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Análisis:

Pep y la explosión

Mientras hablaba Guardiola tras el Madrid-Barça del domingo se escuchó una explosión: "¡Hostia!", exclamó Pep, que añadió de broma: "¿Es por mí?". Hubo tanta electricidad en el pasado de estos partidos que lo lógico era que alguna vez explotara una bombilla. Pues eso fue, no fue otra cosa: tan solo explotó una bombilla. Este partido era tan de trámite, a juzgar por lo que decían los entrenadores, que terminó siendo un encuentro de electricidad extrema. La solvente transmisión que Juan Carlos Rivero hizo en La 1 tuvo ese estrambote: Guardiola exclamando "¡hostia!" cuando explotó la bombilla.

Esto de las intervenciones de los entrenadores en las conferencias de prensa tiene su intríngulis. Guardiola siempre cumple, ahí está el hombre, con el agua en la mano, enfriando el ambiente, excepto cuando, en el Bernabéu, dijo que su colega José Mourinho era el puto amo del campo, de la palabra y por tanto de los micrófonos. Aquello fue muy sonado. Como fueron sonados -y televisados- los porqués que Mourinho, el hombre serio de Setúbal, emitió la noche en que Messi le amargó la vida. Dice Alfredo Relaño que él compraría las comparecencias de Mourinho si las dieran en pay per view. Ahora Mourinho ha encargado a Karanka, su segundo, el hombre serio de Vitoria, que vaya a decir a las ruedas de prensa lo que él piensa de los partidos, o más bien de los árbitros. Y, claro, no es lo mismo. Las cadenas deberían protestar. Si uno espera candela, que protagonice la explosión el titular, y no el suplente.

Empezó el fútbol. La competición está amenazada por los futbolistas que no cobran. El otro día pusieron unas imágenes retrospectivas de algunos históricos que empezaron a mover esta explosión de los humildes contra los poderosos. En una de esas imágenes estaba Jorge Valdano, pensativo. Está de nuevo a pie de obra, en Carrusel. Pero el Madrid no le ha buscado sustituto, y la televisión se resiente; si Mourinho deja ese flanco abierto, al Madrid le puede explotar alguna que otra bombilla, pues puede dejar que Pep se convierta en el puto amo del micrófono.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de agosto de 2011