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Necrológica:

Jordi Dauder, el actor del compromiso

Doblador, escritor y director, destacó por la ética con la que defendió su oficio

La cosa empezó en Badalona, donde nació hace 73 años. Allí Jordi Dauder, fallecido la noche del jueves, se empezó a comprometer con las luchas vecinales, con los grupos de renovación pedagógica para lograr mejores escuelas... Luego se enfrascó con movimientos antifascistas, con todas las causas que defendieran a las víctimas de tropelías. Él fue una de esas víctimas y tuvo que vivir un exilio europeo de tres lustros, gracias al cual dominaba además del catalán y castellano, el inglés, francés, italiano y portugués. También el compromiso estuvo desde el principio en la ética con la que defendió su oficio: la escena, el trabajo de actor. Desde sus comienzos en el Teatro Fronterizo, codo con codo con otro comprometido como es José Sanchis Sinisterra.

Su integridad era tal que acudía a las asambleas del 15-M en silla de ruedas

Ganó el Goya al mejor actor de reparto por su papel de cura en 'Camino'

Una vez le contó a su amigo el periodista Julio Castro: "La definición de rojo, como decía Haro Tec-glen, nos va muy bien, porque así nos calificaron, y porque para decir hoy 'de izquierdas' tendrías que entrar en muchos matices".

Su integridad era tal que hasta el final no dejó de acudir con su silla de ruedas a pelear en su última batalla, la del 15-M en la Puerta del Sol, donde participaba en las asambleas a las que se acercaba desde su barrio de Lavapiés, siempre con Irene Pardo, compañera de vida y de peleas. Sobre todo la última, la que tuvo con un agresivo cáncer al que le ganó el pulso durante 10 años y del que, si hacía falta, se reía abiertamente. "Cómo andas", le preguntaban. Él contestaba: "Hombre, andar, andar, lo que se dice andar...", porque los últimos meses utilizaba silla de ruedas. O como cuando se le veía paseando por el Madrid de los Austrias, con su amigo y compañero, el productor Miguel Ángel Alcántara, los dos sin apenas sostenerse porque acababan de dejar sus últimas energías en las venenosas sesiones de quimioterapia y Dauder decía: "Aguantamos porque caminamos dejando caer el peso del cuerpo del uno contra el hombro del otro, así hacemos contrapeso y logramos pasear". Ni en esos momentos perdía el humor ni el poder de esa maravillosa voz que prestó a Gregory Peck, L. J. Cobb, Rod Steiger, Nick Nolte y Richard Harris, entre otros muchos actores de cine y televisión.

Este verano además escribió sus memorias y también un monólogo junto con Irene Pardo. En su actividad de escritor (cofundador y colaborador de las revistas El Viejo Topo, Quimera y Coyoa-cán) destacó con sus cuentos, como poeta (recibió el Premio Marti Pol) y como novelista. El estupor, en su día, fue definida por la crítica como "una de las novelas más incendiarias de los últimos años, que irritará por lo menos en la misma medida que fascinará a sus lectores. Un libro que quema".

Su trabajo de sacerdote en la película Camino, de Javier Fesser, le proporcionó un Goya y el Premio de la Unión de Actores. Después aún intervino en siete películas, una se verá en el Festival de San Sebastián estos días: El Monje, de Dominik Moll. De monje también hacía en su última intervención en televisión en la serie Los misterios de Laura, mientras que en su última película, Volveremos, de Felip Sole, rodada este verano, su personaje estaba más cercano a él; interpretaba a uno de los militares republicanos que entraron en París con la columna del general Leclerc.

Dauder será incinerado hoy en Madrid (a las 8.50 en el Crematorio de la Almudena) y sus cenizas se esparcirán en el cabo de Gata. En unos días recibirá un homenaje que preparan sus compañeros en Barcelona, donde alcanzó una gran popularidad por su trabajo en numerosas series y su participación como protagonista en los 507 capítulos de Nissaga de poder (TV-3), entre los años 1996 y 1998, interpretando a un auténtico malo: Narcís Montsolís. También participó en otras series como Los hombres de Paco, ¿Hay alguien ahí?, Herederos, El comisario y Los jinetes del alba.

Su prestigio en teatro era incuestionable. Brilló en montajes de directores como Gerardo Vera (con él hizo el último trabajo en escena en Platonov, de Chéjov), Xavier Albertí, Carlota Subirós, Eduardo Vasco, Helena Pimenta, Amelia Ochandiano, Calixto Bieito, Núria Espert, Pierre Chabert y Sanchis Sinisterra, entre otros.

En cine trabajó bajo las órdenes de Andrucha Waddington, Dominique Maillet, Santiago San Martín, Michel Houellebecq, Ventura Pons, Federico Luppi, Patricia Ferreira, José Luis García Sánchez (también le dirigió en teatro), Eduardo Mignona, Ken Loach, Agustín Villaronga, Vicente Aranda, Pere Portabella y Jorge Grau.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de septiembre de 2011