Columna
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Limonov

Faltaba que la policía rusa detuviera en alguna de las protestas ciudadanas a Eduard Limonov y así sucedió el fin de semana. Este personaje que lidera el Partido Bolchevique, ultranacionalista y nostálgico, escritor de talento, de turbia biografía, es el protagonista del último libro de Emmanuel Carrère. El escritor francés, que ha ganado con su Limonov el premio Renaudot, es uno de los talentos más adictivos de la literatura europea y su último libro publicado en España, De vidas ajenas, ofrecía una perfecta muestra de ello. El nuevo deja un regusto mucho más complejo. Acostumbrados como estamos a que los literatos elijan la vida de santos, personajes intachables para sus retratos admirativos, nos falta cintura para disfrutar con esta peripecia agresiva, confusa y contradictoria.

Casi todo en Rusia nos es ajeno. Desconocemos su panorama político y tan solo recibimos noticia de la perpetuación en el poder de Putin, con sus conductas de antiguo líder del KGB, y los arrebatos de nuevo rico de una generación que saltó del comunismo a la explosión capitalista sin transición. Hace tiempo el muy interesante documental My Perestroika de Robin Hessman, como es natural inédito en España, ofrecía un panorama algo desolador de las ilusiones rotas para la generación que creció a la libertad. Luego, el relato de novelistas y periodistas, algunos de ellos asesinados con abierta impunidad, nos fue guiando en una oscuridad brillante, llena de oro, petróleo, gas y modelos de piernas largas.

Supimos de Limonov, tras algunos libros y simpatías proserbias, cuando se asoció con el genio del ajedrez Kasparov para tratar de levantar una oposición significativa frente a Putin, pero aquello fue tan efímero como la nieve al sol. Ahora nos lo encontramos en la protesta más nihilista, asegurando que no hay nada que hacer frente al poder y que hasta las manifestaciones masivas son un marchamo de autenticidad para la corrupción imperante. Otro que añadir a la confusa lista de líderes de la oposición, como Mijail Prokhorov, millonario que posee los Nets de Nueva Jersey en asociación con Jay Z. Una sopa de siglas y nombres sobre la que es probable que siga reinando el caudillo del orden. País de asombrosa poética, de arte trágico y desesperado, la realidad es su mejor motor de explosión.

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