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Reportaje:

¡Qué lindo es mi reino verde!

La cumbia amazónica es un género popular latinoamericano que ha traspasado fronteras. A finales de los años sesenta surgieron en la selva peruana grupos como Los Mirlos y Juaneco y su Combo, que electrificaron un ritmo bailable a rabiar

La región amazónica es una de las más vastas que existe en Sudamérica, y en el caso peruano viene a representar el 60% de la extensión del país. Su música, variada en estilo y temática, se transformó con la llegada del rock en la segunda mitad de los sesenta. En las zonas urbanas, los instrumentos tradicionales de viento o percusión fueron sustituidos por guitarras eléctricas, creando un nuevo sonido amazónico, poderoso y refrescante. Coincidió con el boom del petróleo y el auge de la selva peruana; a partir de entonces los cantos pasaron a reivindicar y celebrar la riqueza del suelo, el poder de su tierra y la certeza de saber que el destino del país se encontraba también en sus bosques, en sus ríos y en sus pobladores. Nace el Poder Verde.

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Si nos situamos en una pequeña emisora de radio de Iquitos en 1969, encontraremos a un grupo de jóvenes que graban su primer LP. Son Los Wembler's, la banda de los hermanos Sánchez, los primeros en grabar sus temas y así iniciar la fiebre tropical amazónica. Aquella histórica grabación, Cumbia amazónica, se convirtió en la partida de nacimiento de la chicha con sonido a jungla. Después vendrían Los Mirlos, Juaneco y su Combo, y un largo número de bandas que florecieron en todas las riberas de la selva peruana como Los Dexter's de Uchiza, Los Tigres de Tarapoto, Shanty y Los Invasores del Progreso, Sonido 2000, etcétera.

Solo un año antes, en Lima, Enrique Delgado y Los Destellos habían grabado los primeros vinilos de cumbia con influencia psicodélica, que causaron una conmoción musical sin precedentes en el país. Y prácticamente en cada provincia aparecen grupos de rock que incorporan güiros, congas y timbales: Los Belton's de Ayacucho, Los Rumbaney de Chimbote, Los Orientales de Paramonga y un largo etcétera.

Hasta entonces en la música amazónica habían aparecido dos bandas con un sonido distinto del tradicional. Una era la agrupación beat Los Teddy's y la otra Los Zheros, una banda que mezclaba beat con ritmos tropicales. Los Teddy's eran los favoritos de la reducida burguesía iquiteña, Los Zheros de la clase media y Los Wembler's, de la trabajadora. Las tres compitieron por conquistar al público amazónico, las dos primeras desaparecieron, mientras que Los Wembler's conquistaron la Amazonia entera.

"¡Qué lindo es mi reino verde!", cantaban Los Wembler's a principios de los setenta, y su éxito despertó la inquietud de los productores discográficos peruanos, quienes empezaron a buscar bandas que proclamaran la promesa del sueño amazónico y la utopía verde. Personaje clave en esta búsqueda de fusiones fue Alberto Maraví, un joven empresario, exlocutor de radio, fotógrafo y cronista musical que se dedicaba a viajar por todo el país en busca de estas nuevas bandas. En Lima fichó a Los Mirlos (quienes habían migrado desde la selva norte de Moyobamba, San Martín) y en Pucallpa encontró a Juaneco y su Combo, las dos bandas más populares del sonido amazónico.

Los Mirlos grabaron su primer LP, El sonido selvático, en 1973, pero antes habían grabado un puñado de singles, entre ellos, un clásico del sonido amazónico, La danza de los mirlos, también conocida como La danza de los pajaritos por su introducción con ruiditos y gorjeos de aves canoras. Esta canción debe ser una de las más célebres de la cumbia latinoamericana, ya que en México, Colombia (en versión del grupo Afrosound) y Argentina es considerada un himno cumbiero. En Buenos Aires, lo que más impacto causó fue su estilo musical de cumbia con guitarras eléctricas y teclados, que influyó mucho en el sonido de la cumbia local que se hacía básicamente con vientos.

Juaneco y su Combo es lo más parecido a un milagro musical. Formados en 1966 en la recóndita y mágica Pucallpa por Juan Wong y el guitarrista Noé Fachín, El Brujo, tocaron durante años de manera discreta en pueblos y ciudades del Ucayali y alrededores. Poco a poco fueron desarrollando una sensibilidad inspirada en motivos nativos shipibos y un sonido asombroso que parecía beber de todos los misterios, secretos y mitos de la selva. Runa mulas, sirenas y serpientes son parte de una cosmovisión que se uniría al mundo del chamanismo, el ayahuasca y la psicotropía charapa. Psicodelia de los sentidos y los sonidos que se reflejan fabulosamente en su primer LP, El gran cacique. Clásicos como Mujer hilandera, La sirenita enamorada, Ya se ha muerto mi abuelo o Vacilando con ayahuasca serían el inicio de una sucesión de éxitos interrumpidos trágicamente. El 2 de mayo de 1976, El Brujo y cuatro miembros del grupo, subieron a una avioneta que nunca llegó a su destino.

Juaneco no tuvo la oportunidad de internacionalizarse como Los Mirlos, aunque hoy sea el grupo amazónico más reeditado y buscado. Recientemente, una estrella de cine como Elijah Wood confesaba su devoción por Juaneco y su Combo, grupo que descubrió gracias a la edición de Barbès Records. O Alex Kapranos, vocalista de Franz Ferdinand, que en su última gira por Perú se dedicó a buscar viejos vinilos de rock peruano de los sesenta y discos de chicha.

El año pasado fue precisamente Olivier Conan quien llevó a Raúl Llerena Vásquez, Ranil, a un festival en Alemania para tocar junto a su banda Chicha Libre. Raúl es uno de los más prolíficos compositores amazónicos; fundó su sello (Discos Llerena) para poder vender y distribuir los singles y elepés que durante más de diez años editó incansablemente. Proviene del distrito de Belén, en Iquitos, y es uno de los secretos musicales mejor guardados de la Amazonia peruana.

En la segunda mitad de los setenta, el sonido amazónico se aproxima al sonido de los sintetizadores, grupos como Pax de Iquitos y Fresa Juvenil de Tarapoto se caracterizan por ese uso intenso de los sintes que anunciaba aquello que luego se llamó tecnocumbia. Hoy, el sonido amazónico tiene en bandas como Explosión e Ilusión a sus más emblemáticos representantes. Otros optan por fusionarse con un metal oscuro y denso, como sucede con Chakruna, o a reelaborar la cumbia psicodélica a partir de lo nativo, como con el grupo Los Shipis.

La Amazonia peruana, con su irresistible embrujo y exotismo, representa una especie de oasis cultural, una promesa de alegría, vida y juventud. Una región tropical de color verde fosforescente, un río que se desborda y que inunda nuestros sentidos, que nos embriaga con sus luces, colores y sonidos. No hay duda es que el sonido amazónico continuará sorprendiendo con nuevos mestizajes que anuncian una música que seguirá desbordante e inclasificable.

Cumbia Beat. Volumen 1 (Experimental Guitar-driven Tropical Sounds from Perú 1966/1976). VV AA (Vampi Soul). The Roots of Chicha 1 (Psychedelic Cumbias from Perú). VV AA (Crammed Discs/Barbès Records). The Roots of Chicha 2 (Psychedelic Cumbias from Perú). VV AA (Crammed Discs/Barbès Records). Alfredo Villar, poeta e investigador de la historia de la música tropical peruana. Actúa como DJ Sabroso. Paul Hurtado de Mendoza, compilador y productor discográfico. La más recientes es la serie ¡Gózalo! (Bugalú Tropical) (Munster Records).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de agosto de 2011