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"Nuestros clientes son coproductores"

En 1974, cuatro estudiantes de Barcelona se marcharon a Vallbona de les Monges, una zona en regresión demográfica, para vivir en el mundo rural y buscar alternativas agrícolas. Nacía L'Olivera, una cooperativa que hoy produce unas 120.000 botellas de vino y el aceite que dan 20 hectáreas de olivos, y lo hace en buena parte con el trabajo de 20 personas con discapacidad intelectual procedentes de la zona.

Metido de lleno en la vendimia de este año, el presidente del consejo rector de la cooperativa y director del L'Olivera, Carles de Ahumada, define el proyecto como de "agricultura social, porque aprovecha los recursos de la zona, con producciones ecológicas y dando respuesta a personas con problemas muy concretos".

En total, L'Olivera, que en los últimos tres años ha realizado una inversión de 1,5 millones de euros, emplea a 20 discapacitados y 26 profesionales, entre el área de ventas, la bodega, ingenieros agrónomos, payeses y educadores. De Ahumada cree firmemente en las posibilidades de la economía social: "Es una forma de funcionar alternativa al modelo, con una estructura empresarial diferente, una forma de hacer diferente y también con un cliente diferente".

El director de L'Olivera añade sobre los clientes que acuden a empresas de economía social: "La economía social no es argumento de venta, pero sí de compra; nuestros clientes son coproductores, son muy militantes, saben qué escoger y lo que hay detrás. Le llamamos coproductor porque con su compra está invirtiendo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de septiembre de 2011