Cartas al director
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Aquelarre en Sirte

La visualización de todos los vídeos tomados durante la captura del coronel Gadafi y de su hijo Mutassim finaliza en un ajusticiamiento de ambos, con toda frialdad y alevosía, por las tropas rebeldes libias. Fueron detenidos en "acto de guerra". Los rebeldes tenían que aplicar la Convención de Ginebra de la misma forma que aceptaron con júbilo manifiesto el derecho internacional en el que se basó la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que permitió organizar una operación armada para proteger a la población civil en Libia. Esa Resolución implicaba también, además de la Convención de Ginebra, proteger las vidas de Gadafi y de Mutassim como "prisioneros de guerra". ¿Quién dio la orden para el linchamiento, la tortura pública y el asesinato de esas personas? No es nada difícil identificar en esos vídeos a torturadores y asesinos. Fueron capturados vivos. Tenían que haber sido conducidos a un hospital y posteriormente entregados a los altos responsables del Consejo Libio para ulterior juicio en Libia o ante la Corte Internacional de Justicia. Los rebeldes cometieron los mismos crímenes que estaban legítimamente combatiendo. La conciencia moral de la humanidad ha sido pisoteada. OTAN, sí, porque sin la OTAN no habrían ganado la guerra. Convención de Ginebra, no. Dos pesos y dos medidas que auguran malos presagios en la independencia de la justicia en Libia y en la catadura ética y moral de parte de responsables rebeldes. Me consta que todos los libios no son de esa calaña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 27 de octubre de 2011.

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