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Abbas demandará a la ONU que reconozca a Palestina como Estado

El presidente palestino anuncia que irá a por todas en el Consejo de Seguridad: pedirá el ingreso de pleno derecho y con las fronteras previas a la guerra de 1967

El conflicto israelo-palestino adquirió ayer una nueva dimensión. El presidente Mahmud Abbas anunció que el día 23 pediría al Consejo de Seguridad de la ONU el reconocimiento de Palestina como Estado miembro, con plenos derechos y obligaciones. Fue una forma de romper, después de 18 años casi infructuosos, la vieja baraja de las negociaciones basadas en los Acuerdos de Oslo. Abbas sabía que la iniciativa estaba condenada al fracaso por el veto de EE UU, pero también sabía que Washington se vería en grandes apuros para explicar a las poblaciones árabes, inmersas en la efervescencia de un proceso revolucionario, las razones de su respaldo incondicional a Israel.

El presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y de la Autoridad Palestina podía haber optado por la vía posibilista, la que recomendaban Washington, Bruselas e Israel: acudir a la Asamblea General de la ONU, pedir una ligera mejora en su actual situación de "entidad observadora" y arrancar algunas concesiones previas a una nueva ronda de negociaciones. Esa vía, según los cálculos palestinos, iba a permanecer abierta tras el previsible no del Consejo de Seguridad por el veto estadounidense. Abbas decidió ir a por el premio máximo y luego, según evolucionaran los acontecimientos, conformarse con menos.

La iniciativa va contra los Acuerdos de Oslo y fija como capital a Jerusalén Este

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En cierta forma, Abbas apostó por lo que en términos diplomáticos equivaldría a la guerra total. La suya fue una decisión unilateral, prohibida expresamente en los Acuerdos de Oslo; una decisión frontalmente opuesta a los deseos de EE UU, principal patrocinador del proceso de paz y financiador de la Autoridad Palestina; y una decisión condenada a agriar hasta extremos impredecibles las relaciones con Israel y las tensiones entre colonos y palestinos en la Cisjordania ocupada.

Abbas se encontraba en una situación precaria, como simple presidente en funciones de la Autoridad Palestina (su mandato ya ha expirado), con Cisjordania y Gaza divididas en un reflejo del enfrentamiento entre la OLP y Hamás (que rechaza la iniciativa), e incapaz de formar un gobierno de unidad prometido desde mayo. En resumen, una situación en la que no resultaba irrazonable jugarse el todo por el todo.

El discurso de Abbas, televisado en directo a una población palestina muy mayoritariamente favorable al recurso ante la ONU (incluso en Gaza, pese al rechazo de Hamás), fue cuidadoso a la hora de reconocer la legitimidad de Israel ("no queremos aislar a Israel, sino sus políticas") y pidió a sus conciudadanos que no cayeran en la tentación de la violencia ("eso es lo que ellos quieren, no les proporcionemos excusas"), pero no redujo ni un milímetro las reivindicaciones de la OLP: un Estado palestino dentro de las fronteras del armisticio de 1948, con Jerusalén Este como capital, con derecho de retorno de los refugiados y sin limitación de soberanía. Dedicó un recuerdo a los presos palestinos en las cárceles israelíes, que "se convertirán en prisioneros de guerra en cuanto se nos reconozca como Estado".

El recurso a la ONU formaba parte de una nueva estrategia diplomática y, a corto plazo, no iba a cambiar ni la ocupación ni la vida cotidiana en Cisjordania y Gaza. Las consecuencias inmediatas previsibles iban a reflejarse en el Gobierno israelí, enfurecido; en Barack Obama, colocado en una situación muy incómoda; y en la UE, abocada como otras veces a admitir que carece de consenso en su política exterior.

Quizá el principal destinatario de las palabras de Abbas, al margen de los propios palestinos, fue Obama. El presidente de EE UU prometió mucho cuando llegó a la Casa Blanca y despertó grandes esperanzas en el discurso que pronunció en El Cairo el 5 de junio de 2009. "La situación de los palestinos es intolerable", dijo. Dos años después, ni siquiera ha conseguido que Israel deje de construir colonias en los territorios ocupados. La decepción con Obama es perceptible en Ramala, sede administrativa de la Autoridad Palestina. Ahora, después de haber bendecido la primavera árabe y respaldar los procesos revolucionarios, Obama tendrá que decir no al Estado palestino en el Consejo de Seguridad. Para la opinión pública árabe, eso puede ser peor que oír a Obama decir sí a Hosni Mubarak o Muamar el Gadafi.

Los estrategas palestinos confían en que Barack Obama (y la Unión Europea) se vean obligados a compensar a los árabes en general y a los palestinos en particular con un respaldo sin condiciones en una hipotética petición posterior de reconocimiento al Estado palestino en la Asamblea General de la ONU, que podría elevar el rango de Palestina al nivel de observador que ocupa el Vaticano, y con un poco de presión sobre el Gobierno de Benjamín Netanyahu. También podría ocurrir, sin embargo, que el Congreso de Estados Unidos cancelara toda la ayuda económica a la Autoridad Palestina, que algunos países europeos hicieran lo mismo y que Cisjordania cayera en una espiral de violencia.

Solo una cosa es segura: la parálisis que en los últimos años ha caracterizado el conflicto israelo-palestino, con Gaza bajo bloqueo y Cisjordania bajo ocupación, puede darse por concluida.

Las claves del discurso en Ramala

- "Iremos a Naciones Unidas para reclamar nuestros legítimos derechos. Para obtener el estatus de miembro de pleno derecho en esta organización y acabar con una injusticia histórica, consiguiendo la libertad y la independencia como todos los demás pueblos de la Tierra, en un Estado palestino en las fronteras del 4 de junio de 1967".

- "Nuestra decisión es ir al Consejo de Seguridad. En cuanto a otras opciones, ya las evaluaremos cuando sea el momento".

- "No vamos a la ONU para aislar o deslegitimar a Israel, sino sus políticas".

- "Después de eso, podremos volver a las negociaciones".

- "No hay ningún interés mayor para los palestinos que la unidad nacional y el fin de la división [en referencia al proceso de reconciliación entre Fatah y Hamás]".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de septiembre de 2011

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