Reportaje:

Un crucero malogrado

Un matrimonio valenciano relata su experiencia en el naufragio del 'Costa Concordia'

Diariamente afronta situaciones de emergencia, pero ahora le tocaba protagonizarlas. El médico Enrique Badenes y su mujer María José Linares, residentes en la localidad valenciana de Mislata, viajaban en la malograda embarcación Costa Concordia. Estaban cenando, recuerda su mujer, cuando ocurrió el accidente. Oyeron "un gran ruido como si algo se estuviera desgarrando y todo empezó a volar". Guiada por la experiencia de su marido buscaron las paredes para esquivar desprendimientos y esperaban unas obsecuentes instrucciones que no llegaron: "Solo avisaron de problemas con unos generadores. Y puedo entender que el capitán eluda decir que el barco se hunde, pero es incomprensible que nadie dé indicaciones en dos horas", señala Enrique.

"Si pasa en alta mar, acabamos como el 'Titanic'
Esperan que sirva para hacer protocolos de emergencia

Las claves con las que se hablaba el personal del barco y la progresiva inclinación de aquel mastodonte confirmaron lo peor. Aquello se hundía.

En cinco días de crucero no habían realizado ningún simulacro de evacuación, solo una charla, y así, sin luz y con lo puesto, se dirigieron a la cuarta planta, donde estaban las barcas y los chalecos salvavidas. Y llegó el momento crítico: subir a las barcas y echarse al mar.

Las lágrimas afloran en el rostro de María José: "Las barcas estaban atestadas. Iríamos un centenar. No queríamos que entrara más gente, pero ¿cómo negar subir a un padre y a su hijo?". Enrique subraya que nadie controlaba la capacidad de las lanchas, mientras agradece la actuación de tres muchachos de apariencia asiática de la tripulación que botaron esas pequeñas lanchas en una maniobra muy compleja porque al descender chocaban con el casco ya totalmente escorado. "Pedían que cantáramos para mitigar el miedo, pero nadie abría la boca". Según Enrique, se salvaron gracias a ellos y a que estaban a escasos 200 metros de la costa. "Si llega a pasar a un kilómetro o en alta mar, acabamos como el Titanic".

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Con el mar como un plato, arribaron a la isla de Giglio. Después tomaron un ferry hacia la península itálica y un autobús para Roma. A Valencia llegaron ayer. Durante el crucero conocieron a otro matrimonio de Valencia, por lo que sí había ciudadanos de la provincia embarcados, en contraste con lo apuntado por la Delegación de Gobierno en la Comunidad Valenciana, que señaló que había siete alicantinos.

El matrimonio espera que este accidente sirva para establecer protocolos de emergencia en estos colosos marinos. Descartan los cruceros y no, no son supersticiosos, porque aunque el accidente ha ocurrido el primer viernes 13 de un año bisiesto (con fama de mala suerte) pueden contarlo sin un rasguño.

Enrique, con la trajeta del <i>Costa Concordia</i> en la mano, y María José, ayer en su casa en Mislata.
Enrique, con la trajeta del <i>Costa Concordia</i> en la mano, y María José, ayer en su casa en Mislata.JORDI VICENT

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