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Análisis:EL ACENTO

El cielo sobre tu cabeza

De haber impactado contra la Tierra, el asteroide 2005 YU55 habría dejado el planeta casi peor que la crisis económica. Con el tamaño de un portaaviones de los grandes, el visitante cósmico habría causado un terremoto de unos 8 grados en la escala Richter -ríanse de El Hierro-, un tsunami con olas de 20 metros de alto y una explosión de 4.000 megatones. Esta última cifra equivale a 200.000 bombas de Hiroshima, en el improbable caso de que esa comparación sirva de algo. Por fortuna, ningún humano ha experimentado todavía ninguna de las dos situaciones. Y también por fortuna, 2005 YU55 nos pasó anoche a unos seguros 325.000 kilómetros de distancia. Eso es más cerca que la Luna, pero mucho más lejos de lo que suele preocupar a las agencias de calificación.

Los científicos han calculado que la probabilidad de que 2005 YU55 o algún objeto similar impacte contra la Tierra en los próximos 1.000 años no pasa del 1%. La probabilidad de que te toque el Gordo de Navidad en los próximos 50 años es aún menor, desde luego, de modo que sigue siendo mucho más fácil morir pobre que aplastado por un asteroide. Pero no hay que desesperar, porque nadie descarta la posibilidad de que Aphophis, otro asteroide algo más grande que el actual, nos pegue de lleno a mediados de 2036, y entra en lo posible que la crisis haya amainado para entonces.

Los asteroides tienen una pésima fama entre los dinosaurios, pues uno de ellos causó su extinción hace 65 millones de años, y la de la mitad de las especies que poblaban el planeta por entonces. El suceso fue tan formidable que, en los estratos geológicos de todo el planeta, marca el final de la era cretácica y el inicio del periodo terciario, con una fauna y una flora muy distintas. En muchos cortes geológicos, la frontera entre ambas eras puede reconocerse por la presencia de tectitas, unas rocas negras de vidrio natural. Aquel asteroide, que cayó junto a México, medía 10 kilómetros de diámetro, frente a los 400 metros de nuestro visitante de ayer.

Pero será por asteroides: hay otros 450.000 en el llamado cinturón de asteroides, entre las órbitas de Marte y Júpiter, y muchos miden 1.000 kilómetros de diámetro. Algún día el cielo caerá sobre nuestras cabezas y dejaremos de morir de pobres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de noviembre de 2011