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Reportaje:

Una voz desnuda para celebrar 20 años 'bien cerca'

María del Mar Bonet y Manel Camp estrenan en Madrid su último disco

La cantante María del Mar Bonet (Palma de Mallorca, 1947) y el músico Manel Camp (Manresa, 1947) llevan casi 30 años trazando un camino conjunto a través de un ir y venir de colaboraciones desde que se conocieron en la década de los ochenta. Como dos amigos que se aprecian mucho pero se ven poco, la complicidad se mantiene intacta por mucho que pase el tiempo, crezca la distancia o se bifurquen sus caminos. Un silencio, una pausa, un tono, una media sonrisa y ya saben cómo va a reaccionar el otro.

El pianista de Manresa sonríe más que habla, una muestra de timidez que después no se nota cuando posa ante el fotógrafo. La artista mallorquina no termina el plato, aunque es incapaz de resistirse al dulce. "¿A alguien no le gusta el chocolate?", se pregunta. La importancia de las raíces aparece hasta en una conversación banal sobre comida en la que reivindica los productos tradicionales como la sobrasada de su isla natal. Sabores que, como las melodías, encierran un placer para los sentidos a pesar de las tendencias y los años.

Madrid acoge la presentación del disco por primera vez en directo

"La selección de las canciones ha sido un trabajo de alquimia musical"

Esta noche y mañana presentan en Madrid el directo de Blaus de l'ànima. Més de 20 anys ben a prop (Azules del alma. Más de 20 años bien cerca). Un doble disco que publicaron el pasado 11 de septiembre y con el que homenajean la continuidad de un sendero común y celebran el "tuteo musical" que ambos artistas materializaron en 1989 con el disco Ben a Prop.

El doble álbum recupera del primero temas como Jim, L'Àguila negra y la contestataria Què volen aquesta gent?, e incluye cuatro canciones inéditas como La barbera, con letra de la escritora, dramaturga y activista Maria Aurèlia Capmany. "La selección la hemos hecho con el público, basándonos en la experiencia de los años. Es un trabajo de alquimia musical en el que quitas canciones que hemos visto que teníamos que ir eliminando y pones otras muy antiguas que han evolucionado y perduran, aunque de un modo diferente al de hace años", explica la cantante mallorquina.

La sala Clamores (Alburquerque, 14) acoge hoy la primera parada de la gira que les llevará en los próximos meses por una veintena de localidades catalanas, y a partir de 2012 a diferentes ciudades de la geografía española. En Barcelona, el dueto volverá al teatro Lliure [Libre] para abrir su temporada, 23 años después de actuar en una serie de recitales. Ambos artistas valoran el Lliure -un espacio que impulsó la sociedad civil en 1976 para favorecer el acceso de los ciudadanos a la cultura- frente a las iniciativas institucionalizadas: "Hacen falta lugares más separados de la acción del Gobierno, de la política cultural, donde la participación ciudadana sea mayor".

La capital española es el punto de partida de la serie de recitales, pero no temen que la lengua sea un problema. "Mucha gente compra discos en inglés aunque no entienden las letras de las canciones. Cuando la música es buena, tiene que llegar al margen del idioma". Camp reconoce que grupos del nuevo pop catalán como Manel o Els Amics de les Arts han conseguido romper la barrera del idioma, al igual que hicieron los autores de la llamada nova cançó, como Serrat, Raimon o Lluis Llach, en la década de los sesenta.

Esta vez, Bonet y Camp prescinden de acompañantes y se ven a solas, cara a cara, con el público. Después del disco Bellver (2010), en el que la cantante actuaba junto a una orquesta, ahora desnuda su voz mediterránea y se deja arropar tan solo por el piano y los azules de la noche. Una opción "arriesgada que implica un tocar y un cantar sin red" y una manera de entender la música en su esencia y sin artificios.

Pero la soledad sobre el escenario también tiene sus ventajas: la partitura es mucho más libre, deja de ser un esquema definitivo. "Cuando hay más músicos todo es más hermético, está mucho más pactado. Si solo somos dos el repertorio puede cambiar cada noche", argumenta Camp. La artista insular afirma que las composiciones en clave de jazz del pianista le guían por un camino diferente: "Nos llevamos un juego sobre el escenario, en el que nos provocamos, nos engañamos y hacemos partícipe al público de ese juego de engaño y respaldo mutuo".

A principios de abril, el Ministerio de Cultura distinguió a María del Mar Bonet con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2010. "Me lo dan porque ya soy un poco mayor", ironiza sobre el galardón. Tras una treintena de discos, tantos como premios, asegura que el sueño no ha cambiado. "Cantar lo mejor posible, ser lo más natural posible y hacer de la música algo tuyo", y concluye: "Seguir disfrutando, no tengo otra meta".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de septiembre de 2011