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Necrológica:

Frederica Sagor Maas, guionista de cine mudo

Sus textos lanzaron la carrera de numerosas estrellas

Hollywood llevó a la guionista Frederica Sagor Maas al borde del suicidio. Se sentía acosada, ninguneada, plagiada y abusada en una industria dada a los excesos en donde uno de sus guiones lanzó la carrera de la estrella del cine mudo Clara Bow. Sin embargo, Maas falleció el pasado 5 de enero a los 111 años, la tercera persona más longeva en California (EE UU) y después de haberlo contado todo y haber visto morir a quienes la hicieron sufrir. Como dijo en sus memorias, "estoy viva y coleando y, bueno, hijos de puta, estáis bajo tierra mientras yo he vivido hasta los 99".

Hija de inmigrantes judíos, nacida en Nueva York y estudiante de Periodismo, carrera que nunca concluyó, su verdadera escuela fue la sala de un cine donde aprendió todo lo que necesitaba saber sobre el séptimo arte. Al menos en el terreno artístico, donde sus guiones sirvieron de rampa de lanzamiento a numerosas estrellas de aquella época como Louise Dresser, Constance Bennett o la propia Bow. Para ella escribió la adaptación de la novela de Percy Mark The plastic age mientras que Greta Garbo hacía suyo el guión de El demonio y la carne.

En sus memorias se decidió a contar todo lo vivido en 111 años

Sagor Maas lo vivió todo, el arranque del cine, las películas mudas, los comienzos del sonoro, la caza de brujas y más, a juzgar por el Hollywood babilónico que describió en esas memorias tardías que escribió bajo el título de The Shocker Miss Pligrim: A Writer in Early Hollywood. Memorias en las que describió sin pelos en la lengua el chauvinismo, la misoginia y la discriminación a la que se vio sometida como mujer en esta industria en los años veinte. También describiría casos de prostitución, abuso de poder o plagio en un mundo que prefirió abandonar junto con su marido, el guionista y productor Ernest Maas, antes de que les costara la vida. Estuvo a punto de hacerlo, cuando en 1950 dirigieron su Plymouth a las colinas de Hollywood con intención de suicidarse. Maas falleció en 1986 de Parkinson a los 94 años y su muerte animó a su esposa a contarlo todo. A describir, por ejemplo, a un Louis B. Mayer, fundador de la Metro Goldwyn Mayer, como alguien en el que era imposible confiar; hablar de una Bow bailando desnuda encima de las mesas de alguna de las "fiestas salvajes" por las que Hollywood fue conocido, y un Irving Thalberg "niño de mamá" que más parecía no haber tenido abuela.

Sagor Maas también se labró su reputación en la época, vista primero como una "buscapleitos" y más tarde acusada de comunista, afiliación política que siempre negó. La adaptación de uno de sus guiones, un estudio serio del trabajo de la mujer, en un musical con Betty Grable como protagonista titulado The Shocking Miss Pilgram, fue la gota que colmó el vaso para dejar la industria y dedicarse a la venta de seguros. La guionista nunca se arrepintió de su decisión y en una de sus últimas entrevistas aseguró que si pudiera echar marcha atrás volvería a dejar esta industria "sin sustancia" y se dedicaría a fregar escaleras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de enero de 2012