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Julian Barnes se hace con el Booker

El libro 'The sense of an ending' obtiene el galardón más prestigioso de las letras anglosajonas

Julian Barnes equiparó en una ocasión la concesión del premio Man Booker a los caprichos del bingo, quizá porque se le había escapado en tres ocasiones, incluida la nominación fallida de su famoso libro El loro de Flaubert. Más de cinco lustros después de que aquella obra sellara su consagración literaria, el autor británico ha conseguido finalmente esta noche el galardón más prestigioso de las letras anglosajonas gracias a un texto tan breve en extensión (150 páginas) como ambicioso en su formato y fondo.

La novela The sense of an ending, la cuarta de Barnes que el Booker ha seleccionado como finalista en sus 41 años de historia, narra la historia de una amistad infantil truncada por el suicido y recoge las reflexiones de un hombre en la edad madura sobre las imperfecciones de la memoria. "En términos puramente técnicos es una de las obras más potentes que he leído nunca", subrayaba una de las jueces del Man Booker, Gaby Wood, en alusión a la victoria del escritor nacido en Leicester hace 65 años y considerado uno de los exponentes del posmodernismo literario.

La talla incuestionable de Julian Barnes ha acabado imponiéndose en una edición del Broker especialmente polémica, cuando un sector del mundillo literario viene denunciando su tendencia a la impronta populista. "Queremos que la gente compre estos libros y los lea, no solo que los compre y simplemente los admire", declaró la presidenta del jurado, Stella Rimington. La propia personalidad de Rimington ha sido cuestionada como jefa del jurado: se trata de la primera mujer que dirigiera los servicios de inteligencia británicos MI5, antes de reciclarse en autora de thrillers de espionaje, muy entretenidos y también intrascendentes.

Cuatro británicos y dos canadienses aspiraban a este premio dotado con 57.000 euros, entre ellos los debutantes Stephen Kelman y AD Miller. Este último, excorresponsal en Moscú del semanario The Economist, relata en su libro superventas Snowdrops el declive moral de un joven inglés en el universo corrupto de la nueva Rusia. También fueron objeto de las deliberaciones del jurado la novela de Kelman (Pigeon English) sobre la violencia de las bandas urbanas retratada a través de los ojos de un niño, la décima obra de la veterana y apreciada Carol Birch (Jamrach's Menagerie) y la cuestionada por la crítica, Half Blood Blues, de la joven autora canadiense Esi Edugyan.

El punto revolucionario lo puso la selección, por primera en la larga singladura del Booker, de un western. La apuesta por Patrick deWitt y su The sisters brothers no presentaba demasiados enteros en las casas de apuestas de las islas, pero su sola nominación ha procurado al autor, nacido en Vancouver en 1975, una importante cobertura publicitaria y comparaciones con la caligrafía cinematográfica de los Cohen.

La velada no solo ha puesto la guinda en la carrera de un autor como Julian Barnes. Las ventas en conjunto de los seis libros incluidos en la final superaron con creces a lo largo del último año las conseguidas por cualquier lista de finalistas en anteriores ediciones.