'Cerebro' y agente secreto

En la década de los setenta del siglo XX, cuando estalló el escándalo de los espías de Cambridge y se conoció el papel de Anthony Blunt, asesor de la reina de Inglaterra, como agente del espionaje de la URSS, el recuerdo de Tomás Harris reapareció de nuevo empañado por nuevas sospechas.

Sin embargo, su sobrino José Antonio Buces argumenta: "En 1979, sir Robert Armstrong, Secretary of the cabinet, informó al juez Ewen Montagu -quien planeara la operación, desarrollada en las costas de Huelva para engañar a los nazis y relatada en El hombre que nunca existió- que la primera ministra, Margaret Thatcher, había dicho en la Cámara de los Comunes que la confesión de Anthony Blunt, a cambio de inmunidad, nada tuvo que ver con Tomás Harris o su muerte", asevera.

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En una carta publicada entonces por The Daily Telegraph, rubricada por Michael Rubinstein, abogado de sir Anthony Blunt, quedó claro que la muerte de Harris no guardó relación alguna con la decisión del exasesor de Arte de la Reina de Inglaterra de confesar su adscripción al espionaje soviético.

Por otra parte, Buces cree que se ha asignado un protagonismo "algo desproporcionado" a Juan Pujol en detrimento de Harris, que a su juicio y al de los historiadores del espionaje "fue el verdadero cerebro que ideó y dirigió de la excelente actuación como agente, justo es decirlo, del propio Garbo".

De igual forma, admite que quedan algunas lagunas en torno a las vidas de aquellos hombres -"y mujeres, como Araceli, la exesposa de Juan Pujol", que tras separarse de él se unió al galerista Kreisler, titular de un conocido establecimiento de arte en la madrileña calle de Serrano-.

Madrid vivió muchos de aquellos episodios de espionaje como testigo privilegiado en medio de un mundo ardiente por la guerra mundial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 26 de septiembre de 2011.

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