto, por ajustes técnicos que no detalló. También lo piensa el ministro francés François Baroin: "Será más, eso es más o menos seguro". Tampoco se habló de un eventual rescate de la banca europea, un término al que Salgado prefirió referirse con el más suave "fortalecer capital". Todo queda pendiente de que Europa haga sus deberes y en el próximo consejo de Bruselas presente en sociedad el plan que están elaborando París y Berlín a marchas forzadas. Francia quiere que el fondo de rescate sea un banco, pero Alemania y el BCE prefieren una especie de aseguradora.

De momento, las cifras del plan Merkel-Sarkozy son el secreto mejor guardado. En París se dice que finalmente podría haber una ampliación del fondo de para darle más pegada. Rezando, claro, para que el virus griego no se extienda a Portugal, Irlanda, España e Italia. Lo que los sajones llaman los PIGS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de octubre de 2011