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Reportaje:

¿'Decadència'?, quizá menos

Un estudio matiza el ocaso de las letras catalanas en la Barcelona de 1700

Pues hubo una época en que en Barcelona, por sus esquinas, se colgaban las poesías de los concursos; en que una buena parte de los documentos notariales se redactaban en catalán, y en que la riqueza de esa lengua, tanto escrita como hablada, era tal que ni hoy, desgraciadamente, se conoce el significado de expresiones entonces tan comunes como "bossa de tres parròquies", cuál era el "color de Montserrat" o la calidad -y de ahí el elogio o la retranca- de un "vi de tres nits". Todo ello confluía en la Barcelona de 1700, en plena época de la llamada Decadència, dos siglos, del XVI al XVIII, de supuesta oscuridad y que, desde las excavaciones del Born, el arquitecto y estudioso Albert García Espuche se ha empeñado en iluminar con un equipo de expertos y la colección de libros La ciutat del Born. Barcelona 1700. Con Llengua i literatura, sexto título, ahora aparecido de la serie (coeditada por el Consistorio, editorial Barcino y la Fundación Lluís Carulla), se aborda el núcleo duro del mito de esa Decadència. Y como con el resto de los ámbitos analizados, el volumen destroza más de un tópico, constatando una vitalidad oral y escrita de la lengua que deja entrever un mayor dinamismo cultural y socioeconómico de lo que se ha creído hasta hoy.

"Al hacer la historia de las letras catalanas se salta de la gran literatura medieval al siglo XIX y en medio se deja un agujero de casi tres siglos donde lo producido se califica de escaso, nada interesante, reiterativo en lo temático y altamente castellanizado", se lamenta el filólogo Joan Santanach, autor de uno de los seis artículos que componen el volumen. Este prejuicio proviene del Romanticismo, "que abominó del Barroco y que en Cataluña se recrudeció ante el bajón numérico de grandes nombres y la simplificación temática de que todo era de corte humorístico y hasta obsceno, de que todo vallfogoneaba", dice aludiendo al éxito de Francesc Vicent Garcia, conocido como "el rector de Vallfogona".

Santanach, para desmontar una tesis que defendieron y repitieron estudiosos como Manuel Milà i Fontanals, Lluís Nicolau d'Olwer y hasta el dúo Antoni Comas y Martín de Riquer, cita a Francesc Fontanella y Josep Romeguera como autores catalanes muy notables de la época, si bien admite que eran el italiano y el castellano las lenguas entonces de prestigio. Es el auge de lo que se acabaría bautizando como el Siglo de Oro español, con autores del calado de Quevedo, Calderón de la Barca y Lope de Vega. El filólogo recuerda que muchos poetas ya en el XVI, como Pere Serafí y Pere de Torroella, eran bilingües, y que incluso algunos, como Juan Boscán, acabarán pasándose a escribir en castellano. "Hay autores que gongoranizan y gracianizan porque intentan prestigiar la lengua catalana inspirándose en la castellana y la italiana; Fontanella mismo está muy influido por Góngora, y su teatro, por el del italiano Guarini", pero "lo hacen deliberadamente, no practican el seguidismo o la copia", argumenta Santanach.

La tesis del libro es que la Barcelona del XVII funciona esencialmente en catalán, que su supervivencia no estaba en entredicho y que no es una sociedad estancada. "La literatura de consumo -la de los pasquines, devocionarios, cánticos- es en catalán, y si es cierto que buena parte de la aún notable producción de las imprentas barcelonesas se edita en castellano es porque en gran medida va a la exportación", apunta el director de la serie. La presencia del catalán en la literatura notarial de la época, estudiada por García Espuche, es "significativa, junto con el castellano y el latín, y eso no se romperá hasta bastante después de la derrota de 1714", constata quien ha hecho una extensa lista de locuciones y palabras de entonces hoy desconocidas.

Esas tres lenguas son también las representadas en las bibliotecas de la gente, "muchas más de las que nos creemos", constata García Espuche, que rompe una lanza a favor de una sociedad que contaba en Barcelona en pleno siglo XVII con 17 escuelas de "mestres de minyons" que enseñaban a escribir y hacer cuentas, y con librerías donde se vendían volúmenes en blanco para que la gente escribiera diarios, lo que explicaría su proliferación. "El problema es que fueron momentos políticos nefastos para Cataluña y que eso ha acabado salpicando nuestra percepción de los demás ámbitos de esa sociedad", expone el director de la serie, que tendrá seis títulos más, entre ellos los dedicados a la indumentaria, los interiores domésticos y las mujeres. Para seguir matizando esa Decadència.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de junio de 2011