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COLUMNA

La bajona no perdona

Siempre se dice -y es un tópico tan barato como "la natación es el deporte más completo" o "el mejor cine se hace en televisión"- que la comedia es un género perfecto para tiempos de crisis. El público quiere reírse, olvidarse de sus problemas por un rato. De hecho es un argumento que se usa para vender este tipo de películas. "La mejor receta contra la crisis", rezaba el eslogan publicitario de un estreno cómico.

Nunca me ha gustado esta visión de la comedia, pero quizás hasta hace un par de días no me di cuenta de por qué. Antes siempre argumentaba que la comedia no es utilitaria, no tiene una finalidad más allá de la propia risa, de ahí que abominara prácticas como la "risoterapia", tan artificial y forzada. Pensaba esto sin convencerme mis propias razones. Porque incluso alguna de mis películas favoritas, como Los viajes de Sullivan, de Preston Sturges, planteaban la tesis de "la comedia hace olvidarte de tus penas" de manera muy convincente.

Y hace unos días hubo una acumulación de malas noticias en mi círculo más cercano que me provocaron un bajón importante. No me refiero al cierre de Megaupload, no, sino a problemas laborales de gente a la que quiero o respeto. El caso es que estaba mal, rabioso, preocupado. ¿Os suena, no? Así creo que nos sentimos un poco todos. Y como hago muchas noches, me puse una película en casa. Pero no sé por qué no cogí el DVD de una comedia o una peli de acción entretenida. Opté por la linea dura porque me acababa de comprar el Blu-Ray de El cazador, de Michael Cimino. Ya la había visto y sabía que era una película oscura y deprimente, pero aún así le di al play.

Entonces entendí por qué eso de que "la comedia es el remedio contra la crisis" me parecía una chorrada mayúscula. Viendo a lo que se enfrentan los personajes de Robert de Niro y Christopher Walken -la guerra, el dolor, la locura que tan bien se representa en el juego de ruleta rusa que es parte de la película-, relativicé muchísimo mi agobio personal. No paraba de pensar: "Ellos sí que están fatal". Con esto no quiero decir que el argumento "hay gente que está peor" sirva para aliviar las penas. Sería un razonamiento simplón y conformista.

Sé que el mundo hay cosas peores que el despido de uno de los mejores profesionales del mundo del cine, José Luis Cienfuegos, en el Festival de Gijón, o los apuros laborales de mis seres queridos. Pero eso no quita para que esas noticias nos avergüencen y nos entristezcan. Lo único que quiero decir con lo anteriormente dicho es que una película trágica me puede levantar el ánimo más que una divertidísima comedia. Porque creo que si estás pasando un mal momento, llorar es más liberador (y lógico) que reírte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de enero de 2012