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45 toneladas de agua radiactiva se filtran desde la central de Fukushima

Una grieta en el sistema de contención permitió ayer que 45.000 litros de agua radiactiva (aproximadamente 45 toneladas) se filtraran entre la barrera y el suelo de cemento de la central atómica de Fukushima (Japón), detenida desde el 11 de marzo, cuando la instalación sufrió primero el terremoto y luego el tsunami que arrasó la costa noreste del país.

La última información facilitada por la compañía Tepco (Tokyo Power Electric Company) en su web es que la fuga se detuvo después de reforzar la estructura con sacos de arena a las 15.30 hora local (las 7.30 en la Península). Además, se precedió al bombeo del agua almacenada tras la barrera física a un tanque temporal. Aun así, agencias de noticias como Bloomberg afirmaban que era posible que parte del agua radiactiva hubiera llegado al mar.

El nivel de cesio radiactivo logró ser reducido hasta los 45 becquerelios por centímetro cúbico después de ser tratada, pero el agua todavía tenía estroncio, que supone una radiactividad de 130.000 becquerelios por centímetro cúbico (hasta un millón de veces el máximo permitido). El agua estaba siendo tratada en una unidad de desalinización, paso previo a una posible eliminación de componentes radiactivos, sobre todo estroncio-90. Este puede ser absorbido por el ser humano al comer animales (pescado, marisco) que hayan estado en aguas contaminadas.

No es la primera vez que la planta de Fukushima sufre una fuga de agua radiactiva. Ya en octubre pasado, un grupo de inspección francés afirmó que la central era la responsable de la mayor fuga nuclear al océano (al Pacífico en este caso) de la historia. Se han medido aumentos de la radiactividad de las aguas a miles de kilómetros, en lugares tan lejanos como Hawai, que se consideran asociados a las fugas de la central, que tuvo que ser literalmente inundada por agua del mar para enfriar lo antes posible los núcleos de uranio.

De acuerdo con la información facilitada por Tepco, el agua contenía además cesio-134 y cesio-137 en niveles que exceden el máximo recomendado por motivos de seguridad unas 300 veces. La compañía anunció ayer que hará un estudio sobre su impacto en la costa, adonde habría podido llegar por los sistemas de canalización que se usan para llevar agua al sistema de refrigeración.

Los datos tardarán tres semanas en ser recopilados y analizados. La Asociación Nuclear Mundial recuerda que los productos que se contienen en el agua pueden causar graves problemas sanitarios, como casos de leucemia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de diciembre de 2011