Reportaje:diseño

Nuevas luces, viejos dilemas

Con la desaparición de la bombilla... ¿cómo dirigir la luz sin pantallas?

Las pantallas podrían pasar a la historia. Una lámpara puede ser hoy una estantería y la luz puede brotar de detrás de una puerta. Con la nueva domesticación de la tecnología led, que ofrece mayor duración, economía energética, fiabilidad y menor consumo y tamaño, la cuestión es antigua: ¿cómo dirigir la luz?, ¿cómo no deslumbrar sin pantallas?

El diseñador Antoni Arola (Tarragona, 1960) lleva años creando lámparas. Desde que fuera premio Nacional de Diseño, hace una década, se dedica tanto a investigar los efectos de la luz como a idear las formas que los producen. Así, aunque sea uno de los mayores expertos nacionales en el diseño de luminarias, lo que interesa a Arola es la luz, no las lámparas. Y con la tecnología led ha encontrado el soporte para que el objeto ceda su protagonismo al efecto. Poco formalismo, escasos materiales y mucha más sensación es lo que hay detrás de los últimos trabajos de Arola. Para la empresa Santa & Cole ha ideado las series Blanco/White (nada que ver con el escritor español), una colección de estantes fabricados en hoja de aluminio de un centímetro que llevan incrustadas microincisiones en la carcasa metálica, desde donde, separados con hojas de metacrilato, brillan ahora los leds. Brillan, pero no deslumbran.

Tampoco la lámpara Sin necesita bombilla y funciona con un anillo luminoso de leds. La luminaria se llama así porque puede funcionar sin pantalla. Con un ahorro energético del 92% respecto a la ya prohibida bombilla incandescente y con una rebaja en el consumo energético del 30% respecto a las fuentes fluorescentes, el led entra en nuestra vida cotidiana para revolucionar la iluminación en cualquier contexto: de las ciudades a nuestras viviendas.

Hace apenas una década que el diodo luminoso (Light Emitting Diode: LED) saltó de las pantallas de indicadores (de luces de posición o electrodomésticos) a la iluminación para adquirir protagonismo proyectando la luz (en lugar de quedándosela). Por entonces se comenzó a investigar sobre las tecnologías basadas en Oled, realizadas con polímeros orgánicos que, además de resultar más económicas (el alto precio sigue siendo el único inconveniente de los leds), permitían convertir la pintura en una fuente de luz.

Con esa idea, pero trabajando con leds digamos tradicionales, Arola realizó en Madrid su primera instalación de luz. A medio camino entre una atracción de feria, una pieza de James Turrell y un laboratorio del TBO, el diseñador coloreó de rojo y azul los tabiques internos de un prisma de pladur. Ocultando luminarias led, del sistema 094 de Viabizzuno tras sus tabiques-puertas pivotantes, acercó la luz al visitante como quien pone a mano una estrella. Arola demostró cómo la luz cambia el espacio, cómo el movimiento altera el cromatismo y cómo el led puede iluminar sin pantalla. Y sin deslumbrar.

Tabiques iluminados por Antonio Arola.
Tabiques iluminados por Antonio Arola.P. BAQUE
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