El agravamiento de la crisis

El FMI alerta de otro colapso financiero por la fragilidad de la banca europea

El Fondo urge a Europa a acometer una nueva ronda de inyecciones de capital en el sector - Estima pérdidas por la crisis de deuda de hasta 300.000 millones

"El tiempo se agota". El equipo técnico del Fondo Monetario Internacional ve cada vez más probable que el sistema financiero vuelva a entrar en barrena. Y que provoque otro retroceso en las economías occidentales, que aún no se han repuesto de la debacle a la que puso nombre la quiebra de Lehman Brothers, hace tres años. El compendio de cifras, gráficos y modelos matemáticos que da forma al nuevo informe de Estabilidad Financiera, divulgado ayer en Washington, refuerza la sensación de urgencia. Y tiene un destinatario colectivo: los líderes políticos de la Unión Europea.

"Hemos vuelto a la zona peligrosa", abrió fuego el director de Asuntos Monetarios del FMI, el español José Viñals, en la presentación del informe. Viñals achacó la evidente crisis de confianza a una peculiar triple D: "Débil crecimiento, débiles balances bancarios, débiles decisiones políticas".

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En este mismo sentido, la Junta Europea de Riesgos Sistémicos, lanzó ayer su primera alerta en la que avisa del fuerte aumento de riesgos para la estabilidad del sistema financiero europeo por el agravamiento de la crisis de deuda. El organismo, del que forman parte los gobernadores de los bancos centrales, más representantes de las nuevas autoridades de supervisión y la Comisión Europea, añade que "los supervisores deben coordinar sus esfuerzos para reforzar el capital bancario".

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Lo que quema ahora en los balances de la banca son los títulos de deuda pública de un puñado de países europeos. Y el resultado, subraya el FMI, puede ser similar al de 2008: otro parón económico, lacerante para sociedades que sufren ya, en muchos casos, elevados niveles de desempleo y los rigores del ajuste presupuestario.

"Se necesitan, con urgencia, esfuerzos creíbles para fortalecer la resistencia del sistema financiero", reclaman los expertos del Fondo. El informe saluda el activismo de los bancos centrales, pero reitera que eso solo salva el problema de la "liquidez, no de la solvencia", erosionada ahora por la tenencia de bonos públicos que pierden valor día a día. "A los políticos les diría que dejen de preocuparse de los síntomas y se centren en las causas", prosiguió Viñals.

Para pasar la prueba de la credibilidad ante los mercados, sostiene el Fondo, hay que acometer ya una nueva ronda de inyecciones de capital en los bancos europeos, que les permitan compensar el impacto de la crisis de deuda pública en sus balances. Una fórmula que, dado el recelo de los inversores privados, obligaría a apurar el trago amargo de las ayudas públicas a la salud de un sector que acumuló enormes ganancias antes de la crisis.

"Sin colchones adicionales de capital, aumentará la presión para que los bancos reduzcan su nivel de endeudamiento, y eso les llevará a cortar el crédito a la economía real", argumenta el Fondo. El informe plantea que se usen fondos públicos, bien nacionales o bien del fondo de rescates de la UE (cuando sea posible), si esas entidades no consiguen captar dinero en el mercado. "Algunas cajas españolas han salido al mercado con éxito", enfatizó Viñals, que obvió que ha habido otras que han tenido que ser sostenidas con fondos públicos.

El FMI localiza los riesgos en los bancos europeos que tienen títulos de deuda de los países más cuestionados (Grecia, Irlanda, Portugal, Italia, España y Bélgica) y que son muy dependientes de los mercados para su financiación. Son también algunas de las entidades más señaladas por el enorme descenso de la cotización en Bolsa, cercano al 40% en lo que va de año (400.000 millones de menos capitalización).

El informe se reafirma en la estimación que da la medida del riesgo, que ya generó una agria polémica con las autoridades europeas. Según sus cálculos, las pérdidas, medidas a partir del precio de los CDS o seguros de impago de deuda desde principios de 2010, podrían alcanzar los 200.000 millones. Los títulos italianos (71.000 millones), por su volumen y los griegos (56.000 millones) por la intensidad del desplome son las principales vías de agua. Detrás, los títulos españoles (44.000 millones) más extendidos que portugueses e irlandeses y más castigados que los belgas.

El Fondo sostiene que el resultado habría sido idéntico si hubiese tomado como medida la prima de riesgo frente al bono alemán en el mercado secundario de deuda, mucho más transparente y líquido que el de los CDS. Y eleva las pérdidas potenciales a 300.000 millones al valorar que la financiación de la banca a las entidades de los países más presionados tiene ahora muchos más riesgos; es esta una estimación a bulto, que no diferencia por países, ni por entidades.

Viñals rechazó que la estimación sirva para fijar el volumen de capital necesario en las entidades europeas, que es como fue presentado en el origen de la polémica, una filtración del estudio al diario Financial Times. "Haría falta una prueba de estrés mucho más compleja, entidad por entidad", añadió.

El Fondo no cuestiona directamente los stress tests europeos, publicados a principios del verano, y soslayados por los mercados. Pero sí sugiere dudas sobre cómo contabilizan los bancos las pérdidas de valor en el 80% de su cartera de bonos públicos. "No tenemos información suficiente", fue la desasosegante conclusión de Viñals, tres años después del estallido de la crisis.

Descrita una situación de colapso inminente, el plazo dado por la UE (entre seis y nueve meses) a los bancos más débiles para captar dinero se antoja, por contraste, excesivo. "Cada país debe decidir la velocidad apropiada", templó el director de Asuntos Monetarios del Fondo en un aparte con la prensa española.

Sobre la reestructuración de las cajas, Viñals, que fue subgobernador del Banco de España, se limitó a señalar que "es esencial que se complete". Y, en un mensaje que podría haber suscrito el propio Banco de España, destacó la necesidad de cumplir con el ajuste fiscal y avanzar en las reformas. "La hoja de ruta está muy clara, hay que seguir adelante", concluyó.

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