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La crisis financiera | El cambio en los equilibrios globales

China enseña capitalismo

La potencia asiática critica la política económica de EE UU y exige garantía para sus inversiones

Cuando en 2010 China superó a Japón y se convirtió en la segunda mayor economía del mundo, no solo dejó atrás a su rival histórico en Asia, con el que mantiene una difícil relación debido a sus conflictos armados en el pasado, sino que dio un paso de gigante en el anhelado objetivo de adelantar algún día a Estados Unidos y convertirse en la primera potencia del mundo. No es una meta declarada -más bien todo lo contrario-, especialmente porque en renta per cápita China está aún muy lejos del grupo de cabeza, ya que ocupa alrededor del puesto 90 en la clasificación mundial. Pero el continuo ascenso económico y político del país más poblado del planeta ha dejado claro a gobernantes extranjeros y analistas que el equilibrio geopolítico del mundo se ha desplazado de forma inexorable hacia Asia, donde el papel de China es protagonista.

Los funcionarios chinos tienen una actitud más altiva con los occidentales

El gigante atesora unas reservas en divisas de 3,2 billones de dólares

El país teme un impacto sobre su economía, basada en la exportación

La decisión de la agencia Standard & Poor's de rebajar la deuda soberana estadounidense ha provocado la indignación de Pekín, que ha reaccionado con gran dureza, y sus comentarios, realizados por medio de la prensa oficial, suenan como una lección de capitalismo a su rival y socio.

China pidió el sábado a Washington que se apriete el cinturón y ponga fin a su "adicción a la deuda" porque "comerse en abril el grano de mayo nunca será una solución permanente para un problema", según afirmó la agencia de noticias Xinhua. "El Gobierno estadounidense tiene que aceptar el hecho doloroso de que los buenos viejos tiempos en los que podía simplemente pedir prestado para salir de los líos en los que se había metido se han ido para no volver".

Xinhua advirtió que la rebaja de S&P podría ser seguida de nuevos recortes "devastadores" de la clasificación de riesgo y turbulencias financieras globales si EE UU no aprende a "vivir en la medida de sus medios". "China, el mayor acreedor de la única gran potencia del mundo, tiene todo el derecho a pedir a Estados Unidos que afronte sus problemas estructurales de deuda y garantice la seguridad de los activos chinos en dólares", aseguró.

Pekín golpeó directamente en el corazón de la política estadounidense. Dijo que el mundo necesita una nueva divisa de reserva global estable para "prevenir una catástrofe causada por un único país" y urgió a Washington a que aplique recortes de los "hinchados costes de protección social" y de su "gigantesco gasto militar".

El mes pasado, el general de más alto rango del país, Chen Bingde, también relacionó las dificultades financieras norteamericanas con su presupuesto militar y se preguntó si disminuir el gasto de defensa no sería lo mejor para los contribuyentes estadounidenses.

Tales comentarios reflejan el deseo de Pekín de que Washington reduzca su presencia militar en Asia. Estados Unidos critica regularmente a China por el continuo reforzamiento de su ejército, a lo que las autoridades de este país suelen responder que su partida en defensa representa alrededor del 1,4% del PIB (producto interior bruto), mientras la de Estados Unidos es de alrededor del 4%, y las de India, Reino Unido o Francia, más del 2%.

Muchos políticos en Washington y otros países han trasladado su preocupación por el ascenso chino y el verbo cada vez más acerado de sus altos funcionarios, quienes, según aseguran fuentes diplomáticas europeas en Pekín, en los últimos años han adoptado una posición más dura e incluso "altiva" con sus interlocutores occidentales. Los líderes chinos se muestran cada vez más seguros de sí mismos, y la rapidez con que su país comenzó a salir de la crisis global mientras la incertidumbre barría Europa y Estados Unidos ha reforzado esta actitud. China ha pasado de recibir recomendaciones y consejos sobre capitalismo a darlos.

Pekín pretende en primer lugar defender sus intereses financieros. Tiene unas reservas de divisas extranjeras de 3,2 billones de dólares, de las cuales dos tercios son en el billete verde. De estos, 1,2 billones de dólares están invertidos en deuda del Tesoro. Por otro lado, utiliza la ventaja económica en su beneficio político y, al mismo tiempo, aprovecha para sacar pecho ante sus ciudadanos. "La deuda creciente y luchas políticas ridículas en Washington han dañado la imagen de América en el extranjero", afirmó Xinhua.

El Diario del Pueblo -el órgano oficial del Partido Comunista Chino (PCCh)- redobló ayer las críticas a Estados Unidos. Dijo que la rebaja de la deuda estadounidense por parte de S&P "ha hecho sonar las campanas de alarma sobre el sistema de divisas internacionales dominado por el dólar" y advirtió de que los principales afectados por la decisión de la agencia de calificación de riesgo podrían ser las economías exportadoras de productos elaborados, como es el caso de China, o las que venden recursos naturales, como algunas latinoamericanas.

Primera potencia en 10 años

El déficit comercial de Washington con China alcanzó un valor récord de 273.000 millones de dólares (191.713 millones de euros) el año pasado.

Los gobernantes chinos afirman que el éxito económico logrado desde que Deng Xiaoping puso en marcha el proceso de apertura y reforma en el año 1978 y desmontó la herencia maoísta, al mismo tiempo que mantenía el control absoluto del poder, legitima al PCCh. Algunos analistas políticos en Asia consideran que el acuerdo alcanzado por el Congreso estadounidense para elevar el techo de la deuda y evitar la suspensión de pagos cuestiona la credibilidad de la primera economía del mundo y su liderazgo global. En Pekín, el difícil pacto entre demócratas y republicanos en Estados Unidos probablemente sea visto como otra muestra de las desventajas de un régimen democrático, frente a las decisiones -incuestionables- del gobierno único del Partido Comunista Chino (PCCh).

El Fondo Monetario Internacional (FMI) predijo en junio pasado que la economía china aumentará un 9,6% este año, frente a un 2,5% la estadounidense y un 2% la europea. En 2010, lo hizo un 10,3%. Si los ritmos actuales de crecimiento continúan, los analistas calculan que el país asiático desbancará a Estados Unidos como primera economía mundial en 10 o 15 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2011

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