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PUNTO DE VISTA | ELECCIONES 2011

Voto y escrutinio

El vértigo de los mercados ha sido tal en la última semana que ha arrasado cualquier debate político alternativo. La apelación al voto se ha focalizado en cómo evitar el abismo de la bancarrota, qué hacer para que el tipo de interés de la deuda no siga subiendo hasta anular toda perspectiva de crecimiento y creación de empleo. Pero no solo de dineros van las elecciones, del voto dependen cuestiones capitales para nuestro futuro a medio plazo y para la credibilidad de la democracia como método para organizar una convivencia civilizada. Aun siendo imperfecto, no hemos encontrado otro mejor.

Las soluciones de emergencia adoptadas por los parlamentos de Roma y Atenas, con la designación de sendos técnicos para llevar a cabo unos durísimos planes de ajuste, no son el mejor aval democrático en medio de una crisis que Angela Merkel acaba de describir como la más grave padecida por Europa desde la II Guerra Mundial. Es la muestra palmaria del fracaso de unos políticos que no dudan en aprobar en el Parlamento las medidas quirúrgicas que les exigen pero rechazan la responsabilidad de llevarlas a cabo para no cargar con el coste electoral que puedan depararles en el futuro.

Por primera vez, en estas elecciones no existe la amenaza de ETA y los vascos votarán libremente

Aun si el sistema democrático pierde calidad a ojos vistas, si hay fundadas sospechas de que la política está corroída por intereses particulares, si se extiende el escepticismo sobre la capacidad regeneradora de las urnas, aun con todo eso, el voto de este 20-N es el instrumento que tenemos más a mano para que la voluntad mayoritaria fije el rumbo de los próximos años.

Votar exige respetar el veredicto de las urnas, pero no significa acatar en silencio cuanto decida el ganador y renunciar a un control minucioso de su ejercicio del poder. Deberíamos empezar por exigir al nuevo Gobierno que apruebe con carácter urgente una ley de acceso a la información pública, compromiso que figura en el programa de los dos partidos mayoritarios aunque no haya ocupado un segundo de campaña. Han pasado dos siglos desde que el pensador francés Benjamin Constant denunciara que "la autoridad quiere el secreto para actuar sin oposición", fuera de control. Es hora de que nuestro sistema democrático mejore su calidad con una ley de transparencia más necesaria que nunca en tiempos de mayorías absolutas.

En medio de los escalofríos que vienen provocando día tras día los mercados, ha pasado muy a segundo plano una noticia que por encima de los vaivenes de la economía quedará inscrita en los libros de historia: el cese definitivo de la violencia anunciado por ETA hace justamente un mes. Estas elecciones del 20-N son las primeras de nuestra democracia que se desarrollan sin la amenaza terrorista, después de una campaña en la que ningún candidato se ha jugado la vida por el solo hecho de representar a una sigla no nacionalista. Por primera vez los vascos votarán libremente y eso es lo que de verdad cuenta, al margen de cuál sea el resultado del escrutinio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de noviembre de 2011