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Crítica:

Mafias coreanas

Aunque la extendida afirmación de que el mejor cine de la última década se ha hecho en Corea del Sur no deje de ser una boutade para engreídos, también es cierto que la distribución cinematográfica española no ha sabido sacar partido del continuo movimiento en torno al reciente boom coreano en los mercados del DVD y de las descargas (a)legales en Internet (si no las trae nadie a España, ¿cómo no se van a descargar?).

Una carencia que pretende paliar Mediatres Estudio, distribuidora especializada en cine oriental, que esta semana descubre al lego un nuevo nombre que unir, sobre todo, a los de Park Chan-wook (Old boy) y Bong Joon-ho (Memories of murder), sus coetáneos más semejantes: es el de Na Hong-jin, del que hoy se estrena su espectacular thriller social The yellow sea, una película inmersa en el mundo de las mafias tan cerca de las salvajadas sangrientas de Martin Scorsese como, en ciertos momentos, de ese crudo retrato social de aportaciones europeas como Gomorra o Un profeta, pero con un estilo particularmente propio.

THE YELLOW SEA

Dirección: Na Hong-jin.

Intérpretes: Ha Jung-woo, Kim Yun-seok, Cho Seong-ha, Lee Chul-min.

Género: thriller. Corea del Sur, 2010. Duración: 157 minutos.

Na Hong-jin realiza originales retratos de la marginalidad de Corea

Hong-jin, autor de la también recomendable The chaser (2008), está tan pendiente de construir espléndidas escenas de persecución (en coche y a pie) como de afilar los dardos sociales con retratos de la marginalidad muy originales, caso de la presencia de dos exmedallistas olímpicos (Corea se infló de premios en sus Juegos), ahora reciclados en parte de la mafia y del lumpen. Todo ello acompañado de una rotunda historia de amor, de sucesivas rupturas del continuo secuencial con insólitas mecánicas de montaje, abruptas e imaginativas elipsis y variados flashforwards, además de una abundante colección de hachazos y cuchilladas (¿en Corea no hay pistolas o qué?) que va llevando, in crescendo, hasta un territorio de descarnada violencia difícil de confrontar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de enero de 2012