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Necrológica:

Alfonso Escámez, un banquero de la vieja escuela

El ex presidente del Banco Central cerró su carrera en Cepsa en 1996

Seguro que el que fue presidente del Banco Central Alfonso Escámez López (Águilas, Murcia, 1915), miraba estos últimos meses con sorna las noticias sobre la crisis financiera que sufren bancos y cajas españoles. Aunque con elementos diferentes, Escámez, que ayer murió a los 94 años, ha vivido otras crisis y sabía que todas tienen elementos comunes por muchas excusas que ahora pongan algunos. La exagerada valoración de unos activos que luego pasan factura a la solvencia de los balances: eso lo vivió Escámez cuando se vio obligado a buscar la fusión con el Banco Hispano a principios de los noventa, con la anterior crisis inmobiliaria. Antes lo había intentado con el Popular, el Vizcaya y Banesto. La unión no dio resultado y con el tiempo, en 1999, el Banco Central Hispano acabó en manos del Santander.

Tenía fama de banquero echado para adelante, de buscar soluciones por todas partes aunque a veces esas jugadas parecieron huidas hacia adelante sin éxito. Cuando se intervino Banesto, se publicó que podía haber sido el Banco Central, cuyos activos estaban igualmente deteriorados, pero el Banco de España no se podía permitir el lujo de ver quebrar dos entidades tan grandes y Mario Conde, presidente de Banesto, tenía más enemigos.

La inversión industrial, la presencia en Latinoamérica y, cómo no, la fuerte presencia en el mercado inmobiliario generaron enormes problemas en el Central. Conocido como uno de los máximos representantes de la vieja escuela de la banca española, rebasó la meta de su larga carrera empresarial en primavera de 1996, tras dejar la presidencia de Cepsa a los 80 años de edad. El 30 de octubre de 1992, Escámez había abandonado la presidencia del Banco Central Hispano, absorbido después por el Santander de Botín, donde se graduó como juntero por su capacidad para organizar y controlar el desarrollo de las juntas de accionistas, incluso en los casos más difíciles.

Se trata de uno de los banqueros que más tiempo ha permanecido en activo: unos 62 años. Escámez fue contemporáneo de ilustres nombres como Luis Valls Taberner, su hermano Javier, José María Aguirre Gonzalo, Luis Usera, José Ángel Sánchez Asiaín, Ángel Galíndez, Emilio Botín (padre) y Rafael Termes.

Es el mejor ejemplo de un hombre hecho a sí mismo. Su vida es un guión de una película. A los 14 años, tras la muerte en accidente de automóvil de su padre, en 1929, dejó los juegos para entrar de botones del Banco Internacional de Industria y Comercio, en la agencia de su pueblo. El banco -presidido por Ildefonso Fierro- fue absorbido en 1941 por el Central. Escámez ascendió poco a poco hasta que, en los cincuenta, el presidente, Ignacio Villalonga, le nombra su segundo. El delfín Escámez sucedió a Villalonga en 1973 y llegó a la presidencia. "Hay que llegar antes que los demás y hacerse más fuerte", solía decir este ejecutivo, considerado el último dinosaurio de la banca.

Aficionado a la pesca, supo adaptarse a las restricciones en las épocas siguientes a la Guerra Civil, a los primeros vientos aperturistas y, más adelante, a los de la europeización. Franco le concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, y el Rey el título de Marqués de Águilas.

Su dilatada carrera le permitió participar, como protagonista activo, en la reconstrucción de las estructuras bancarias y empresariales que tuvo que afrontar la economía española como consecuencia de los nuevos tiempos: fin del proteccionismo, de la autarquía, concentraciones bancarias, nuevas formas de hacer negocios, la llegada de una nueva casta empresarial... En toda esa singladura defendió a capa y espada su imagen de gestor serio, de empresario y de ejecutivo bancario, consciente de la escasa admiración que esta última labor suele despertar, como destacó el Rey con motivo de su nombramiento como senador en 1977.

La citación del juez Marino Barbero para declarar como inculpado del caso Filesa es tal vez una de las pocas manchas en su currículo -aunque él siempre negó ese extremo-, junto al fracaso de Andaluza de Piritas. Pero más allá de eso quedará como uno de los últimos mohicanos de una manera de hacer banca.

Escámez falleció ayer en Madrid, los 94 años de edad, después de padecer un problema cerebral desde hace dos semanas. Los restos mortales del ex banquero serán trasladados esta noche al Tanatorio de La Paz, cercano a la localidad madrileña de Tres Cantos, donde quedará instalado el velatorio. Y mañana será trasladado a Águilas (Murcia), su localidad natal, donde será enterrado en el pabellón familiar.