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Una orden religiosa cede a Vigo el albergue para indigentes

Podrá funcionar ya este invierno como centro de emergencia

Una junta de gobierno extraordinaria aprobó ayer la recepción de la Casa do Pescador como albergue público municipal de Vigo para indigentes. El inmueble, de propiedad municipal, con unos 2.000 metros cuadrados y 50 camas operativas y en perfectas condiciones, viene funcionando con un cometido análogo desde hace décadas, gestionado por la orden Misioneras del Silencio a través de una fundación cuyo patronato, con la cesión al Ayuntamiento, renuncia a su potestad de prorrogar la concesión que disfrutaba.

La fundación ha cedido gratis las instalaciones, aunque, según las informaciones facilitadas por su portavoz hace un par de meses, con algunas condiciones: mantenimiento de los seis empleados que actualmente atienden el servicio, apertura de un servicio de comedor, que la iglesia integrada en las instalaciones siga cedida a la diócesis y con los pasos de Semana Santa en ella y que sigan las cruces en las puertas de las habitaciones.

Los partidos usaron siete años como arma política la necesidad del centro

La solución al albergue para indigentes llega después de siete años de barajar distintas propuestas de los tres grupos municipales, que utilizaron el asunto como arma política. Ninguna de las propuestas, en ese largo periplo de busca de alternativas, prosperó, desde la inicial que abanderó el BNG para instalarlo en el edificio denominado Gota de Leite y que la actual Xunta impidió.

Además naufragaron otras propuestas como el proyecto, también del BNG, de instalarlo en un edificio nuevo del barrio de Ribadavia, que tuvo una fuerte contestación vecinal, o la del propio alcalde, de llevarlo a la antigua prisión.

El gobierno local apostó finalmente, y no sin protestas vecinales, por la reconversión en albergue de la antigua escuela de hostelería, para cuya remodelación se están realizando obras presupuestadas en 2,7 millones de euros, incluido un convenio con la asociación Emaús para que gestionara la atención a los indigentes durante cuatro años. Este convenio queda cancelado, según anunció ayer el alcalde, Abel Caballero, aunque no las obras de remodelación, que así se anticipa a posibles usos futuros.

Caballero agradeció a Misioneras del Silencio la cesión, tras más de cuatro meses de negociaciones, y rehusó explicar por qué, si las instalaciones están en perfectas condiciones, no se llegó antes a esta solución. "Agua pasada no mueve molino", respondió el alcalde. Caballero adelantó que los técnicos municipales están trabajando ya para establecer el modelo de gestión, a partir de lo cual se hará una valoración del coste económico del servicio para incluirlo en la pertinente partida de los presupuestos municipales, que al alcalde espera que "sean aprobados muy pronto" Después se sacará a concurso público la gestión del centro. Con independencia de esa tramitación, el albergue estará disponible como dispositivo de frío durante este invierno, como centro de emergencia, en caso de que se registren fuertes bajadas de las temperaturas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de diciembre de 2011