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COLUMNA

Conducir

Hace poco un amigo de Bilbao me confesó su estupor tras visitar a su madre y que esta se mostrara preocupada por el bajo rendimiento del Ferrari de Fernando Alonso. "¿Tú no crees que quizá sus ingenieros tendrían que mejorar las prestaciones aerodinámicas?", le preguntó. Cuando uno escucha algo así se da cuenta de que lo importante para la gente es siempre aquello que los medios consideran que es importante. Y esa importancia suele venir dictada por la inversión económica en derechos de retransmisión o la potencia de los patrocinadores publicitarios. Pero hay otras personas al volante a las que podríamos mirar, pese a que compiten en una carrera bien distinta.

Manal Al-Sharif es una mujer saudí que ha liderado una campaña a favor del derecho de las mujeres a poder conducir. En Arabia Saudí las mujeres tienen prohibido conducir vehículos a motor y ella colgó recientemente un vídeo en las redes sociales donde se la veía conduciendo por la ciudad. Fue detenida por la policía religiosa, pero gracias a su iniciativa otras mujeres están haciendo desafíos similares en un movimiento de protesta motorizado y retransmitido por las páginas web, pese a las prohibiciones y persecución de las imágenes por parte de los censores de la autoridad. La campaña hace un llamamiento para que las mujeres puedan conducir a partir del día 17 de junio.

No hace tanto tiempo la expresión "mujer tenías que ser" destacaba en cualquier discusión de tráfico que tuviera una implicada femenina en nuestro país. En nuestra infancia, las madres conductoras eran una minoría heroica. En países donde aún hoy tienen limitado su acceso al transporte público, la dependencia de la mujer para desplazarse físicamente es una muestra palpable de intransigencia religiosa.

Tras las revueltas en los países árabes, la atención de los medios ha decaído para posarse exclusivamente en los excesos policiales o en la abierta lucha armada. Pero en el silencio mediático, muchas voces ya claman porque las mujeres, que fueron una voz primordial en la caída de los regímenes autoritarios, ahora son reprimidas y apartadas de la primera línea de las reformas. Esa carrera por los derechos fundamentales quizá no es de fórmula 1 sino que va a velocidad de tortuga. Demasiado lenta para merecer nuestra atención.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de junio de 2011