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Reportaje:escenarios

El largo viaje de Simba a la Gran Vía

Desde un 'backstage' del West End al teatro Lope de Vega. Este es el relato de una travesía que culmina con el desembarco en Madrid de 'El Rey León'

29 de junio de 2011 en el West End de Londres. Faltan 10 minutos para que se levante el telón en el Lyceum Theatre, y el coliseo está a rebosar. Y eso que El Rey León lleva en cartel más de 12 años. Detrás del terciopelo rojo, las cebras se pintan la cara con una herramienta con nueve pinceles alineados que alternan blanco y negro. La actriz que encarna a Rafiki cierra los ojos para que le maquillen las últimas rayas en la cara y los iluminadores están alerta para dar luz naranja al amanecer africano de la primera escena diseñada por su creadora, Julie Taymor, e inspirada en la película.

Por los pasillos que discurren entre las bambalinas del Lyceum Theatre, donde el musical es ya un símbolo, se accede a los secretos de El Rey León. Las máscaras que se controlan a través de un mando que los actores accionan con la mano, el vestuario diseñado por Taymor y que es un trabajo de preciosismo -piedras africanas y conchas marinas cosidas a mano una a una a los corsés de las leonas- y la joya de la producción: la colección de marionetas que convierten a los actores en la fauna de la sabana. Una de las más complejas, la del pájaro Zazu, mano derecha del rey Mufasa, es una suma de ganchos, varas y mecanismos cuyo precio asciende a 14.000 dólares. El actor que lo porta, Steven, lleva dos años ensayando ante el espejo para que se vea al pájaro y no la mano que lo mueve.

Es la joya de la corona de Disney. El gigante del entretenimiento ha supervisado cada paso del largo proceso que culmina con la llegada del musical a la Gran Vía. Esta es la trastienda de una producción que ya ha hecho historia

Más de 70 premios internacionales, 60 millones de entradas vendidas en todo el mundo. El Rey León llega hasta la Gran Vía con intención de quedarse al menos tres años. Ha costado años de esfuerzo y 10 millones de euros de inversión instalar la morada de Simba en este teatro Lope de Vega que ha tenido que ser reformado para la ocasión.

La historia de El Rey León es una de las grandes. Hamlet pasado por el rito y la regla de Disney. El drama del príncipe que busca recuperar su trono legítimo tras el asesinato de su padre por parte de su malvado tío, con músicas de Elton John, Tim Rice, Hans Zimmer y el africano Lebo M.

La importancia del estreno en Madrid va más allá de la espectacularidad y de la fama que precede a la corte de Simba. Será la primera vez que el musical pueda verse en castellano, y la primera vez que pise el suelo de un país hispanoparlante.

El proceso ha sido arduo. El Rey León en español siempre ha estado entre los objetivos de la productora Stage, que fue la responsable de su programación en Hamburgo durante 10 años. Ya se intentó traer el musical de Disney hace tres años. Se convocaron pruebas para el casting, pero el hecho de que el musical esté en varias ciudades a la vez implicaba que había que esperar a que una de ellas lo liberara para poder usar el equipo en Madrid. Ese año se esperaba que París terminara con el montaje y España pudiese verlo al fin, pero la capital francesa decidió prorrogarlo. Stage tuvo que esperar.

Cuando París lo liberó, se pusieron en marcha. "Una vez que Disney te concede la licencia, hay que trabajar de la mano con ellos en cada cosa. Cuidan la marca al máximo, y hay que presentarle un proyecto de viabilidad al principio y luego consultarles cada aspecto del montaje, que tiene que contar con su aprobación", explica un portavoz de Stage. Ese proceso es largo, pero en la productora ya lo sabían después de haber traído a Madrid La bella y la bestia.

Esta vez, las pruebas para actores comenzaron en verano de 2010 y no se encontró a Simba hasta marzo. No solo había que encontrar un príncipe de la sabana que diera bien en el escenario. Tenía que tener química con Nala. Los ensayos, que han durado dos meses, empezaron en verano en los Teatros del Canal mientras se terminaba de reformar el Lope de Vega.

El gigante de entretenimiento estadounidense es especialmente exquisito en lo que se refiere a este musical. Con el argumento de "no romper la magia", Disney cuida que no se sepa más de la cuenta de El Rey León. El secretismo gira en torno a las escenas, que en sí son un misterio para el público para no romper el factor sorpresa. Igual que detalles del backstage como el funcionamiento de las marionetas que dan vida a los animales. Disney ha estado involucrada por completo en el proceso.

Cada vez que un Rey León se pone en marcha, la factoría congrega a miembros de otras producciones del musical que llevan años haciéndolo y crea un equipo internacional en forma de consejo de sabios. En el caso de Madrid, se trajo a parte del equipo de las producciones de Nueva York y Londres, que han estado estos dos meses de ensayos controlando que todo tenga la calidad suficiente para la marca Disney. La minuciosidad llega hasta el backstage, donde hay miembros del equipo que enseñan a los españoles dónde es mejor vestir a los animales o colocar parte del decorado para que moleste menos al paso de los actores. El equipo internacional suele irse días después del estreno, pero, según la productora, "es probable que vuelvan una semana al mes para controlar que no se vician coreografías o actuaciones".

Por parte de la productora Stage, la principal preocupación estaba en las limitaciones de la sala. La empresa gestiona el teatro Lope de Vega y, por tanto, era el único que podía recibir este musical. Relativamente más pequeño que los que acogen la producción en Londres y Nueva York, el Lope de Vega ha tenido que renunciar a la gran montaña -palacio de Mufasa- que emerge del suelo y tomar la solución que ya se vio en el montaje en París: una montaña plegable que sale del lateral y que discurre por el escenario a través de unos raíles.

Muchos de los que acudan al teatro se encontrarán con que las letras memorizadas de las canciones de la película no coinciden con las que se cantan sobre el escenario. La traducción ha corrido a cargo de Jordi Galcerán, y no ha sido una labor de ampliar el guion de la película, sino de traducir y rehacer completamente el texto -por ejemplo, el Circle of life del principio es en la película española El ciclo sin fin y en el musical, El ciclo vital-. Además, debido a la intención de los creadores del musical de tomar aspectos de la cultura local del país en que se representa para incorporarlos a la trama, en esta ocasión podrá verse "algo de flamenco" y algunos guiños a la cultura española.

El proceso de selección de los actores también ha sido complejo. Para hallar al responsable de encarnar a un personaje tan emblemático de la factoría Disney como el príncipe Simba, los directores del casting español han tenido que volar hasta México. Allí encontraron a un chico salido de La Academia -la versión mexicana de Operación Triunfo- llamado Carlos Rivera. "La película me marcó mucho", asegura. "Cuando entré en La Academia pedía constantemente que me dejaran cantar una canción del musical. Me dejaron en la última gala, y gané el concurso con ella. En ese momento supe que algún día iba a ser Simba en algún lugar del mundo".

Al otro lado, en la gruta de las conspiraciones se esconde Scar, el malvado tío de Simba al que encarna un actor español, Sergi Albert. "Cuando era jovencito siempre hacía papeles de príncipes, y lo que quería era hacer de malo", cuenta el catalán, que ya hizo de Gastón en el montaje de La bella y la bestia que estuvo en Barcelona.

El reparto del musical español es peculiar: la mitad de los actores vienen del extranjero, y cada ensayo es como convivir en una torre de Babel. Lo más curioso es una cláusula no escrita que Julie Taymor puso como condición cada vez que se estrenara su obra en un país: una parte del reparto tiene que ser africana. "Una presencia constante africana es esencial para la calidad del espectáculo, porque los lazos interculturales que existen entre los miembros del reparto son positivos para todos", explica Taymor. En esta, una de las africanas es Rafiki, el hechicero y asesor de Mufasa encarnado por Brenda Mhlongo.

Los que sí son españoles, porque es complicado que estén separados de sus países de origen por una temporada tan larga, son los niños que tienen los papeles de los jóvenes Simba y Nala. "Los niños han ido a la Lion King's School, una academia en la que tomaron clases de danza, canto y teatro. De las pruebas iniciales quedaron al final 11 niños, que son los que están en el reparto", explica Julia Gómez-Cora, directora de la productora Stage.

Pero lo que más les preocupa a estos, y a los miembros de Disney que se han desplazado hasta Madrid para coordinarlo todo, es que se relacione en exceso el musical con la película y se piense que es una obra para niños. El Rey León es la película de Disney más vista de la historia en España. "Esta es una historia universal, para gente desde los cinco hasta los 90 años", explicaba en Londres el director del musical allí, Rabah Aliouane. A Carlos Rivera, el Simba del Lope de Vega no le intimida: "El público se va a encontrar arte puro encima del escenario. En El Rey León se funden las pasiones de todo el mundo". Preparen las galas: el rey de la sabana les ha concedido audiencia en la arteria centenaria de Madrid.

Los números de Simba

- Ha pasado por 13 países y hoy está en siete ciudades a la vez.

- En España ya ha vendido 80.000 entradas.

- En Broadway recauda más de un millón de dólares semanales.

- En cada función participan 130 personas y en el foso de la orquesta se utilizan 100 instrumentos diferentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de octubre de 2011

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