Reportaje:Los problemas de la principal cuenca andaluza

Un estuario sin ley

Denunciado el robo de la embarcación científica que analiza el último tramo del Guadalquivir

El lejano oeste no está tan lejos. Ni tampoco es tan polvoriento y seco. En pleno corazón de Andalucía hay un territorio sin ley, en concreto, en los últimos 100 kilómetros del Guadalquivir.

A Manuel Ruiz, de 54 años y vecino de Lebrija (Sevilla), le han dado donde más daño le podían hacer, en su medio de vida: su embarcación. Desde hace más de 15 años, trabaja con la Universidad de Córdoba en el estudio de la biodiversidad del estuario. En concreto, prestaba su barco de siete metros de eslora para recoger y analizar los peces del río, de la mano del equipo de investigación del biólogo Carlos Fernández Delgado.

El lunes pasado Manuel Ruiz denunció la desaparición del barco ante la Guardia Civil. El sábado por la noche lo dejó, como todos los días, fondeado en la zona de Tarfia, en el término municipal de Lebrija. Cuando volvió el lunes por la mañana se encontró los cabos cortados y las dos anclas en el agua.

"Me he recorrido el río entero y no está", lamenta el dueño del barco

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"Me he recorrido el río entero y no está". Ruiz teme que se lo hayan podido hundir en alguna zona del río. "Era el sustento mío", se lamentaba ayer este pescador, el único en todo el río que tiene permiso para capturar angulas, una especie en peligro de extinción cuya pesca está prohibida durante diez años.

El robo de su embarcación ha coincidido con las denuncias que el biólogo Carlos Fernández Delgado ha realizado en los medios de comunicación contra los riacheros furtivos que siguen pescando impunemente angula en el río pese a la moratoria dictada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta.

"Esto es territorio comanche", sostiene Fernández Delgado, quien señala que también alguien ha podido robar el barco para introducir droga por el río, una práctica relativamente habitual en la zona.

Además de las artes de pesca, en la embarcación robada había material empleado por los científicos como placas solares, varias baterías y medidores, según Ruiz.

Este pescador comenzó a colaborar con Fernández Delgado en los años ochenta. En este momento, su barco también lo emplean miembros del Instituto Español de Oceanografía, del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera y del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía. La zona, los últimos 16 kilómetros, está declarada como reserva pesquera desde 2004 por la Consejería de Agricultura y Pesca. En esta área, rica en nutrientes, es donde los alevines de varias especies engordan antes de salir a mar abierto. De ahí la importancia científica de la zona. Cuando crecen, muchos de esos peces se capturan en el Golfo de Cádiz, de ahí también su importancia comercial. Pero las redes que emplean los furtivos, con una luz de malla muy pequeña, dañan este caladero al atrapar a los alevines.

Furtivos impunes

Varias decenas de pequeños barcos anguleros siguen fondeados en el último tramo del Guadalquivir. Se trata, según las administraciones, de "artefactos flotantes" que no tienen documentación. Por ello, los gobiernos central y autonómico llevan meses enredados sobre qué administración es la que debe retirar esos barcos. Las embarcaciones son las que emplean los furtivos para seguir pescando angula, una especie que está en peligro de extinción y cuya captura está prohibida durante diez años.

El Seprona y la Consejería de Agricultura y Pesca han realizado ya varias operaciones y han retirado las artes empleadas por los furtivos. Sin embargo, los barcos siguen en el río.

Continúan allí pese a que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 4 de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) ordenó en junio de 2010 que se desmantelaran las embarcaciones. La medida la dictó el juzgado de forma cautelar para impedir que los furtivos pescaran.

El Seprona sostiene que no tiene ni el material ni la formación para inutilizar los barcos. La Capitanía Marítima dice que su ubicación no "supone peligro alguno para la navegación" por lo que no debe retirarlos. La Autoridad Portuaria de Sevilla también niega que sea su competencia. Por último, la Consejería de Agricultura y Pesca afirma que, al no tener folio, no se les puede considerar embarcaciones y no puede retirarlos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 17 de junio de 2011.

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