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Crítica:

La herencia del miedo

En 1988, el británico Bernard Rose dirigió La casa de papel, película que, basándose en una novela de Catherine Storr, alteraba las claves de ese tan previsible cine de terror de la década, mediante la sabia exploración de los miedos infantiles y un sentido de la puesta en escena que esquivaba la habitual pirotecnia de sustos y golpes de efecto. La propuesta no tuvo descendencia directa. Uno nunca sabe si acabará recuperando el eco de una pequeña película notable como La casa de papel: a veces, el eco llega cuando menos se lo espera, y de una fuente insospechada. Intruders de Juan Carlos Fresnadillo parece levantar su complejo andamiaje narrativo sobre el mismo territorio que La casa de papel y, de paso, también marca la diferencia -en su planteamiento conceptual, pero también en el estético- con respecto a los vicios y automatismos que ha ido cultivando ese nuevo cine de terror español que nutre taquillas, seduce fuera de España, pero suele espolear escépticos arqueos de ceja entre la crítica local.

INTRUDERS

Dirección: Juan Carlos Fresnadillo.

Intérpretes: Clive Owen, Ella Purnell, Pilar López de Ayala, Daniel Bruhl, Héctor Alterio.

Género: terror. España, 2011.

Duración: 100 minutos.

Intruders alterna dos líneas narrativas que confluyen antes de la explosión climática del relato y aborda el inusual tema de la transferencia hereditaria del miedo. Fresnadillo describe dos entornos familiares como enrarecidos territorios de locura compartida con esqueletos en el armario del fondo. Cuando uno revisa la película, tiene ocasión de comprobar que nada hay de gratuito en su construcción y que el estilo visual no ahoga las sutilezas del guión coescrito por Jaime Marqués y Nicolás Casariego. La mitología de Carahueca, un inquietante ser sin rostro que acecha tras las ventanas dispuesto a arrebatar una identidad, es poderosa, pero, finalmente, queda en el aire la impresión de que ese circuito de transferencia del miedo se interrumpe, precisamente, tras la pantalla. Fresnadillo ha firmado un trabajo excelente, pero no ha logrado que uno se lleve la pesadilla a casa, que el temblor se sostenga una vez abandonada la sala oscura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de octubre de 2011