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Reportaje:

Rimas rápidas para viajeros

El dúo de artistas Vía-C recorre los vagones del metro improvisando versos de rap que les inspiran los pasajeros, en un tono de complicidad

Suena la guitarra y en los pasajeros del metro se dibuja ese gesto de otro músico más que pide dinero. Enseguida esa mirada se borra. Unos se sonrojan, otros sonríen, y otros ponen cara de despistados. El que canta está hablando de ellos. A la cara y sin cortarse un pelo. Que si una mujer lleva una camisa de flores, que si otra hace una sopa de letras, que si un joven trata de esconderse mirando fijamente su móvil táctil. Al rapero Adán Latino le sobra gracia y velocidad en el habla para crear rimas improvisadas sobre el aspecto y el comportamiento de los usuarios de Metro de Madrid. Su compañero Jonathan Rojas, alias El Indio, le acompaña a la guitarra. Ya no son otro grupo más que pide dinero. Aunque sí viven de ello. "Nos da para vivir y pagar el estudio de grabación", comenta el guitarrista venezolano del dúo Vía-C.

"En Venezuela ya se hace, pero en vez de guitarra usan un radiocasete", dicen

Les expulsan dos o tres veces al día del metro porque está prohibido actuar

Cada día sacan entre 20 y 40 euros cada uno, actuando de diez de la mañana a cuatro de la tarde (los lunes y miércoles) o de una a siete (de jueves a domingo). Los martes descansan. El resto de la semana, "el rap del humor" es su trabajo. "No somos millonarios, pero somos felices", apunta Adán Latino, canario de 25 años.

La idea de improvisar rimas sobre los pasajeros es del Indio: "En Venezuela ya se hace, pero en vez de una guitarra llevan un radiocasete al hombro". Al llegar a España se lo propuso a Adán Ojeda, nombre que figura en el DNI del rapero, a quien conoció por un amigo común hace poco más de un año. Ojeda dejó su trabajo como coctelero para hacer "lo que le gusta". Un tipo de rap que no hace denuncia social sino que busca la complicidad de la audiencia.

Cada día, el dúo tiene que pagar un euro para acceder a su escenario: los vagones de la línea 5, desde Ventas a La Latina. Ninguno se compra el abono cada mes, entre otras razones, porque les da "vergüenza" pagar 30 euros de golpe en monedas de uno y dos céntimos. En ese tramo de metro cuentan con el favor de los vigilantes. En otras zonas el ambiente es más hostil. La normativa de Metro de Madrid impide a los músicos actuar en los vagones y andenes donde puedan molestar el tránsito de viajeros. Ellos se arriesgan y muchas veces acaban en la calle. "En un día, nos pueden echar una o dos veces", asegura El Indio, venezolano de 25 años.

También hay quien responde a los versos de Vía-C con mala cara. "No comprenden que estamos ahí para hacerles reír y no para reírnos de ellos", explica Adán Latino. "No hay hora mejor que otra, lo que hay es un show bien hecho o mal hecho", responde con seguridad el chico, que lleva tatuado su nombre artístico en los dos brazos. El canario busca en cada viajero "ese punto que pueda hacer reír a la persona más seria". Asume las críticas, cuando las hay, y considera el metro como una "escuela". No es raro que la actuación de Vía-C acabe en aplauso de los pasajeros y, a veces, incluso en ofertas de trabajo. El viernes actúan en Matadero en la presentación de una revista. El que se quede con ganas de más, ya sabe: "Próximo concierto, en el siguiente vagón".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de julio de 2011