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Crítica:

Fincher contra la memoria

En el mundo de la repetición, el reciclaje y la multicopia, Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres, versión 2011, llegaba para convertirse en la versión mejorada, en la brillante idealización, en la sublimación de un material no ya utilizado, sino casi sobado, a un paso de lo gastado. En poco más de dos años, los que hemos abarcado todo el cupo de la saga de Stieg Larsson (unos por devoción, otros por obligación) habremos leído tres tochos que, sumados, alcanzan las 2.300 páginas y, por ahora, cuatro películas de 11 horas de duración total. ¿Demasiado? Sí, sin duda. Pero he aquí que el nuevo Millennium aparece de la mano de Daniel Craig en la interpretación, Steven Zaillian en la adaptación y, todos en pie, David Fincher en la dirección, así que entre la desidia por hastío se abre paso la ilusión por fervor.

MILLENNIUM

Dirección: David Fincher.

Intérpretes: Daniel Craig, Rooney Mara, Stellan Skarsgard, Christopher Plummer.

Género: intriga. Estados Unidos, 2011. Duración: 158 minutos.

Y, sin embargo, aunque estemos ante una versión mejorada, la excelencia no acaba de materializarse. Y ahí entran en juego dos factores. El primero, externo, tiene más que ver con las sensaciones que con el análisis, porque lo propicia la inevitable percepción del "ahora viene cuando..."; es decir, el excesivo conocimiento de cada asunto resta capacidad de sorpresa, algo que debería ser inherente a un thriller de intriga como este. Eso sí, y empezamos a inclinar la balanza en favor de la película, la maestría de Fincher para la rotundidad, para la conjunción de elementos formales que apoyen lo meramente textual es incuestionable. Como ya ocurría en La red social, se parte del clasicismo en la puesta en escena para, previo paso por un montaje cortante pero invisible, y con la ayuda de otra banda sonora de Trent Reznor paradójicamente oscura y radiante al mismo tiempo, alcanzar la modernidad con la plena visualización de la podredumbre moral que envuelve a los personajes. Para entendernos, la prosa (cinematográfica) de Fincher posee la calidad que no tiene la (literaria) de Larsson.

Por contra, el segundo factor que enturbia un tanto la película pertenece al territorio del guion de Steven Zaillian, reputado escritor de, entre otras, La lista de Schindler. Como ya ocurrió con la primera producción sueca que adaptaba la obra de Larsson, se han sintetizado algunas tramas, se han eliminado otras (de hecho, casi las mismas) y la mezcla de intriga periodística, política, familiar, empresarial y criminal que aunaba la novela pasa a ser casi exclusivamente criminal. Nada que objetar. Ahora bien, lo que parece un error de bulto es que el clímax dramático se produzca 15 minutos antes del final. Zaillian, como sí hicieron en la traslación sueca, no ha querido suprimir el pacto de ayuda entre el patriarca de la familia y el periodista, concerniente al corrupto empresario que los une. Sin embargo, apenas le dedica tiempo en el núcleo central del relato, lo que conlleva que la resolución de este hilo argumental, casi olvidado por el espectador, ocupe buena parte de un desenlace que deja un regusto amargo, después de más de dos horas de potencia y carisma, por ejercer de anticlímax. De modo que Los hombres que no amaban a las mujeres, versión 2011, parece el mejor modo de iniciarse en el universo Larsson, pero no la película que hubiésemos deseado de un maestro como Fincher.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de enero de 2012